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OPINIÓN

Palestina en la ONU: la hora de la política

Hay como mínimo seis razones para que los países europeos voten a favor de la admisión como Estado observador

Jueves, 24 de enero del 2013 - 14:27h. Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Montserrat Radigales Periodista

Si no se produce ningún imprevisto de última hora, la Asamblea General de la ONU se pronunciará mañana jueves sobre si reconoce a Palestina como Estado observador no miembro, el mismo estatus del que goza el Vaticano en la organización internacional. La votación tiene lugar en una fecha simbólica. El mismo día de hace exactamente 65 años, el 29 de noviembre de 1947, la ONU votó poner fin al mandato británico y decidió la partición de Palestina en un Estado judío y otro Estado árabe.

El presidente de Palestina, Mahmoud Abbás, da la carta de petición de entrada en la ONU al secretario general de la organización, Ban Ki-moon, el 23 de septiembre del 2011. AP

Aquella resolución, la 181, fue aceptada por los dirigentes judíos y sirvió de base, cinco meses y medio después, para la proclamación del Estado de Israel. Los mandatarios árabes la rechazaron y optaron por la guerra. En este sentido, algunos pueden alegar que la petición que hace ahora el presidente palestino, Mahmud Abbás, a la Asamblea General llega 65 años tarde.

Sin embargo mucho ha llovido desde entonces y es absurdo pretender ahora que aquel rechazo de hace seis décadas y media -que el propio Abbás reconoció recientemente que fue un descomunal error y que los palestinos han pagado sobradamente- tenga que dictar los acontecimientos actuales.

Abbás cometió otro error, en el ámbito diplomático, hace poco más de un año, aunque ese puede considerarse pecata minuta en el largo historial de las pifias de campeonato que plagan el desgraciado conflicto de Oriente Próximo y al que ninguna parte es ajena. En septiembre del 2011, el presidente palestino optó por acudir al Consejo de Seguridad de la ONU para pedir el reconocimiento de Palestina como Estado miembro de pleno derecho. Su discurso en la Asamblea General, el 23 de septiembre del 2011, al término del cual entregó al secretario general, Ban Ki-moon, la petición formal, fue tildado de “histórico” y Abbás fue recibido como un héroe a su regreso a Ramala. Algunos sesudos analistas, llevados por su fervor por la causa palestina pero demostrando un notable desconocimiento de los mecanismos de las Naciones Unidas, llegaron a afirmar que iba a votarse aquel mismo día.

Abbás, sin embargo, había vendido la piel del oso antes de cazarlo. Cometió un error de cálculo. Sabía que la iniciativa no podía prosperar porque en última instancia toparía con el veto de Washington, pero quería sacarle los colores a EEUU y obligar a la Administración de Obama a retratarse con el veto. La realidad es que ni siquiera hizo falta, porque la demanda no contaba con el necesario apoyo de al menos 9 de los 15 miembros del Consejo de Seguridad. Ante la evidencia, los dirigentes palestinos ni siquiera pidieron al organismo que votara y de esta cuestión nunca más se supo. La “jornada histórica” quedó en eso, en un discurso.


Pasemos página. Ahora Abbás ha optado por hacer finalmente lo que tenía que haber hecho hace un año y que algunos países europeos le aconsejaron que hiciera. Esta vez, el dirigente palestino tiene asegurado que, pese a la oposición de Israel y EEUU, la propuesta prosperará porque una amplia mayoría de los países miembros de la ONU está a favor y porque en la Asamblea General nadie tiene derecho de veto.

Voto de calidad

Pero, procedimientos aparte, prosperará por sus propios méritos. El principal objetivo de Abbás en los últimos días, a sabiendas de que EEUU y otros países votarán en contra, ha sido obtener el voto favorable de la mayoría de países de la Unión Europea que, como siempre en decisiones importantes de política exterior, ha sido incapaz de consensuar una posición común. Es importante que la admisión de Palestina como Estado observador no miembro no sea solo el producto de la denominada “mayoría automática” de Rusia, China, países árabes, no alineados y del hemisferio sur, sino que cuente también con un considerable y significativo respaldo occidental, el llamado “voto de calidad”.

Estas son, muy sintéticamente, seis razones por las que los países europeos deberían votar a favor:

1) Abbás se lo ha ganado. Pese a haber cometido errores, ningún otro líder palestino ha ido tan lejos en su pragmatismo y su moderación. Ha condenado una y otra vez la violencia y hace apenas unas semanas, en una nueva muestra de realismo, renunció públicamente durante una entrevista al derecho al retorno de los refugiados palestinos a lo que hoy es Israel. “Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este son Palestina. Todo lo demás, es Israel”, dijo, después de haber dejado claro que le gustaría visitar su Safed natal (hoy ciudad israelí) “como turista”.

2) No mandar el mensaje equivocado. El movimiento islamista Hamás, con razón o sin ella, se vanagloria de haber salido “triunfante” de la reciente conflagración en Gaza. Hay que demostrarle a la calle palestina que el camino de la diplomacia y la vía pacífica sirve de algo. Hay que evitar transmitir, con el voto negativo o incluso la abstención, el mensaje de que la única esperanza para los palestinos es la “lucha armada”. Con las armas silenciadas, es la hora de la política.

3) No hundir a la Autoridad Nacional Palestina (ANP). A pesar de que la esperanza que nació en Oslo en 1993 se ha visto truncada por la fuerza de los hechos, hay que salvar los instrumentos e intentar reconducir la situación. Muchos consideran ya irrelevante a la ANP. Hay que darle un triunfo diplomático.

4) Corregir un poco el desequilibrio. En cualquier negociación directa entre Israel y los dirigentes palestinos, uno de los problemas ha sido el enorme desequilibrio entre las partes, fruto de la realidad existente sobre el terreno.Cualquier estudioso de las técnicas de mediación y resolución de conflictos sabe que un gran desequilibrio no es el marco propicio para el éxito de la negociación.

5) Romper el impasse. Hace demasiado que el denominado “proceso de paz” se encuentra moribundo. Aunque es cierto que el reconocimiento de Palestina como Estado no miembro de la ONU cambia poco la realidad, romper el statu quo puede producir la sacudida necesaria para precipitar una nueva dinámica, si no inmediata, si a corto o medio plazo. Hay que salvar la llamada “solución de los dos estados” --el Estado palestino conviviendo en paz y seguridad junto a Israel- antes de que sea demasiado tarde y se convierta en irrealizable, como algunos temen que ya ha sucedido.

6) Netanyahu también se lo ha ganado a pulso. El primer ministro israelí, que tiene todos los números para ser reelegido en los comicios del 22 de enero, se pronunció en el 2009, a principios de su segundo mandato, a favor de la solución de los dos estados. Pero su trayectoria y su actuación, especialmente la continua expansión de los asentamientos, han demostrado de sobras su falta de sinceridad. No se trata de castigar a nadie, pero sí de escenificar una realidad internacional en la que quede claro que el statu quo no es aceptable.

Es cierto que, en las circunstancias actuales, la consideración de Palestina como Estado, aunque sea solo observador y no miembro, plantea cuestiones jurídicas discutibles. También es cierto que el voto en la ONU no significará que mañana mismo los palestinos tengan un Estado de verdad. Este solo podrá materializarse como fruto de un acuerdo negociado. El voto en la ONU debería venir acompañado inmediatamente después de una nueva iniciativa diplomática que lleve a retomar la senda de la negociación.

Incluso en Israel han salido algunas voces destacadas en favor de la iniciativa de Abbás -recientemente, un diplomático israelí ya retirado que participó en la negociación de los acuerdos de Oslo y un exdirector del Shin Bet (el servicio de espionaje interno israelí) han escrito artículos en ete sentido. Ojalá que, después de la previsible pataleta inicial del Gobierno israelí -que ya se ha resignado a que mañana cosechará en la sede de la ONU una derrota diplomática contundente-, las aguas vuelvan a su cauce y se dé un nuevo impulso a la vía de la negociación. Por el bien de los palestinos, y por el bien de Israel.

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