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Ramones, lo que queda 40 años después

Se cumplen cuatro décadas del primer disco y dos de la disolución de la influyente banda de Queens

El único superviviente, Marky, publica la autobiografía 'Punk Rock Blitzkrieg. Mi vida en los Ramones'

Ramones, lo que queda 40 años después

EVELING STANDARD

De izquierda a derecha, Johnny Ramone, Tommy Ramone, Joey Ramone y Dee Dee Ramone.

Miércoles, 9 de marzo del 2016 - 20:41 CET

En febrero de 1976, cuatro jóvenes del neoyorquino barrio de Queens entraron a grabar su primer disco, 'Ramones', una colección irrepetible de himnos sin fecha de caducidad como 'Blitzkrieg Bop', B'eat on the brat' y 'Judy is a punk'. Este debut, producido por Craig Leon en los estudios Sound Plaza y publicado un par de meses después por la discográfica Sire Records, es considerado uno de los mejores discos de punk-rock 40 años después. Los Ramones irrumpieron en el panorama musical con una suerte de rock’n’roll primitivo y rápido, muy rápido. Sus canciones, de dos minutos y tres acordes, eran tan básicas como adictivas. Las letras iban en sintonía con su juventud y, sobre todo, con su carácter rebelde. Así, en el mismo disco, eran capaces de gritar a los cuatro vientos su amor ('I wanna be your boyfriend'), para dos temas después lanzar una oda a la cola de pegar ('Now I wanna sniff some glue'), explicar su miedo a bajar al sótano ('I don’t wanna go down to the basement') y compartir su desengaño ('I don’t wanna walk around with you')

En estas primeras 14 canciones ultramelódicas dejaban patente su predilección por el rock de la década de los 50, la música surf y grupos femeninos de principios de los 60 como las Ronettes. Su manera de encajar todas estas influencias, con una urgencia y energía nunca antes vistas, les sirvió para ser considerados, a finales de los 70, los creadores de un nuevo género musical: el punk-rock. Y es que el minimalismo revolucionario de los Ramones inspiró a muchas bandas, también al otro lado del charco. Sex Pistols y The Clash, a la cabeza.

Como los primeros Beatles, los Ramones tenían una imagen muy definida y muy acorde con la sencillez de sus temas: llevaban pelo largo, tejanos azules, camiseta y chupa de cuero (incluso en verano). A diferencia de la banda de Liverpool, los de Queens se mantuvieron fieles a su icónico estilismo durante toda su carrera. Basta con repasar las portadas de algunos de sus 14 trabajos de estudio. Así, en su debut la banda aparece con su uniforme habitual de pie contra una pared de ladrillo, mirando a la cámara con mucha chulería, y este concepto se repite en mayor o menor medida en los siguientes 'Leave Home' (enero del 1977) y 'Rocket to Russia' (noviembre del 1977). Cualquier variación, como las caricaturas de 'Road to Ruin' (1978) o los retratos con camiseta pero sin chupa de 'End of the century' (1980), vino precedida por largas discusiones entre la banda y la discográfica.

Los miembros originales eran Joey Ramone (Jeffrey Hyman), Johnny Ramone (John Cummings), Dee Dee Ramone (Douglas Coulvin) y Tommy Ramone (Tom Erdelyi), quien dejaría su lugar detrás de la batería a Marc Bell (Marky Ramone). “Tomaron el mismo apellido artístico en homenaje al seudónimo que Paul McCartney utilizaba cuando los Beatles aún eran los Silver Beatles: Paul Ramon”, explica Marky en su biografía, 'Punk Rock Blitzkrieg. Mi vida en los Ramones', publicada recientemente por Libros Cúpula. El libro repasa la historia de esta influyente banda, desde sus primeros y caóticos pasos en pequeños garitos de la Gran Manzana como el Max’s y el CBGB hasta su ingreso en el Salón de la Fama del Rock en el 2002, a través de los recuerdos de Marky, segundo batería y único superviviente de la banda, quien ya era un respetado músico de la escena neoyorquina cuando ingresó en las filas de los Ramones.

Marc bell tocaba la batería con Dust, un prometedor trío precursor del heavy metal, y había formado parte de Wayne County and The Backstreet boys (nada que ver con la boy band de los 90), un grupo sin éxito comercial liderado por un carismático transexual bautizado posteriormente como Jayne County, con seguidores tan ilustres como Patti Smith, Lou Reed y David Bowie.

“Durante el invierno del 78, siempre que tropezaba con Dee Dee en el CBGB me decía que debería unirme a los Ramones. Me explicó que la banda tenía problemas con Tommy, su baterista, cosa que me fastidió un poco. No quería que la formación original de los Ramones se separara. Yo era fan”, recuerda Marky, quien al final entró en la banda propuesto por el propio Tommy, quien prefería centrarse en la producción musical.

CAMBIO DE BATERÍA

Superó la audición en cuanto clavó 'I don’t care', recuerda Marky, una pieza de apenas minuto y cuarenta segundos del tercer disco de la banda, 'Rocket to Russia'. Encajaron de maravilla en el local y la vida del batería cambió para siempre. Y sin tiempo para asimilar el cambio: en tres semanas entraban en un estudio de Manhattan para grabar el irónico 'Road to Ruin', con temas tan recordados como 'I just want to have something to do', Go mental y, sobre todo, I wanna be sedated.

El nuevo Ramone nunca se sintió un mercenario o un músico de estudio. Se dejó la piel desde el primer momento en ese cuarto trabajo para mejorar el sonido. Dejando al margen su adicción al alcohol, que le alejó de la banda durante una temporada, Marky era la figura más centrada en una familia disfuncional y feliz. Las tensiones entre los diferentes miembros eran continuas, pero en el fondo, muy en el fondo, se querían como hermanos. Por si quedaba alguna duda, en ese cuarto trabajo con Marky detrás de los parches firmaron un tema titulado 'We’re a happy family'.

OTRAS BIOGRAFÍAS

Hay más autobiografías. 'Punk Rock Blitzkrieg. Mi vida en los Ramones' ha sido la última autobiografía en aparecer en las librerías de medio mundo, pero antes vieron la luz los recuerdos impagables de Johnny en 'Commando' y los de Dee Dee en Lobotomy: surviving the Ramones. El primero fue publicado en el 2013 por la barcelonesa Malpaso Ediciones, mientras que la autobiografía del bajista todavía no se ha publicado en castellano.

Dee Dee era el más polifacético e imprevisible de toda la banda. Escribía, pintaba y, a finales de los 80, incluso se atrevió con el hip hop, para asombro de todos. Murió de una sobredosis en el 2002, el mismo año en que la banda era canonizada en el Salón de la Fama. Le sustituyó un jovencísimo Christopher Joseph Ward, rebautizado C.J. Ramone, conocido también como Little Ramone por ser el más joven, hasta la disolución de la banda en 1996.

El carismático Johnny, el sargento de hierro, murió dos años después de Dee Dee. Antes dejó lista para imprimir Commando, una completa y sincera autobiografía acompañada de numerosas fotografías inéditas. “Salía ahí sabiendo que éramos los mejores, que nadie se acercaba siquiera. El volumen era mi cómplice y jamás utilicé tapones para los oídos. Eso habría sido un engaño”, explica en su biografía Johnny, quien fue considerado por la revista 'Rolling Stone' el decimosexto mejor guitarrista de la historia.

Jonnny: "Nunca sentí que perdía la cabeza. Era solo mi manera de vivir. Yo era el matón del barrio"

Johnny, con sus hermanos postizos, presumía de haber creado el punk, el sonido de la rebeldía. “La verdad es que nunca sentí que perdía la cabeza: era solo mi manera de vivir. Yo era el matón del barrio”, cuenta el maestro de los tres acordes. Solo un cáncer de próstata, diagnosticado en 1997, fue capaz de domar a la bestia que llevaba dentro. “Me ha suavizado y prefiero el yo de antes. Ya no me quedan fuerzas ni para cabrearme, y eso te mina la moral”.

El desgarbado Joey, con casi dos metros de altura, es uno de los miembros más queridos por la parroquia ramoniana. Empezó como batería y cantante cuando la banda daba su primeros pasos en formato trío, pero rápidamente adoptó el rol de frontman. No era precisamente un líder. Para eso ya tenían a Johnny. La banda protegía al entrañable cantante, con más o menos paciencia, conociendo su trastorno obsesivo-compulsivo. Este trastorno le obligaba a repetir ciertas cosas, como abrir y cerrar una puerta varias veces. “Con Joey trataba de entenderme, de hablar con él, pero la cosa se fue estropeando. Y es que era un puto pelmazo, así que desistí”, recuerda en sus memorias Johnny, quien luego reconoció cierto sentimiento de culpa por haberlo tratado así. Joey, que tras la disolución de la banda inició una brevísima carrera en solitario, murió de un linfoma en el 2001.

Dos años después de la muerte del querido cantante, la cara más amable y simpática de la banda, la ciudad de Nueva York incluyó su nombre artístico en el callejero. La calle Joey Ramone Place está situada muy cerca de la mítica CBGB, donde los cuatro amigos de Queens dieron sus primeros conciertos y sacudieron el rock’n’roll para siempre.

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