El Periódico

ENTREVISTA

Edward Hugh: «A cambio de bajarnos el sueldo, Europa debe perdonarnos deuda»

Estudió Economía en la London School of Economics a finales de los años 60 y a continuación hizo un máster en Filosofía de la Ciencia y cursó estudios de doctorado en la University of Manchester. Durante más de una década se dedicó a la docencia en varias instituciones británicas. En 1990 dio un giro radical a su vida y se trasladó a Catalunya, donde reside, dedicándose a investigar sobre economía. También ha vivido de dar clases de inglés en pueblos del norte de Catalunya. Dirige varios blogs de análisis macroeconómico de prestigio internacional. Actualmente ofrece conferencias y seminarios por toda Europa y forma parte del panel de analistas asociados al reputado economista Nouriel Roubini. El economista que vio llegar la crisis del euro antes que nadie reclama ahora un pacto nacional que reparta los sacrificios y comprometa a todos a no sacar provecho del esfuerzo de la gente.

POR JUAN FERNÁNDEZ

Domingo, 16 de marzo del 2014

Edward Hugh, en una foto reveladora tomada en el Turó Park, en Barcelona, el pasado martes.

El profeta del cataclismo de la zona euro» -así lo presenta The New York Times- ve nubarrones en el horizonte que se divisa tras cruzar el cabo de Hornos que anunció Rajoy. En su último libro, ¿Adiós a la crisis? (Deusto), pronostica largos años de estancamiento, desempleo y marginación social si no se toman medidas, muchas de las cuales suenan impopulares. Otros hablan de oídas, pero él conoce el terreno: lleva 25 años viviendo en Catalunya, aunque piensa con mentalidad europea.

-En el debate del Estado de la Nación, Rajoy anunció el final de la crisis. ¿Está de acuerdo?

-No, detecto en el Gobierno un triunfalismo que no se corresponde con la realidad. Puede que hayamos cruzado ese cabo del que habla Rajoy, pero la tripulación está tan dañada que hablar del final de la crisis es irreal. No tomo partido por ningún grupo político, pero me pareció más acertado Rubalcaba cuando le contestó: «¿Pero usted en qué país vive?».

-¿Cómo ve este país?

-Nuestro principal problema es que no reconozcamos la realidad. Nos pasó en los años de la burbuja, nos volvió a ocurrir cuando estalló la crisis y presumíamos de tener los mejores bancos del mundo, y temo que nos vuelva a pasar ahora. Hoy hay cifras macroeconómicas positivas, pero la deuda que acumuló el país en los tiempos del ladrillo sigue sin pagarse y el 25% de la población está fuera del mercado laboral, condenado a la exclusión social. Hablar de salida de la crisis en estas condiciones es un disparate.

-¿Niega que haya un cambio de tendencia?

-Niego que haya una recuperación firme. Puede que la caída se haya detenido, pero nos encaminamos hacia un largo período de débil crecimiento, grave deflación y escasa creación de empleo. Vamos tras los pasos de Japón y su década perdida. Con lo que se ha hecho hasta ahora es insuficiente para salir de la crisis.

-¿Qué queda por hacer?

-España necesita un pacto en el que participen todas las instituciones políticas, económicas, financieras y laborales del país, desde los partidos a los sindicatos y los empresarios. Un pacto en el que todos se comprometan a evitar la picaresca de aprovecharse del esfuerzo que se va a pedir a los demás.

-¿Picaresca?

-Sí. El mayor peligro que veo ahora mismo en España es que algunos intenten beneficiarse del sacrificio que va a hacer el resto. Estoy hablando de un acuerdo similar al de los Pactos de la Moncloa. Allí se sentaron en la misma mesa personas que tenían antepasados muertos a manos de los que estaban enfrente, pero hablaron y llegaron a acuerdos. Aquí hay que hacer algo parecido, asumiendo que los esfuerzos de unos han de compensarse con el ajuste de otros y teniendo muy presente que las decisiones que se tomen ahora van a decidir el destino del país en las próximas décadas.

-Habla de sacrificios. ¿Le parecen pocos los que lleva soportados la población?

-El FMI acaba de proponer una devaluación interna del país que incluye una reducción de salarios del 10%. Sé que esto es muy impopular y que la gente ya lleva muchos recortes a sus espaldas, pero esta vez es diferente. Ahora no se plantea para mejorar la productividad del país, sino como una medida solidaria, para evitar la exclusión social a la que, en caso contrario, se va a condenar al 25% de la población. Hablo de bajadas de salarios, pero también de precios.

-Ya puede imaginar la respuesta de la gente cuando se le proponga algo así.

-Depende de cómo se explique y del consenso que genere. ¿Cuál es la alternativa? ¿Le decimos a una cuarta parte de la población que jamás va a encontrar trabajo y que va a depender de los subsidios toda su vida? ¿Seguimos subiendo los impuestos para pagar esas ayudas? Sería incluso más rentable que el Estado pusiera a trabajar a esos parados en las empresas y les pagara el sueldo antes que tenerlos en casa. Si se une a una bajada de precios, la reducción de salarios no sería tan dolorosa, ya que todo costaría menos.

-Bajada de precios significa deflación, temida por los economistas porque dificulta el pago de la deuda.

-Aquí entra la segunda parte del plan: hay que implicar en este esfuerzo a los países a los que les debemos ese dinero, la mayoría de la zona euro, y muy especialmente Alemania. Deben entender que esa deuda ha de reestructurarse y que buena parte de ella no se va a poder pagar. Si no, es imposible.

-Temo que esta propuesta tampoco les haga mucha gracia a Merkel y los suyos.

-Los países del norte deben comprometerse porque se han beneficiado del modelo que se siguió para implantar el euro, culpable en gran parte de la gravedad de la crisis española. Sin el euro, el dinero que infló la burbuja del ladrillo no habría existido. La carga de la recesión no se está distribuyendo de manera equitativa en Europa y eso debe corregirse, el esfuerzo ha de ser compartido. A cambio de que nos bajemos el sueldo, Europa debe perdonarnos parte de la deuda.

-Si no se toman estas medidas, usted pronostica que seguiremos los pasos de Japón. Pero competir en sueldos bajos ¿no nos acerca más a China?

-Yo no pienso en China, sino en la industria que se fue desde España hacia Europa del Este. Es ahí donde hemos de mirar. Debemos recuperar ese sector industrial que perdimos entonces. Ahora, lo que estamos perdiendo es a los jóvenes, que se van a la emigración, con el peligro que esto conlleva.

-Hay voces que los animan a marchar.

-Eso hay que detenerlo ya. Si esa fuga continúa, estamos preparando el colapso del sistema de pensiones de la próxima década. El año pasado, 56.000 españoles se dieron de alta en la Seguridad Social británica. Muchos volverán. ¿Cómo esperan que se pague las pensiones de los españoles que hoy tienen 40 o 50 años?

-La gente se queja del agravio comparativo con Alemania. Ellos han subido su nivel de vida durante la crisis. A nosotros se nos pide que nos devaluemos.

-Pero es que ellos no tienen el problema de paro que hay aquí. Alemania dispone de una industria de la que carece España, y cuenta con un margen de exportaciones que aquí no tenemos. La idea no es bajar los salarios para siempre, sino puntualmente, para incorporar más personas al mercado laboral, producir más y mejor, y con ese margen empezar a generar riqueza que a medio plazo permita subir el nivel de vida. Pero, sobre todo, sin dejar a nadie en la exclusión social.

-¿Esa es una salida liberal o progresista de la crisis?

-No me gusta usar esa terminología, porque es política, no económica. Yo solo pongo sobre la mesa propuestas. Que otros ofrezcan las suyas. En una situación tan grave como esta, lo que no podemos hacer es cruzarnos los brazos y esperar. Tampoco sirve seguir con la medicina usada hasta ahora desde el Banco Central Europeo.

-¿A qué se refiere?

-En Bruselas y en Berlín aprecian mucho la austeridad y los recortes del sector público, que es lo que han impuesto para reactivar la economía. Pero ¿en qué nos beneficia que el PIB suba un 2% si tenemos a una cuarta parte de la población condenada a la exclusión social? El dinero solo está llegando a los parquets, que no han parado de subir, pero no a la economía real. Habría sido más eficaz soltar el dinero en helicópteros para que hubiera entrado en los bolsillos de la gente y de las pymes, no en las bolsas.

-¿Dinero en helicópteros?

-Hay formas de hacerlo. Europa necesita la creación urgente de un fondo de inversiones para infraestructuras dirigidas a crear puestos de trabajo concretos, y que el Banco Central compre bonos de esa entidad. Sé que esto también suena extravagante, pero lo que se ha hecho hasta ahora tampoco es muy ortodoxo, y se hizo.

-Tiene fama de profeta. ¿Una Catalunya independiente es económicamente viable?

-Todo depende de las circunstancias. Hace poco se planteó la salida de España del euro. No sé si eso habría sido bueno o malo para España, pero solo podría haberse hecho de manera pactada. Como los socios europeos no iban a aceptarlo, se descartó. Con Catalunya y España ocurre lo mismo: la separación solo es viable si se pacta. Si se hace a lo bestia, sin negociarlo, sería un desastre para ambas partes. El problema es cómo romper los vínculos tan fuertes que hay.

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