TÚ Y YO SOMOS TRES

Admirado Évole, lo de Bosé no nos lo merecíamos

 Jordi Évole con Miguel Bosé en México.

 Jordi Évole con Miguel Bosé en México.

Se lee en minutos

Nunca he sido partidario de las líneas rojas en los medios de comunicación, a pesar de que ahora algunos intenten instalarlas.

El caso de Vox es el más significativo. Considerado este partido como una ideología fascista, desde otras ideologías se insta a las cadenas de televisión que practiquen sobre ellos un silencio informativo absoluto.  La democracia tiene que protegerse de los que no son demócratas, advierten como argumento definitivo.

Es un tema profundo que permite un debate amplísimo, sobre todo si nos preguntamos ¿y con los tres millones seiscientos cincuenta mil ciudadanos que les han votado qué hacemos? Parece que ahora ya no sirve aquella frase atribuida a Voltaire que dice: «Detesto lo que dices pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo». Otro caso reciente –completamente distinto del anterior pero también de contexto ideológico– es el del escritor Javier Cercas. Tras ser entrevistado el sábado en  el ‘FAQS de TV-3 no solo ha recibido una ducha de insultos sino que también ha salido salpicada la cadena porque algunos consideran que Cercas tiene que estar prohibido, excomulgado de todos los templos de Sant Joan Despí. O sea que en este caso tampoco interesa recordar a Rosa Luxemburgo cuando decía: «La primera libertad que hay que proteger es la libertad del disidente o crítico»

Noticias relacionadas

De modo que ante este panorama aspiro a que algun@ de ustedes me comprenda: para mí las líneas rojas, el 'apartheid' informativo, son fruto de la democracia mal entendida.  Ha ocurrido no obstante esta semana un suceso televisivo que  hace tambalear mis principios. Jordi Évole se ha tomado la molestia de viajar hasta México para reunirse con Miguel Bosé.

Vista la primera entrega, con sus alegatos contra la vacunación –al final de este primer capítulo– y sus proclamas de que el covid-19 no existe, le pregunto a mi admirado Évole si no nos podía haber ahorrado tan lamentable ejercicio.  Por respeto a los 137 millones de contagiados, y a los tres millones de fallecidos hasta hoy en el mundo, y a las familias que no han podido ni despedirse de sus muertos, por respeto, les decía, este amplio servicio televisivo –cámaras y dos horas de TV– para que un cantante difunda sus ‘científicas’ opiniones acerca de que el virus es una invención,  me parece un error grave. Una buena línea roja –ahí sí-- hubiera sido oportuna.