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Trump recupera la retórica de la guerra fría con Cuba

El presidente de EE UU anuncia una revisión de la política a la isla que incluirá restricciones para los negocios y los viajes

RICARDO MIR DE FRANCIA / WASHINGTON

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El presidente Donald Trump durante su discurso en Miami. / AFP / JOE RAEDLE

Donald Trump ha pasado en solo unos días de bailar agarrado con sus huéspedes saudís a erigirse en el apóstol de la democracia y los derechos humanos en Cuba. En un discurso en la Pequeña Habana de Miami, en el que ha honrado a los disidentes y exiliados anticastristas, el presidente de Estados Unidos ha anunciado una revisión de la política de acercamiento pilotada por su predecesor desde finales de 2014, cuando Barack Obama y Raúl Castro pactaron un acuerdo para normalizar las relaciones tras más de medio de siglo de enfrentamiento. “No nos quedaremos nunca más callados frente a la opresión comunista”, ha dicho frente a una platea entregada. “Ahora que soy vuestro presidente, expondremos los crímenes del régimen castrista y defenderemos la libertad de los cubanos”.

Su discurso ha recordado a los tiempos de la guerra fría, cuando ambos países mantuvieron una enconada pelea ideológica, y ha desandado parte de los pasos dados por Obama para promover el cambio en Cuba mediante la inversión económica y los intercambios culturales. Trump ha acusado al régimen de La Habana de “alimentar el caos en Venezuela”, de desestabilizar América Latina y de promover el “tráfico de seres humanos” y la “esclavitud” en todo el mundo. “Cualquier cambio en la relación entre EEUU y Cuba dependerá de que el régimen tome pasos concretos” (hacia la democracia). El líder estadounidense los ha detallado uno a uno: libertad de los presos políticos, libertad de expresión y asociación, legalización de los partidos políticos y celebración de elecciones libres.

CONTROL TRANSACCIONES

“Se ha acabado lo de dar cobijo a los fugitivos criminales. No os voy a dar opción”, clamó desafiante en alusión a varias decenas de estadounidenses que se habrían refugiado en la isla y cuya extradición Washington reclama desde hace años. A pesar de la retórica desplegada en Miami, los cambios anunciados hasta ahora por su Administración son contados. Uno de ellos, prohibirá las transacciones financieras directas al conglomerado de empresas que controlan el Ejército y las fuerzas de seguridad cubanas. El alcance puede ser notable porque para hacer negocios en Cuba hay que pasar por el filtro de GAESA, un hólding dirigido por el yerno de Raúl Castro que es propietario de buena parte de las empresas relacionadas con el turismo y también las compañías de ‘import-export’. Sin ir más lejos, el acuerdo firmado recientemente por Sheraton para gestionar el hotel Four Points en La Habana, el primero estadounidense en 60 años, es fruto de una concesión de GAESA.

“Los beneficios de las inversiones empresariales y el turismo fluyen directamente a los militares”, dijo Trump. “No ayudan al pueblo cubano, solo enriquecen al régimen”. Por el momento, no se tocarán las embajadas y solo se restringirá una de las categorías que permiten a los estadounidenses viajar a la isla por motivos culturales, religiosos o empresariales. El embargo seguirá como está. Trump no se ha cerrado en banda a negociar con Cuba, todo lo contrario. Ha dicho que desea negociar un nuevo acuerdo que beneficie a los dos pueblos, pero debería incluir las condiciones mencionadas, unos términos llamados a ser rechazados por el gobierno de Raúl Castro.

EUFORIA PRESIDENCIAL

“Pronto se va a lograr una Cuba libre”, dijo el presidente con euforia, después de que su número dos lo presentara como “el líder del mundo libre”. “Bienvenidos a la historia”, dijo Mike Pence a modo de introducción. “Hoy es el día histórico cuando América renueva su compromiso con la libertad en este continente”. La platea irrumpió en gritos de “Cuba, sí; Castro, no”.

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