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A un creativo publicitario le han pillado de pleno por falsificar la domiciliación de su empresa en una zona ruinosa y obtener de este modo exenciones en los impuestos. O paga, y debe 1.750.000 euros a Hacienda, o traslada su agencia, que acaba de obtener un buen contrato, a esa zona. Opta por lo segundo, que remedio, y ya tenemos empaquetada una comedia francesa sobre diferencia de clases, personajes desubicados y todos los elementos habituales en este tipo de filmes galos 'en oposición', al estilo de 'Bienvenidos al norte' pero sin salir de París. Tiene algún gag ingenioso que no redime el filme de sus convenciones.

'Bienvenidos al barrio': conflictos chistosos (leer noticia)