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«Cuando la vida está en juego, me gusta intervenir»

Ramsés Martí es un devoto salvador de vidas: enfermero de emergencias, socorrista y experto en rescate acuático canino

Mauricio Bernal

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JOAN PUIG

Una línea de exquisita coherencia atraviesa la vida de Ramsés Martí, desde que se hizo socorrista a los 16 años hasta ahora, que con 40 es experto en rescate acuático con perros. «Intervenir en el momento crítico de la vida de una persona» es lo que tiene sentido para este hombre, el motor que lo ha movido, la razón por la cual ha sido técnico conductor de ambulancia y la razón por la cual actualmente se gana la vida como enfermero de emergencias del SEM. El momento crítico, el momento urgente: ahí aparece Ramsés.

-Hay que estar hecho de una pasta, digo yo. ¿Con 16 años ya era socorrista?

-Sí. Primero fui socorrista y luego fui jefe de socorristas. Y luego instructor de socorristas. Y sí, como le digo: me atrae mucho intervenir en esos momentos en que la vida está en juego. Poner mi granito de arena en ese proceso que puede acabar marcando la diferencia entre la vida y la muerte.

-Parece una búsqueda, ¿no? De ese tipo de situaciones, diría uno.

-Yo lo veo más como un aprendizaje. Desde que hice el primer curso de socorrismo con 16 años, siempre he querido más, aprender, saber más. Un día sentí que había cumplido el ciclo como socorrista y me puse a trabajar como técnico conductor de ambulancia.

-¿Y de ahí dio el salto a enfermero?

-Precisamente: siendo técnico conductor descubrí que en realidad quería ser el otro, el enfermero de emergencias. Entonces estudié Enfermería. Y después, para ser ese enfermero en concreto, me especialicé.

-Viene usted a ser el tipo que uno quiere tener cerca en caso de emergencia.

-He procurado estudiar. Soy buceador profesional y socorrista. Además, hice un máster en gestión de riesgos especializado en emergencias en el medio acuático.

-Es ese tipo, definitivamente. ¿Y los perros? ¿El rescate acuático canino?

-La historia con los perros es que una vez, estando en Francia, en la playa, vi que tenían un grupo de perros ayudando en labores de rescate, y me descubrí diciéndome: «Si algún día tengo un perro, lo voy a poner a hacer esto». Y sí. Un día apareció Odín.

-Ese perrazo terranova.

-Sí… Me acababa de separar… Eran momentos de mucha inestabilidad emocional y Odín era un apoyo, pero en un momento dado busqué la manera de empezar a trabajar con él. Entonces entré en contacto con un grupo llamado Newfywater, que hacían salvamento canino deportivo.

-Solo a nivel deportivo.

-Solo, sí, pero querían dar ese paso. Yo entré como asesor en salvamento y ahora es un grupo de rescate canino plenamente operativo, uno de los tres que hay en España. Es curioso, en países como Italia y Francia es un tema muy desarrollado. Aquí no. Aquí el perro está en todas las tareas de seguridad menos en esa.

-Todo esto, en Vilanova i la Geltrú, ¿no?

-Sí. Donde también pusimos en marcha la Escuela de Salvamento Acuático Canino.

-¿Cuál es el valor agregado de entrar al agua a salvar a alguien con un perro?

-La principal función del perro es el remolque del socorrista y de la víctima. Además, en caso de rescates múltiples puede sacar a más de una persona. Piense que un perro como este puede arrastrar hasta 1.500 kilos en el agua. Y si el socorrista tiene algún problema, puede estar seguro de que el perro lo va a sacar. Está entrenado para eso.

-¿El terranova es el perro ideal para esto?

-Mire, casi cualquier perro de más de 30 kilos sirve, pero lo del agua, sí: el terranova lo lleva en la sangre. Piense que cuando van a morir se les lleva una última vez a nadar. Es algo que hay que hacer. Yo sé que tendré que hacerlo algún día con Odín, y cuando lo pienso me dan ganas de llorar.

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