El Periódico

NUEVO MODELO URBANO

Bofetadas con sutileza

Los expertos instan a limitar el uso del coche en Barcelona sin sobresaltos pero con decisión

Bofetadas con sutileza

JOAN PUIG

Presentación, en marzo del 2013, del autobús híbrido que hoy cubre la línea de la red ortogonal H12.

Lunes, 5 de septiembre del 2016 - 20:17 CEST

Gila, en uno de sus monólogos, lograba que un asesino se entregara gracias a sus indirectas. "Alguien ha matado a alguien, y no me gusta señalar", le soltaba en el ascensor. El malo se ponía "colorado, colorado". A los 15 días no podía más y se entregaba. Algo así es lo que receta Ole Thorson, presidente de la Asociación de Prevención de Accidentes de Tráfico (PAT), respecto a la movilidad y la voluntad manifiesta del gobierno de Ada Colau de reducir el número de coches en Barcelona. "Estamos en tiempos de crisis, así que hay que ir aumentando la presión poco a poco, hasta que la gente se dé cuenta de que no tiene sentido conducir por la ciudad".

Las supermanzanas, coincide Ricard Riol, presidente de Promoción del Transporte Público (PTP), son una buena manera de decirle al ciudadano que el vehículo privado es seguramente el modo menos eficaz de moverse por la capital catalana. Pero hay que evitar los efectos colaterales, como que los vecinos "se queden sin servicio de bus y acaben apostando por la moto, por ejemplo". Puede suceder. En el núcleo inaugurado este lunes en el Poblenou se han eliminado las dos paradas existentes y se han trasladado a la zona perimetral. "Deberían reflexionar sobre la conveniencia de que los autobuses entraran en las supermanzanas, porque de lo contrario puede suceder que alguien tenga que andar hasta 800 metros para coger su línea. Lo ideal, en cualquier caso, es que el transporte público no quede lejos de la gente".

UN PEAJE MIXTO

Esto no significa que Riol esté en contra del invento, al contrario. Tan solo reclama "prudencia" para que sus bondades no acaben por devorar las de otro ingenio con el que comparte objetivos de movilidad. Sobre la posibilidad de importar medidas de otras ciudades, como crear un peaje o no permitir la entrada a vehículos muy contaminantes, el presidente de la PTP opta por la diplomacia: "Puedes penalizar por la vía fiscal, la tecnológica o la física, pero siempre debe hacerse con una alternativa de movilidad bajo el brazo". Eso es algo que, por ejemplo, no se garantiza a los que vienen del área metropolitana, con un servicio de bus insuficiente y unas Rodalies menos fiables que el caballo del malo. Al insistirle, este experto apuesta por un "posible modelo mixto, un peaje que cobre en función del vehículo y que castigue a los más irrespetuosos con el medioambiente". En cualquier caso, y barriendo para casa, lo que tiene claro es que a Barcelona le hacen falta más carriles bus para que el transporte público en superficie vaya un poco más deprisa. La velocidad comercial es básica para fidelizar al viajero, y que se mueva a una velocidad media de 12 kilómetros por hora no seduce en absoluto.

Thorson insiste en el trabajo de hormiguita. Dice que los aparcamientos ya son un peaje en sí. Por eso apuesta por la sutileza, por hacer sin que se note. Aumentando el impuesto de circulación a según qué vehículos, ir eliminando zonas verde y azul. O pintando más carriles bus. Lo que quiere es que la cosa se agilice: "No se están haciendo la cosas a velocidad de crucero, pero algo sí se mueve".

Playas de Barcelona en los años 80
Envíanos fotos
de la Barcelona
preolímpica
Buscamos imágenes de cómo eran Montjuïc, la playa, El Prat o la actual Vila Olímpica.
ENVÍA TU FOTO

El secretario técnico del FC Barcelona ya intentó ficharlo la temporada pasada sin éxito