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La estabilidad es clave

España requiere un plan estratégico que corrija errores y establezca las directrices necesarias para respaldar la senda positiva. Las instituciones y las organizaciones han de danzar al unísono para asegurar la estabilidad, el progreso y la armonía social

JOAN RIBAS. PROFESOR DE ECONOMÍA DE EADA BUSINESS SCHOOL

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EFE/Quique García

El Producto Interior Bruto (PIB) español registró un crecimiento interanual del 3,1% en el tercer trimestre del 2017, según el informe del Instituto Nacional de Estadística (INE). El resultado para todo el año 2017 será similar. Después de un negativo e incierto periodo entre el 2008 y el 2013, la economía española ha reportado cuatro años de sólida recuperación, regresando al nivel de PIB de mediados del 2008. Éste cayó más de un 10% entre mediados del 2008 e inicios del 2014 debido al declive de la actividad inmobiliaria, que superaba el 10% del PIB y ahora apenas alcanza el 5%. Fue un apogeo irracional que provocó la burbuja y la crisis del 2008. La demanda nacional de bienes y servicios cayó continuamente entre el 2008 y el 2013, con picos negativos del 8% a mediados del 2008 y 6% a finales del 2012; se recuperó a partir de 2014.

El gran impulsor de la recuperación ha sido la exportación que aumentó de 189.000 millones en el 2008 a 272.000 en el 2017. Agregando servicios (como la actividad internacional de las constructoras españolas) y el récord turístico, el 2016 reportó 369.000 millones de ingresos, superando a las importaciones de todo tipo en 34.000 millones (3% del PIB). Será similar en el 2017. Es cierto que ha colaborado el bajón en el precio del petróleo y otras materias primas.

La situación hasta el 2013 llevó a España (empresas más administraciones y familias) a una deuda neta exterior cercana al billón de euros. Cubrimos un 50% con inversiones extranjeras voluntarias en empresas, en bolsa y en Deuda del Estado. El resto proviene de inversiones en títulos de deuda, incluyendo al BCE.

España requiere un plan estratégico que corrija errores y establezca las directrices necesarias para respaldar la senda positiva. Utilizando la metáfora del profesor James Bradford DeLong (Universidad de California-Berkeley), «'it takes two to tango'» (el tango es cosa de dos), las instituciones y las organizaciones han de danzar al unísono para asegurar la estabilidad, el progreso y la armonía social. La estabilidad es clave y por tanto debe convertirse en la obstinación diaria de las Administraciones Públicas. Aprendamos de los Pactos de la Moncloa del 78, el inicio de un periodo de estabilidad y progreso.

Pasar de déficit a superávit

Empecemos con el déficit de las administraciones que rondará el 3% en el 2017, con el propósito de bajarlo al 2% en el 2018. Su deuda ha alcanzado los 1,1 billones, casi igual al PIB anual. Los inversores extranjeros financian el 46% y el BCE otro 20%. La falta de estabilidad puede asustar a los inversores, como ya ocurrió en el 2012, cuando retiraron 200.000 millones. El BCE ha sido desde entonces un soporte crucial. Eliminar el déficit es posible. Requerimos eficiencia, partir de cero y redefinir al completo la organización y las prestaciones de las administraciones públicas. Toma tiempo, pero es factible. Además, un estudio de la Universidad de Tubinga (Alemania), con datos recogidos entre el 2014 y el 2016, estimó que la economía informal española equivale al 17% del PIB, cerca de 200.000 millones, ocultando ingresos tributarios cercanos a los 70.000 millones anuales. Italia nos supera, tampoco es un consuelo. El Gobierno dice que la lucha contra el fraude ha aflorado 490.000 empleos desde el 2012 y 6.700 empresas ficticias. Podemos y debemos pasar de déficit a superávit y empezar a reducir la deuda.

Déficit corrupción guardan cierta relación. Un estudio de la Comisión Europea publicado en el 2014 situaba a España entre uno de los países más corruptos de Europa. Cifraba el coste anual en 120.000 millones. El 95% de los españoles encuestados percibe una corrupción generalizada. Ética y armonía social van unidas.

¿Y el empleo? El PIB ha regresado al nivel precrisis pero la ocupación ha bajado en un 8,2% . De hecho, el empleo solo ha crecido en Baleares. Extremadura se halla en el extremo opuesto, con un recorte del 12%. Por tanto, generamos el mismo PIB con 1,6 millones menos de empleados. Según la Comisión Europea, el 20% de españoles más afortunados ingresa 6,5 veces más que el 20% menos favorecido. La congelación salarial y la tendencia al empleo temporal apoyan esta relación.

España es bien reconocida por sus infraestructuras, pero hay algunas inútiles entre autopistas, aeropuertos o AVE. El mal está hecho, pero si la utilidad marginal es sensiblemente inferior al costo marginal, mejor convertirlos en parques o senderos. Imaginemos un buen corredor mediterráneo, alimentado por electricidad producida mediante paneles solares: tenemos mesetas y sol en abundancia, y no hacen falta subvenciones. Favorecemos las exportaciones y bajamos las importaciones (por ejemplo, petróleo). Mariano Rajoy apoyó su construcción en su reciente visita a China. ¿Esperamos que lo construyan los amigos chinos?

Baja natalidad y pensiones

Termino con la tendencia demográfica. El último pronóstico de las Naciones Unidas (World Population Prospects, 2017), señala el declive de la población de varias naciones, entre ellas España. Pasaremos de 47,4 millones en el 2017 a 44,4 en el 2050 y 36,4 en el 2100. Es debido a la baja natalidad actual: 1,33 hijos por mujer en edad fértil (hacen falta 2). El pronóstico supone una cierta recuperación hasta 1,72. Además de la menor población, crecerá la proporción de jubilados respecto a activos, comprometiendo el pago de pensiones que ya es discusión frecuente. En el 2050, España puede registrar 77 habitantes con edad superior a 65 años por cada 100 personas activas (20 a 64). No habrá parados. Necesitaremos gente formada y en buena forma para alargar la vida laboral más allá de los 70. Y hemos de pensar en algún tipo de asociación. Nuestros vecinos africanos, por ejemplo, tienen y tendrán personal más que suficiente.

Profesor DeLong, no sé si hemos de bailar tango, sevillanas o sardanas. Pero hemos de bailar juntos, seguro, y mejor si nos damos la mano.

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