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El tercer clásico | Análisis

La noche en que 'Mou' hizo teatro del malo

Jueves, 28 de abril del 2011 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Emilio Pérez de Rozas Periodista

Era Madrid contra Barça. Era Mourinho frente a Guardiola. Era Cristiano Ronaldo ante Messi. Jugaban la especulación contra la posesión. Eran once, al final diez, sí, que no querían atacar contra un equipo que adora el balón y busca la victoria. Era el aquí te pillo aquí te mato frente al tiqui-taca, el fútbol arte, las ganas de vivir, de disfrutar, de jugar, jugar y jugar. Eran todos aquellos que proponían el final de una era, el fin de la hegemonía contra un grupo, canterano en su esencia, cómplice desde el bus al pitido final y creado para agradar, para honrar al fútbol.

Mourinho, aquel que se niega a responder si no le pregunta el director del periódico, de la radio, de la televisión, protagonizó anoche su mayor pataleta. Mou, que solo paga las multas por exceso de velocidad si la foto la tomó el director general de Tráfico, recogió ayer, con un árbitro europeo, alemán, todo lo que lleva sembrando desde años. Mou, que solo actualiza la libreta de su cuenta si se la revisa Emilio Botín, dejó ayer en el banquillo 129 millones de euros. Mou, que no bebe café si no se lo sirve Juan Valdés, fue en busca del 0-0 (antes de recibir al Tottenham dijo que era un resultado exquisito) desde el minuto uno. Y, luego, se queja. Mou, que solo compra en Zara si le cobra Amancio Ortega, jugó, de nuevo, como si fuese el visitante y recibió un contundente (no me atrevo a escribir que definitivo) 0-2, que coloca a los azulgranas a un paso de la final de Wembley. Mou, a quien le corta las uñas el cangrejo de la sirenita, volvió a hablar más de él, de su palmarés, que de su equipo, de su planteamiento y, de nuevo, anoche dejó al Real Madrid, al que representa, por los suelos, bajo el barro, innecesariamente ensuciado, emborronado, sin gloria alguna. Mou, que construyó el Arca de Noe y dejó a Jorge Valdano fuera, volvió a jugar como un equipo menor, siendo el poseedor de más coronas continentales.

Mou, que no coge el avión porque viaja en el paraguas de Mary Popins, no tendrá más remedio, dentro de seis días, que jugar al ataque, planteamiento que desconoce y, ahora sí, precisará de la ayuda de Aitor Karanka para aprenderlo. Mou, que no bebe sidra si no se la escancia el gaitero, tuvo que oír anoche como su jugador estrella, aquel que le costó a Florentino Pérez 96 millones de euros, dijo que no le gustaba jugar en este equipo. «Pero tengo que adaptarme». Mou, que cuando llama al 1004 le atiende César Alierta, asistió a la exhibición del equipo que jamás tendrá, basado en la cantera y no en el talonario de su rico propietario, se llame Abramovich, Moratti o Pérez. Mou, que no va en moto si no le lleva Valentino Rossi, volvió a provocar anoche a Guardiola pero, esta vez, recibió únicamente como respuesta un contundente 0-2. Mou, que no reza porque posee el móvil de Dios, pedirá hoy que le fichen a Cesc Fábregas aunque para ello el ser superior tenga que venderse medio estadio.

Mou, el mejor entrenador del 2010, podrá demostrarlo, el próximo martes, en el Camp Nou. Le va la décima. Del Madrid, no suya.

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