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MOVILIDAD SOSTENIBLE

Las estaciones de Castelldefels y Sant Joan Despí estrenan los primeros 'park&ride'

Los dos párkings disuasorios dispondrán de 140 plazas y el AMB estudia implantar más en otras 40 estaciones

Hasta que se despligue la T-Mobilitat será necesario validar el billete en una máquina para evitar la sanción

Carlos Márquez Daniel

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Cartel que indica el estreno de un aparcamiento disuasorio en Castelledefels. Dice octubre, será noviembre.  / DANNY CAMINAL

En materia de movilidad hay mucho camino por recorrer e inventar. Pero también hay conceptos que aunque huelan a nuevos llevan décadas en el mundo de las ideas a la espera de que las ciudades que lo consideren oportuno los conviertan en hechos. Es el caso de las supermanzanas, esas unidades urbanas que orillan el coche para priorizar al ciudadano, teorizadas por el británico Colin Buchanan en 1963 y aplicadas en Barcelona a partir de 1996. O del 'park&ride' o aparcamientos disuasorios, que empezaron a desplegarse en Estados Unidos en los años 70 como respuesta al elevado precio del carburante y a las bíblicas congestiones de tráfico en algunas metrópolis. Es una propuesta de regla y cartabón: instalar párkings en las estaciones de ferrocarril del entorno de las urbes para que el ciudadano del área metropolitana no entre con su vehículo en el centro. Para el caso que nos ocupa, la capital catalana, Sant Joan Despí y Castelldefels pondrán en marcha una prueba piloto a finales de noviembre con un total de 140 plazas.

¿Pero cómo funcionarán? ¿Cómo evitar que los que ya existen en muchos apeaderos no sigan siendo aparcamientos gratuitos para vecinos y trabajadores del entorno? Los estacionamientos contarán con su propia señalización, vertical y horizontal, y su uso será controlado tanto por vigilantes privados como por la policía local del municipio de turno. Las plazas estarán reservadas para los viajeros en tránsito entre las cinco de la mañana y las 23 horas, de lunes a viernes. Para poder acceder al 'park&ride' será necesario descargarse una aplicación móvil. Los usuarios deberán darse de alta en la ‘app’, y cuando regresen a la terminal en la que dejaron el coche deberán validar su billete en unas máquinas para que el sistema compruebe que no ha habido fraude.

Texto Alternativo

El director de Movilidad del Área Metropolitana de Barcelona, Joan Maria Bigas, explica que el salto cualitativo se dará con la implantación, el año que viene, si no hay más retrasos, de la T-Mobilitat, el título de transporte que sustituirá todas las tarjetas vigentes a día de hoy. "El objetivo que perseguimos está muy por encima del pequeño fraude que pueda producirse".

El AMB ha analizado unas 50 estaciones que son susceptibles de albergar plazas de 'park&ride'. Por el momento, se mantienen conversaciones con los ayuntamientos de Montgat, Badalona, Papiol, Castellbisbal y Sant Boi. Todos ellos, sostiene Bigas, "interesados en una movilidad más sostenible". "Aunque lo ideal sería que todos los municipios dispusieran de este servicio", sostiene este experto.

A la espera de la T-Mobilitat

Ricard Riol, presidente de la asociación Promoción del Transporte Público (PTP), aplaude la iniciativa pero la considera inocua si antes no se consigue "una red de transporte más rápida" que logre seducir al conductor para que abandone su deseo de entrar en Barcelona con su coche. Pone como ejemplo el aparcamiento que se instaló en la parada de Quatre Camins de Ferrocarrils en el 2003. "Está bien planteado, incluso con un intercambiador con el bus, que para en una carretera cercana, pero esa es una línea lenta que además no te deja en plaza de Catalunya, con lo que la gente, o prefiere el automóvil o se va a buscar la R4 o la R1 de Rodalies, que sí llegan al centro. Para que funcione bien necesitamos un tren rápido y que circule con mayor frecuencia". En Quatre Camins sucede lo mismo que en muchos otros apeaderos, que las plazas de aparcamiento las ocupan residentes de la zona o trabajadores de polígonos industriales. Es decir, los 'park&rides' han estado siempre ahí, pero nunca se les ha dado el uso para el que fueron concebidos.

Implicar a grandes superficies

Para Riol, lo ideal sería que los aparcamientos disuasorios se acompañen de ciertos servicios, esto es, que en el lugar “haya una cierta actividad comercial y de restauración”. En este sentido, el presidente de la PTP recomienda al AMB estudiar la posibilidad de alcanzar acuerdos con grandes superficies, como el Ikea de L’Hospitalet, el ‘outlet’ de Viladecans o el Eroski de Cornellà, para que sus "aparcamientos infrautilizados también se usen como 'park&ride'".

En Castelldefels (100 plazas para viajeros en tránsito) y Sant Joan Despí (41) no se ocuparán todos los estacionamientos. "Se mantendrá un uso mixto, un cierto equilibrio", detalla Bigas. Ambas localidades destinarán la mitad (Castelldefels ha ampliado este verano hasta un total de 300 huecos), en un “sistema flexible que permite ir ampliando esta prueba piloto”. Para todo ello, el Área Metropolitana prevé un gasto de entre 100.000 y 200.000 euros. 

Riol considera que los aparcamientos disuasorios serán "casi una obligación con la restricción creciente del vehículo en las ciudades". Para que eso suceda, el presidente de la PTP pincela las siguientes etapas: "1) Mejora de la integración de las redes y terminar las que tenemos pendientes, como la L9, tranvía o Rodalies; 2) gestión de la movilidad privada; 3) mejoras tecnológicas en los vehículos; 4) favorecer la movilidad sostenible, y 5) instalar aparcamientos disuasorios". 

El aparcamiento disuasorio de Barcelona crece un 31%

Barcelona dispone desde el mes de enero del 2016 de 400 plazas de ‘park&ride’ distribuidas en cuatro aparcamientos de la empresa pública municipal BSM. Están situados en puntos cercanos a las cuatro esquinas de la capital catalana: Marqués de Mulhacén (conexión con el servicio de bus), Rius y Taulet (metro, bus, Rodalies y Ferrocarrils), plaza del Fòrum (metro, bus y tranvía) y Sant Genís (metro y bus). Hasta el 30 de septiembre, estos párkings disuasorios han vendido 4.919 tarjetas ‘park&ride’, lo que supone un incremento del 31% respecto al mismo periodo del año pasado. De todas ellas, la más usada es la de uso de un día (83,5%). Se puede optar a títulos de entre uno y siete días con precios que oscilan entre los 9,95 y los 59,95 euros.

Según señala un portavoz del gobierno de Ada Colau, estos aparcamientos disuasorios municipales atraen básicamente a dos tipos de usuarios: “Los viajeros con conexión, provenientes mayoritariamente de la primera corona metropolitana con destino Barcelona, y los visitantes ocasionales, vinculados a visitas puntuales de carácter personal o a acontecimientos concretos, como puede ser un partido del Barça. Los ‘park&rides’ dentro de la ciudad están destinados a ayudar a cumplir el principal objetivo que persigue el plan de movilidad urbana en vigor: reducir un 21% el uso del vehículo privado en el periodo 2013-2018. A nadie se le escapa que esa meta no se alcanzará. O quizás sí, pero no el plazo previsto.  

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