El Periódico

PATRIMONIO HISTÓRICO

Mercados con alma de hierro

Un libro recorre 12 joyas arquitectónicas del siglo XIX que en su mayoría siguen acogiendo concurridas plazas de venta de productos frescos

  • Mercados con alma de hierro

    FREDERIC BALLELL / AFB

    Parada ambulante de plátanos en La Rambla, entre 1907 y 1908.

  • Mercados con alma de hierro

    RIMA / AFB

    Carretas, caballos y coches, delante del Mercat del Born, en 1920.

  • Mercados con alma de hierro

    ARXIU FOTOGRÀFIC DE BARCELONA

    Parada de carne de toro de la familia Batllori en el mercado de la Barceloneta, en 1930.

  • Mercados con alma de hierro

    ARXIU FOTOGRÀFIC DE BARCELONA

    Mercat de Sant Antoni, en la esquina con Urgell con ronda de Sant Antoni, en la primera década del siglo XX.

  • Mercados con alma de hierro

    FREDERIC BALLELL / AFB

    El antiguo mercado de los libros de ocasión en la ronda de Sant Antoni, en 1915.

Sábado, 10 de diciembre del 2016 - 19:47 CET

En Barcelona, subsisten 12 mercados, la mayoría de hierro forjado, construidos en el siglo XIX. A excepción del Born, que fue el central de abastos de 1921 hasta 1971, y de Els Encants y la Fira del Bellcaire, todos siguen albergando puestos de frutas, verduras, legumbres, carnes, huevos, pescado fresco. Son, desde hace unos 150 años, el corazón del tejido social de cada barrio, donde establecieron una serie de normas para garantizar el cumplimento de un horario, de higiene y de un control en los pesos y en las medidas.

No todos en su origen dependían de Barcelona, ya que el mercado de la Llibertat y el de la Abaceria pertenecían a la villa de Gràcia, segregada como municipio independiente entre 1821 y 1823 y entre 1850 y 1897, y el del Clot y el del Poblenou estaban adscritos a Sant Martí de Provençals, que también se anexionó a la capital. Los otros mercados centenarios son la Boqueria, la Concepció, Santa Caterina, Sant Antoni, Barceloneta y Hostafrancs.

"A mediados del siglo XIX, la tecnología de hierro permitió nuevas posibilidades arquitectónicas que fueron aplicadas a los mercados barceloneses que se inspiraron en los desaparecidos Crystal Palace de Londres y Les Halles de París", exponen Genís Arnàs y Matilde Alsina, autores del libro 'Mercats de Barcelona (segle XIX)', coeditado por la editorial Alberti y el Ayuntamiento de Barcelona.

LIBERAR LAS CALLES

Fue cuando cambió el concepto del mercado tradicional de origen medieval al contemporáneo, que se caracteriza por su conversión en espacios cerrados y cubiertos, concebidos como equipamientos. Y así Barcelona logró liberar las calles y las plazas del desorden que propiciaban los vendedores ambulantes y aumentar la eficiencia económica.

El libro indaga en historias vividas y anédotas, como los diversos traslados que ha sufrido los Encants, que con más de siete siglos de existencia es uno de los mercados más antiguos de Europa. Desde el 2013, ultramodernizado y situado en la plaza de las Glòries, entre la Meridiana y las calles Casp y Castillejos, en el antiguo Bosquet Dels Encants. O las dificultades que tuvo el ayuntamiento para dedicidir la ubicación de la Concepció, de la calle Aragó, para el que existía el proyecto de construirse en un solar rodeado por las calles Casp, Girona, Ausiàs March y Bruc.

Los archivos municipales y los propios vendedores han proporcionado las fotografías de álbumes familiares que guardaban sus abuelos, la parte más curiosa del libro. En sus páginas aparecen, en tonos grisaceos, un jabalí y varias liebres colgadas de un cordel, boca abajo, en la fachada de una parada de la Boqueria que da a la Rambla; la larga hilera de tiendas de casquería de Santa Caterina durante los años 30; el puesto al aire libre de venta de toro lidiado en la Barceloneta, y la barricada de tochos instalada en julio de 1909 en el mercado de Hostafrancs durante la Setmana Tràgica, cuando la ciudad se convirtió en un volcán en erupción a causa de la encendida respuesta que tuvo el llamamiento a filas de reservistas para la guerra marroquí.

"En los años 30 se convocaban concursos de 'pubillea' para mejorar la imagen vulgar de las vendedoras de mercados", cuentan los autores

Otra curiosidad son los concursos de reinas de cada barrio para elegir después a la 'pubilla' de los mercados de Barcelona, como lo fue Maria Casanovas en 1934, según una imagen del Arxiu Fotogràfic de Barcelona, firmada por Pérez de Rozas. "Seguramente se convocaban estos concursos porque la opinión pública atribuía a las paradas un ambiente de vulgaridad. Se presentaban jóvenes bonitas y modernas con vestidos virginalmente blancos o bien con la típica indumentaria tradicional catalana. De esta manera se intentaba dar prestigio a la mujer que trabajaba en el mercado y así ahuyentar el cliché que las tachaba de frívolas y desvergonzadas", cuentan los autores en el capítulo dedicado a la historia de la Llibertat.

En el mismo barrio de Gràcia, el primer mercado de la Albaceria Central se inauguró en 1892. El ayuntamiento invertirá ahora 25 millones de euros en su remodelación. Se trata del único mercado que todavía no se había reformado de los que se construyeron en el siglo XIX en la ciudad.

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