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GENTE CORRIENTE

«Hay mucha gente que es 'garrofista' y no lo sabe»

'Garrofista'. Bernat Daviu dejó atrás el lujo de Christie's y fundó un movimiento de gente creativa y precaria cuyo emblema es la algarroba

Gemma Tramullas

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JOAN CORTADELLAS

Hijo de anticuarios, Bernat Daviu nació en 1985 en Fonteta, un pueblo del Empordà profundo, y con la mayoría de edad se fue a estudiar arte a Londres, donde trabajó en la lujosa sala de subastas Christie’s. Instalado ahora en Barcelona, el artista y galerista impulsa el movimiento garrofista, un colectivo inspirado en las vanguardias que usa la algarroba ('garrofa' en catalán) como metáfora de la precariedad y de la resistencia. Daviu, que en la foto viste el uniforme 'garrofista', expone retratos de los miembros del grupo en la Fundación Arranz-Bravo de L’Hospitalet. 

–¿Nacer en el Empordà marca carácter? Nacer en un pueblo siempre tiene sus particularidades. Yo siempre estaba a mi aire, jugando en la calle. 

–Y de ese ambiente rural pasó directamente a una megalópolis como Londres. Quería cambiar de aires. Estudié en la escuela de arte Central Saint Martins y enseguida entré a trabajar en Christie’s.

–La casa de las subastas millonarias. Es un teatro fascinante. En la entrada te recibe un portero uniformado, la sala es espectacular, otro mundo. Ver cómo se subastan obras de arte revolucionario que hablan de transformar la sociedad mientras se sirven cócteles impresiona.

–¿Qué situación le chocó más en Christie’s? Un día se vendía un lote de armas, que no son santo de mi devoción. Era la primera vez que atendía a un coleccionista por teléfono y tenía que llamarle a Tejas y pujar por un rifle. Aquella voz fría me intimidó; hubiera jurado que era Charlton Heston, si no hubiera estado muerto. Al final conseguimos el rifle, pero cuando colgué estaba empapado en sudor. 

–De Fonteta a Londres y del lujo de Christie’s a la precariedad 'garrofista'. Estas contradicciones entre el arte y el mercado del arte las he utilizado mucho  en mi obra. Llegó un momento en que, como muchos artistas, me planteé para qué servía lo que yo pintaba y pensé: «¿Y si organizáramos un movimiento parecido a las vanguardias artísticas que querían romper con el statu quo y cambiar la sociedad? ¿Se podría recuperar aquel espíritu utópico y revolucionario desde una perspectiva actual irónica y romántica?».

–Y eligieron como emblema la algarroba, que remite a épocas de guerra y escasez. El movimiento nació a raíz de un proyecto que la Fundació Miró nos encargó a Joana Roda y a mí y resulta que la algarroba también tiene un simbolismo importante en la vida y obra de Miró.

–¿Qué relación tienen? Cuando viajaba a París siempre llevaba con él una semilla de algarroba que había cogido en los campos de Mont-roig del Camp; le hacía sentirse en casa. ¿Sabía que la palabra quilate viene del griego karat, que significa semilla de algarroba?

–No tenía ni idea. La algarroba y el oro parecen cosas opuestas, pero antiguamente el oro se pesaba con semillas de algarroba, de ahí que se diga que el oro tiene tantos quilates.

–¿Y qué puede aportar el 'garrofisme'? Es el movimiento de la gente creativa que vive en la precariedad y una crítica encubierta a una sociedad en la que la cultura cada día tiene un papel menos relevante y le importa tres pitos a todo el mundo. Es la vanguardia del silencio, porque hay mucha gente que es garrofista y no lo sabe.

–¿Pero qué puede contribuir a cambiar? Antes pensaba que el arte tenía que ser superrompedor, que tenía que transformar la política y la sociedad. No sé hacia dónde evolucionará el movimiento, pero pienso que lo que tiene que cambiar el arte es la sensibilidad y ese es mi objetivo: intentar sensibilizar a la gente a través del arte. Hasta aquí me veo capaz de llegar.

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