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ruta EN ciutat vella

Las plazas con más historia

Piedras inmortales. Los nombres de las plazas del distrito de Ciutat Vella rinden homenaje a personajes destacados y veneran también a algunos santos. Todas ellas encierran retazos de la historia de la ciudad y anécdotas de un pasado más reciente y sirven para transmitir toda esa información de generación en generación.
LUIS BENAVIDES

Miércoles, 27 de marzo del 2013

PLAZA DE SANT AGUSTÍ VELL
Convento de frailes


El nombre de la plaza de Sant Agustí Vell recuerda el convento de frailes agustinos derrumbado en parte en 1718. Hoy es un importante centro neurálgico. «Aunque no tenga tanto renombre como otras, esta plaza es ideal porque está muy bien comunicada y con cinco salidas a calles principales», explica Francesc Ros, propietario de la tienda El Traster, de artículos artesanales. El negocio destaca por su perfecta integración en el entorno y, sobre todo, por su historia. «Hemos intentado mantener al máximo su estilo y encanto», aclara Ros, quien ha optado por conservar el suelo original y restaurar detalles como la madera de la puerta.

PLAZA DE SANT FELIP NERI
Un patio público

La plaza de Sant Felip Neri hace las veces de patio de la escuela del mismo nombre que fundó en 1959 el padre Serafí Alemany. «Sabemos que Felip Neri fue un jesuita que abrió residencias para los niños», explica Montse Teixidó, madre de uno de los alumnos. La escuela dispone de otros espacios para los más pequeños. «Los niños de 8 a 12 años salen a la plaza a la hora del recreo, e incluso practican algún deporte», añade Teixidó, quien reconoce que la escuela tiene una situación singular. Presiden la plaza una fuente con base octogonal y, sobre todo, la iglesia de Sant Felip Neri, de estilo barroco, con la casa de la Congregación del Oratorio.

PLAZA DEL PEDRÓ
La Santa Eulàlia peatonal

La plaza del Pedró hace referencia al obelisco o soporte de un monumento. Precisamente, desde 1673, en la plaza destaca una elevada escultura dedicada a Santa Eulàlia, copatrona de la ciudad de Barcelona, la cual sustituyó una antigua imagen de Sant Hipòlit. «Hace apenas un año renovaron parte de la escultura, y peatonalizaron todo el espacio», recuerda Martín Osuna, segunda generación detrás del mostrador de la panadería Forn Pedró, uno de los negocios con más solera de esta parte del Raval. «Antes de las obras, la plaza era una isla, porque estaba a diferente nivel y con coches a lado y lado», añade Osuna.

PLAZA DE LA BARCELONETA
La otra Canaletes

Ni es tan grande ni tan visitada como su vecina plaza del poeta Boscà, pero la plaza que da nombre al barrio marinero de la Barceloneta tiene una belleza innegable. Frente a la emblemática iglesia de Sant Miquel del Port, la plaza de la Barceloneta cuenta con una réplica de la Font de Canaletes. Otros rincones especiales son la placa dedicada al progresista y filántropo Anselm Clavè, impulsor de los ateneos obreros, y la antigua finca de estilo neoclásico, reconocible por sus bellos y decorativos paneles de terracota y donde vivió el diplomático Fernando de Lesseps entre 1842 y 1848.

PLAZA DE VICENÇ MARTORELL
Nuevo polo cultural


Entre las calles de Tallers y de Bonsuccès, una acogedora plaza con arcada y juegos infantiles rinde homenaje al ingeniero militar y cartógrafo Vicenç Martorell i Portas. Situada junto a la Oficina d'Atenció Ciutadana (OAC), la plaza acoge la librería La Central, que acaba de cumplir el 10º aniversario. «Teníamos otra sede en la calle de Mallorca pero pensamos que el Raval, como nuevo polo cultural de la ciudad con facultades y otros espacios como el CCCB, necesitaba algo como La Central», explica Nacho Borraz, encargado de una enorme librería, con más de 80.000 referencias.

PLAZA DE LA LLANA
Mercadeo en la calle

Es tan discreta que muchos visitantes pasan de largo sin enterarse. La plaza de la Llana puede confundirse fácilmente con la extensión de las calles de Bòria o de Corders. José Suárez, propietario de Rápido Suárez, en el número 2 de la plaza, todavía recuerda cómo ese espacio fue un muy conocido punto de encuentro comercial y cultural. «Lleva ese nombre porque aquí venían a vender lana de oveja, y más tarde recibió muchas visitas al acoger los Jocs Florals», recuerda Suárez, un sevillano que echa de menos las flores y banderas que engalanaban las calles y los balcones.

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