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HERENCIA EXPLOSIVA

Vivir sobre un polvorín

Cientos de bombas de la segunda guerra mundial siguen en el subsuelo del 'land' alemán de Brandeburgo

Los expertos alertan de que el paso del tiempo las hace más peligrosas

J.M.FRAU
BERLÍN

«La permanente exposición a las bombas aliadas es la herencia de una guerra de Alemania, no del land de Brandeburgo». Las palabras de Dietmar Woidke, socialdemócrata, ministro de Interior del land, suenan a otros tiempos, pero son recientes y reflejan su queja por la falta de ayuda financiera del Gobierno federal para la lucha contra las bombas que al final de la segunda guerra mundial cayeron sobre esta zona del este de Alemania y que permanecen todavía enterradas en el subsuelo. Las protestas de Hans-Joachim Laesicke, alcalde de Oranienburgo, una de las ciudades más castigadas por los bombardeos, son especialmente dramáticas: «En Oranienburgo vivimos sobre un polvorín».

Tanto Woidke como Laesicke reclaman apoyo económico de las autoridades federales para financiar los trabajos de búsqueda y desactivación de las viejas bombas. El Gobierno regional de Brandeburgo y el Ayuntamiento de Oranienburgo, dedican juntos unos siete millones de euros anuales a esta peligrosa tarea. Pero no se trata solo de dinero.

El riesgo es real y aumenta con el tiempo. Según un estudio de la Universidad Técnica de Cottbus del 2008, cada vez será más peligroso y complicado desactivar las bombas. Wolfgang Spyra, director del informe, asegura que pronto será imposible evitar la explosión, ya que manipular los mecanismos de detonación para intentar desactivarlas será muy difícil, casi imposible.

El diagnóstico del ingeniero coincide con el de Horst Reinhardt, un veterano experto, jefe del departamento de eliminación de artefactos explosivos del estado de Brandeburgo, un equipo formado por 50 personas. Reinhardt, que ya ha logrado desactivar 150 bombas, no es especialmente alarmista, habla con tranquilidad de su trabajo, pero asegura que «cada vez será más peligroso».

Ya ha habido avisos que confirman el riesgo creciente: en junio del 2010, tres expertos murieron y seis resultaron heridos tras la explosión de una bomba en Gotinga, ciudad de Baja Sajonia, al oeste del país. Ya estaba acordonada la zona y evacuados los vecinos, y, de repente, la bomba hizo explosión. Desde el año 2000, 11 trabajadores de los servicios de desactivación de artefactos han muerto mientras estaban haciendo su trabajo. En agosto del año pasado, una explosión controlada en Múnich provocó un incendio y numerosos daños materiales.

Oranienburgo está a unos 35 kilómetros al norte de Berlín. No fue solo su proximidad con la capital la que la convirtió en la ciudad de Alemania que más bombardeos sufrió por kilómetro cuadrado: más de 10.000 bombas -de las que 1.500 no hicieron explosión- en 13 ataques aéreos. Especialmente intenso fue el castigo el 15 de marzo de 1945. En 45 minutos, 600 aviones arrojaron más de 5.000 bombas sobre la ciudad, habitada entonces por 26.000 personas.

Centros secretos

En Oranienburgo había numerosas infraestructuras militares y algunos de los centros secretos que trabajaban en los programas de investigación atómica promovidos por los nazis. Fue, por lo tanto, uno de los objetivos importantes de la aviación aliada.

Horst Reinhardt asegura que no pasa un día sin que reciban una llamada relacionada con el hallazgo de una bomba. La página web del ayuntamiento de Oranienburgo informa a los vecinos sobre los días en que determinadas zonas de la ciudad y alrededores se cierran al tráfico por «búsqueda sistemática» de artefactos explosivos.

La información se concreta al máximo: hace unos meses se advirtió de que se iba a desactivar una bomba entre los números 69 y 71 de Lehnitzstrasse, con las acostumbradas restricciones, que los 42.000 habitantes de la ciudad asumieron con tranquilidad. Se informó también del éxito de la operación, que, en este caso, concluyó con la neutralización de un artefacto de 250 kilos, de fabricación norteamericana. Desde 1990 se han desactivado 169 bombas en la ciudad.

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