El Periódico

Un periodista palestino preso por Israel en riesgo de muerte tras 65 días en huelga de hambre

Mohamed al Qiq lleva 65 días en huelga de hambre en protesta por estar detenidos si cargos

La información clasificada sobre él afirma que está implicado en actividades de un grupo estudiantil vinculado a Hamás

Un periodista palestino preso por Israel en riesgo de muerte tras 65 días en huelga de hambre

EFE/ABED AL HASHLAMOUN

La mujer de Mohamed Al Qiq y sus hijos   

ANA ALBA / JERUSALÉN

Jueves, 28 de enero del 2016 - 10:28 CET

El periodista palestino Mohamed al Qiq está al borde de la muerte tras más de dos meses en huelga de hambre en protesta por su situación de detención administrativa, que permite a las autoridades israelíes mantener encarcelado indefinidamente a un detenido sin presentar cargos ni empezar un proceso judicial.


Al Qiq, nacido en Dura, en el sur de Cisjordania, hace 33 años, también quiere denunciar “la tortura y otros malos tratos a los que dice que ha sido sometido bajo custodia israelí y pedir su liberación de un arresto que cree que está motivado por su trabajo como periodista”, ha señalado la oenegé proderechos humanos Amnistía Internacional (AI).
Al Qiq “se encuentra en una situación muy crítica, tiene dificultades para hablar porque no puede mover la boca por una parálisis parcial y presenta síntomas que indican que se puede producir su muerte pronto”, ha contado a este diario su abogado, Ashraf Abu Sneineh.


El periodista entra hoy en el día 65 de su huelga de hambre y está ingresado en el hospital HaEmek de la ciudad de Afula, en el norte de Israel, bajo custodia policial. Antes, estaba encarcelado en la prisión de Megido-Salem.
Hace diez 10 días, la oenegé Médicos por los Derechos Humanos-Israel (MDHI) lo visitó en el hospital junto a la organización palestina Addameer de defensa de los presos y denunció que los médicos le “están forzando a recibir tratamiento y lo presionan para que acabe con su huelga de hambre”.

Atado a la cama

MDHI llamó a los médicos a detener el tratamiento forzoso y “respetar la ley internacional en materia de derechos humanos”, que señala que las personas en huelga de hambre no pueden ser forzadas a comer o a medicarse.
“Al Qiq estaba atado a la cama y sujetado a la fuerza por guardias de la cárcel, mientras un miembro del personal médico le ponía una inyección intravenosa”, explicó PHRI.

“Estuvo atado a la cama, conectado a un administrador de suero mientras pedía que se lo quitaran sin que le hicieran caso”, señaló MDHI. Poco después le retiraron el gota a gota. Pero según la oenegé israelí, “la actuación de los médicos siguió contradiciendo las declaraciones de la Asociación Médica Mundial (AMM) sobre personas en huelga de hambre”.

La semana pasada, 71 médicos británicos pidieron a la AMM que expulsara a uno de sus miembros, la Asociación Médica Israelí (AMI), “porque los doctores israelís practican tortura médica” a los palestinos, según explicó el presidente de la AMI, Zeev Feldman, que tachó la acusación de “mentira”.


Este martes, MDHI acusó al hospital HaEmek de “bloquear” una nueva visita a Al Qiq que un grupo de médicos voluntarios tenían que realizar hoy. La oenegé aseguró que coordinó la visita con el Servicio de Prisiones de Israel, pero el hospital alegó que no podía permitirla porque no disponía de un médico adecuado para acompañar al equipo visitante. MDHI argumentó que la presencia de este médico no es necesaria, pero sí lo es “el examen de un médico independiente”.

Ni el Servicio Israelí de Prisiones ni el Gobierno israelí han hecho ningún comentario sobre esta cuestión. En julio del año pasado, Israel aprobó una ley que permite la alimentación forzosa de presos en huelga de hambre si su vida corre peligro, hecho que contradice la ley internacional sobre esta cuestión.

Al Qiq fue arrestado el pasado 21 de noviembre y se encuentra bajo detención administrativa desde el 24 de noviembre. Al día siguiente anunció que iniciaba una huelga de hambre.
En Cisjordania, territorio palestino ocupado por Israel desde 1967, Israel aplica la ley militar y los tribunales israelís que juzgan a los palestinos son militares. A los colonos judíos que viven en Cisjordania, en cambio, los juzgan tribunales civiles en territorio israelí

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El período de detención administrativa impuesto a Al Qiq es de seis meses, pero puede renovarse indefinidamente. En este tipo de encarcelamiento que suele establecerse "por motivos de seguridad", todo el procedimiento es secreto, a los detenidos y sus abogados no se les explica el motivo del arresto, con lo cual no pueden defenderse.
La ley internacional contempla la detención administrativa en casos excepcionales para evitar un gran peligro que no pueda prevenirse de otro modo. La oenegé israelí B'Tselem considera que el uso que hace Israel de este tipo de arresto “viola estas normas de forma flagrante”.

El Tribunal Superior de Justicia de Israel suspendió ayer sus deliberaciones sobre la petición de Al Qiq contra su detención administrativa y retomará el tema una vez haya recibido un informe actualizado del estado de salud del preso.
De momento, la detención administrativa de Al Qiq continúa. Los jueces dictaminaron el miércoles, después de estudiar el material clasificado que les facilitaron los servicios de seguridad, que el Estado tiene motivos para sospechar que está implicado en actividades de Alkutleh al Islamiya, un grupo de estudiantes de la Universidad de Bir Zeit (Cisjordania) vinculado a Hamás y que mantiene conexiones militares con miembros de grupos armados en Gaza.

“La detención administrativa (de Al Qiq) tendría que acabar el próximo 16 de junio. No se ha presentado ningún cargo contra él”, confirmó el abogado del preso. La directora del programa de AI en Israel, Molly Malekar, afirmó que Israel debería de “presentar cargos contra Al Qiq y juzgarlo o liberarlo”. AI pidió que se investiguen las denuncias por torturas que presentó el abogado de Al Qiq, interrogado por los servicios secretos israelíes internos, Shin Bet, durante dos semanas, según relató él mismo.

La asociación Addameer aseguró que los interrogadores “colocaron (a Al Qiq) en una posición conocida como la banana -con la espalda sobre una silla y atado de pies y manos por debajo-”. Estuvo “en una posición forzada durante 15 horas en las que sufrió violencia sexual” y lo amenazaron con que “no vería a su familia durante mucho tiempo a menos que confesara los delitos de los que se le acusa". H

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