El nacimiento de una cría de delfín es, a ojos del neófito, una noticia excelente para cualquier zoo. El de Barcelona se hacía eco ayer de la llegada al mundo de un nuevo ejemplar de delfín mular (Tursiops trucantus) del que todavía se desconoce el sexo. Como contraposición a la alegría que ha generado la buena nueva, la plataforma SOSdelfines ha presagiado hoy "un mal final" para el animal, basándose en la estadística de fallecimientos de la especie y en la esperanza de vida que esta especie tiene en cautividad.
Según la asociación, los delfines mulares pueden vivir hasta 50 años campando a sus anchas por el océano. Si su residencia son las paredes de un acuario, dicen, rara vez pasan de los 20. De los más de 13 delfines nacidos en el Zoo de Barcelona entre 1980 y el 2000, solo cuatro lograron pasar el destete: Inuk, Blau, Tumay y una hembra llegada desde Lisboa. "Los nacimientos son ampliamente publicitados. Sin embargo, sus muertes pasan a ser ocultadas por los responsables de estos centros y la obtención de información es, a menudo, una odisea", reza la asociación, a través . Al tratarse de una instalación pública --el propietario es el Ayuntamiento de Barcelona-- la plataforma considera que todos los datos "deberían ser públicos".
Como ejemplo del destino que podría esperar a la hija de Anak, la única delfina fértil del zoo, los ecologistas recuerdan que la ciudad se llenó hace seis años de banderas anunciando el nacimiento de Glaç, la cría de Nereida e Inuk. La pequeña murió pocos meses después sin que nadie se hiciera eco de la noticia. Luego, al poco, le siguieron sus progenitores. Estas cifras, señala SOSdelfines, "demuestran que los animales salvajes, aunque nazcan en cautividad, no se adaptan al cautiverio y a vivir en condiciones artificiales". "Una muestra de ello --prosigue la nota-- es que el Zoo de Barcelona administra Valium, a sus delfines para evitar que muestren comportamientos de estrés, depresión e incluso agresividad".