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LA REACCIÓN

Mala imagen y más inseguridad

Las asociaciones lamentan su indefensión y exigen al Govern que regule su actividad

VÍCTOR VARGAS LLAMAS
BARCELONA

Jueves, 14 de agosto del 2014

Como apagar un porro cuando aún quedan caladas por degustar. Así, con sensación de precipitación, se toman los clubs cannábicos la orden de cierre de medio centenar de estos locales. El presidente de la Federación de Asociaciones Cannábicas de Catalunya (FAC), José Afuera, entiende que el consistorio «cumpla sus objetivos» en la materia, pero vería más razonable que la medida se adoptara tras la entrada en vigor de una regulación que estas entidades reclaman desde hace tiempo.

«Ya trasladamos a la Generalitat la conveniencia de crear un registro de asociaciones controladas por un consejo regulador», expone Afuera. Un código de buenas prácticas basado en las condiciones de producción, el transporte y la distribución. «Así no haría falta controlar al usuario final», dice.

«Este cierre previo a una normativa crea inseguridad, un poco de caos y mala imagen de las asociaciones», dice Afuera. En su opinión, la mayoría de los clubs «hacen las cosas bien», y son un filtro de garantías para evitar «adulteraciones» y un «mal uso» de la droga, alejada de los «circuitos de las mafias». Los usuarios de los clubs de la FAC deben acreditar que son mayores de edad y tener el aval de un miembro para ingresar. Afuera recuerda que producen «estrictamente bajo demanda» de los socios, que el pago es telemático por cuestión de transparencia y que operan sin ánimo de lucro, de acuerdo con la esencia del movimiento del cultivo para el autoconsumo.

Desde el despacho de abogados Nieto & Povedano, que representa a un centenar de clubs de toda España, califican de «indefensión» la situación de las asociaciones afectadas, tanto por haber sucedido en agosto -«con los juzgados cerrados y sin poder recurrir hasta septiembre»-, como por no haberles dejado agotar la vía administrativa con la presentación de un recurso. Y denuncian un «cambio en las reglas del juego» que se salda con el cierre de locales al poco tiempo de contar con licencia y, en definitiva, el aval de la Administración.

No le asusta tener que ganarse la titularidad, pero tampoco quiere aburrirse en el banquillo