Transbordo de Passeig de Gràcia: el túnel de las personas

Carlos de Diego / Zeta Media Lab

Si por razones de economía de tiempo tienen que elegir entre el video o el texto, no tiren ninguna moneda al aire, es mucho mejor el video. Se lo dice quien esto firma. Lo habitual es que la novela sea mejor que la película, pero a veces sucede al revés. Ahí está el caso de ‘Los puentes de Madison’, novelita almibarada y prescindible de la que Clint Eastwood sacó un peliculón con idéntico título. En el caso que nos ocupa, la cosa no va de puentes, sino de túneles, en concreto de esos 260 metros subterráneos que por debajo del paseo de Gràcia se unen las líneas L-3 y L-4 del metro de Barcelona y, más aún, desde esta última, la amarilla, tal y como muchos aún la llaman, en un ‘bonus track’, la L-2, o sea, la morada. Alguien podría apostillar aquí que solo es un túnel, pero si se mira con otros ojos se puede colegir que merece figurar en la breve pero impagable constelación de la arquitectura brutalista de Barcelona, una corriente a la que el festival Open House el día menos pensado le dedicará parte de su programación y harían mal sus organizadores si se olvidaran de ese túnel.