El Periódico

Promo BCN Ahir cabecera

DIRECTO Sigue el pleno del Parlament

Iosu de la Torre

Subdirector

El quiosquero de mi barrio

@IosudelaTorre

Miércoles, 9 de noviembre del 2011

Pocas cosas hay más desoladoras que un quiosco cerrado a perpetuidad. Es lo que sucede en Barcelona desde que el negocio de la edición emprendió un rumbo sin brújula. La Gran Via tiene actualmente más quioscos cerrados que abiertos.

Hay domingos en que echan la persiana hasta el lunes. El quiosquero aún es un referente de lo cotidiano. Sigue madrugando para encender el día con las principales cabeceras de aquí y de allá. Anima al jubilado que llega tarde con su cupón. Saluda a la madre que lleva a los niños al cole. Vigila que no te multen si aparcas un momento en doble fila. Es el que realmente sabe qué pulso registra el barrio día a día. Un quiosquero es casi como esas peluqueras a las que se les atribuye el efecto placebo de un psicoanalista.

Las imágenes de la infancia conservan esas paradas de periódicos, tebeos, novelas, postales, chicles y caramelos que alegraban la calle. Tabaco (siempre de contrabando si estaba en la barceloneta). Viajar a Barcelona y pisar las Ramblas eran un ritual. Entre los olores de la memoria permanecen el de los diarios recién editados, los del Pulgarcito, el Mortadelo y el Capitán Trueno, los de las revistas Destino, Triunfo o Sábado Gráfico.

En el cruce de las calles de la Diputació y Casanova responde José Antonio Zacarías. Quiosquero de familia de quiosqueros, 28 años anclado en este punto estratégico del GayEixample, Zacarías podría relatarnos la historia del barrio en fascículos. Él sí recuerda la época en que el Ayuntamiento ordenó desplazar los quioscos de prensa de los chaflanes ideados por Ildefons Cerdà. Al parecer esos trozos de acera se reservaron en exclusiva para los casetas de la Once y las cabinas de Telefónica. Desde que me lo explicó comprendo la aparatosidad urbanística de algunos puestos arrojados en mitad de una acera. Lo que Zacarías desconocía es que en el restaurante chino que tiene por vecino, una noche de 1992, estuvo cenando Carl Lewis y los atletas del Santa Monica Club. Pagó el festín EL PERIÓDICO. El campeón olímpico fue nuestro fichaje estrella para unos Juegos Olímpicos inolvidables.

Zacarías tiene su propia teoría sobre el futuro de la prensa y de los quioscos. Escucharlo dan ganas de llorar, casi como cuando pontifica Juan Luis Cebrián. Ojalá se equivoquen (Cebrián y Zacarias).

Escribe tu comentario

(máximo 500 caracteres)

Inicia sesión para enviar un comentario