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NUEVOS TIEMPOS EN WASHINGTON

Trump, la presidencia a golpes de 140 caracteres

Tras el uso aparentemente aleatorio de Twitter del presidente electo de EEUU late un esfuerzo consciente y por ahora exitoso de controlar agenda y mensaje

"Cuando tuitea logra resultados", ha dicho su jefe de comunicaciones, que anuncia que seguirá haciéndolo en el Despacho Oval

Trump, la presidencia a golpes de 140 caracteres

Montaje con dos de los tuits de Donald Trump en los que se mofa de las audiencias televisivas de Arnold Schwazenegger.  

Lunes, 9 de enero del 2017 - 17:11 CET

Franklin Delano Roosevelt no fue el primer presidente de Estados Unidos en dirigirse a los ciudadanos por la radio (fue Warren Harding), pero sí quien primero comprendió el potencial del medio y, con una serie de 30 discursos conocidos como “charlas de chimenea”, se saltó los filtros que representaban los periódicos y presentó directamente su agenda a la ciudadanía, transmitiendo cercanía y logrando respaldo a sus propuestas. Harry Truman aparece en los libros como el primer ocupante de la Casa Blanca que dio un discurso en televisión, pero fue John F. Kennedy quien primero entendió y verdaderamente aprovechó las bendiciones que el medio ofrecía, especialmente a alguien con su carisma. Hoy es Donald Trump quien entra en la historia. Porque Barack Obama fue el primer candidato y presidente que usó y aprovechó las redes sociales, pero su huella palidece al lado de la que ha dejado ya @realDonaldTrump, el primer presidente de Twitter.

El uso de la red social de un septuagenario que ni siquiera usa ordenador personal y sigue leyendo las noticias en papel es una de las claves necesarias para entender el éxito de su campaña y, también, su triunfo electoral. Y aunque ese uso pueda parecer aleatorio, inconsistente, a veces irreverente y hasta desquiciado, parece también movido por unos objetivos específicos así como por un método y una estrategia que hasta ahora indudablemente le han dado resultados y que, como se demostró en campaña, sería un error menospreciar.

Lo analizaba en 'Politico' Kevin Madden, un estratega republicano que fue asesor de Mitt Romney en el 2012. “Trump entiende una importante dinámica: en un mundo en que hay abundancia de información siempre hay escasez de atención y él tiene la capacidad de generar cuatro o cinco historias al día. Ante eso, ¿cómo pueden sus oponentes abrirse camino incluso en una de ellas? Siempre tiene el control”.

“EL HEMINGWAY DE TWITTER”

Antes de entrar en política Trump ya comprendió el poder de Twitter como una herramienta de autopromoción, una de las actividades favoritas de un empresario inmobiliario que ha hecho buena parte de su negocio vendiendo su nombre y que acumula también 14 años de experiencia en la televisión realidad. Es su forma favorita de comunicación, una en la que combina mensajes que escribe él personalmente con otros en los que sus ayudantes redactan reflexiones que él hace en voz alta. Está orgulloso de sus seguidores (19,2 millones y subiendo) y de su estilo, que The Washington Post ha definido como “incisivo, caústico y memorable”. Y presume de que la gente le llama “el Ernest Hemingway de Twitter”.

Aunque en su primera entrevista televisada tras el triunfo electoral Trump prometió que se iba a “contener mucho” en la red social, llegando a insinuar que podía incluso “dejar de usarla”, los dos meses transcurridos desde entonces han demostrado que aquella declaración no era verdad. Y quien será su jefe de comunicaciones y prensa en la Casa Blanca, Sean Spicer, ya ha avisado de que el 45° presidente piensa apoyarse más en las redes sociales que en la prensa tradicional. “Sabe exactamente adónde quiere llegar en un tema particular. Entiende el valor estratégico de ciertas acciones para lograr un objetivo. El hecho es que cuando tuitea, consigue resultados”, ha dicho Spicer. “Las cosas como siempre se han acabado”.

No se puede negar que Trump ya ha cambiado las cosas. Indudablemente es quien está marcando la agenda informativa, especialmente con sus tuits más madrugadores. Sin respeto por una transición que no se consuma hasta el día 20, ha conseguido crear una nebulosa sobre quién está a cargo del país. Se ha entrometido en asuntos de política exterior y nacional, con efectos contundentes como influir en que los republicanos en el Congreso retiraran una iniciativa para acabar con una oficina de ética. Ha provocado reacciones en los mercados con sus mensajes sobre empresas (ya hay hasta una aplicación que alerta cuando menciona una compañía que cotiza en bolsa). Y también aprovecha para ajustar cuentas, como este lunes con la actriz Meryl Streep, a la que ha tachado de "sobrevalorada" después de que ella le criticara en la gala de los Globos de Oro.

Los agoreros advierten de que corre el riesgo de devaluar el poder del púlpito que es la presidencia. La prensa, inmersa en un intenso debate sobre cómo enfrentar la nueva realidad, está en alerta ante la posibilidad de que su apuesta por la comunicación directa sea equivalente a menor acceso para los informadores a la Casa Blanca. Desde otras potencias como China llegan recordatorios como que “la diplomacia no es un juego de niños” y que “la obsesión con la diplomacia de Twitter no es deseable”. A todo Trump le hace oídos sordos. Y cobra mucho sentido el consejo que ha dado Newt Gingrich, que es asesor informal del presidente electo: “Relájense. Va a ser así ocho años”.

El nuevo @POTUS

Entre los traspasos que culminarán el 20 de enero está el de las cuentas oficiales que la Casa Blanca de Barack Obama creó en Twitter, que incluyen @POTUS (con 13,1 millones de seguidores), @whitehouse (13,2 millones), @flotus, @vp, @pressec, @WHLive, @vplive, @lacasablanca y @cabinet.

Trump y su equipo heredarán esas cuentas con sus actuales seguidores pero vacías de contenido y aunque todos los mensajes serán borrados de la red social están ya guardados en un archivo digital para cumplir con las leyes de registro de comunicaciones oficiales.

Obama, que seguirá teniendo la cuenta personal en la que ha acumulado 80,3 millones de seguidores, @BarackObama, dejará también a Trump una Casa Blanca digitalmente actualizada, para la que recientemente ordenó la compra de nuevos ordenadores y una mejora en la velocidad de internet.

El equipo de Trump no ha dado detalles de si el nuevo presidente seguirá usando @realDonaldTrump pero es una posibilidad que inquieta a los expertos en seguridad. Así como para @POTUS hay establecidos protocolos, incluyendo múltiples capas de contraseñas y una limitación en el número de aparatos que pueden colgar mensajes en la cuenta oficial, se desconoce qué protecciones tiene tanto el Android en el que Trump escribe personalmente los mensajes como el resto de aparatos desde los que sus ayudantes cuelgan también tuits en su nombre.

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