Rosa Massagué
Periodista
Existe la opinión generalizada de que el voto de los estadounidenses es un voto altamente ideologizado. Lo que hay en EEUU es una sociedad muy conservadora, pero las encuestas realizadas en esta campaña indican que los votantes por amplísima mayoría (el 80%) ponen por delante algo tan palpable en las actuales circunstancias de crisis y tan estrechamente vinculado al bolsillo como es la economía.
Información publicada en la página 2 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 29 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Les preocupa básicamente el empleo. Desde luego, a los que no lo tienen, pero también a los que teniéndolo, temen perderlo como también les preocupa el valor de sus viviendas. Los indicadores económicos coinciden en apuntar a una recuperación, todavía débil. El problema está en que estas señales, por su fragilidad y corto alcance, todavía no son percibidas como el principio de la remontada.
Cuando llegó a la Casa Blanca, Barack Obama se encontró con «un sistema que se había venido abajo», como señalan Rafael Barberá y Miguel Ángel Benedicto en su libro Estados Unidos 3.0. La industria del automóvil, las compañías de seguros, el sistema financiero o el mercado hipotecario, todo se había derrumbado. Obama tenía que remontar la mísera herencia dejada por la Administración de Bush que había malgastado en las aventuras bélicas y posbélicas de Afganistán e Irak el superávit dejado por Bill Clinton. Y lo hizo con un plan de estímulo económico de 787.000 millones de dólares (607.900 millones de euros) que permitió al país evitar mayores catástrofes económicas, salir de la recesión y empezar a crear empleo.
Esta ley de estímulo aprobada en febrero del 2009 y la reforma del sistema sanitario son los dos mayores logros, poco reconocidos, de la actual Administración.
Pero si los efectos del plan de estímulo son lentos, con poco impacto en la campaña ya que sus resultados totales no son a corto plazo, hay otra medida económica tomada por Obama de impacto casi inmediato. Es el rescate de la industria del automóvil. Mitt Romney y todo el Partido Republicano han denostado al presidente por la medida. Para el liberalismo a ultranza que defienden es anatema el uso de dinero público para estos menesteres, es decir, que el rescate sea a costa del contribuyente olvidando que EEUU salió de la Gran Depresión, la de 1929, gracias precisamente a las inyecciones de dinero público para crear empleo, público y privado, porque si algo está claro en la actual crisis es que no se sale de ella a base solo de austeridad y de la ausencia del Estado.
Este rescate de la industria del automóvil es el que puede acabar dándole la victoria a Obama. Estas elecciones se pueden dirimir en un estado, el de Ohio, una de las sedes de la industria del automóvil al que el aspirante demócrata ha dedicado mucho tiempo en esta campaña. Ahí los electores votarán con la mano en el bolsillo, no con ideología. Sin embargo, a última hora ha aparecido un factor que no es económico ni ideológico. Es natural y puede tener efectos devastadores, reales y políticos, y es el huracán Sandy.