11 jul 2020

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TÚ Y YO SOMOS TRES

Con Vox atacándole, J.J.Vázquez triunfa

Ferran Monegal

J.J Vázquez muestra la denuncia que ha presentado.

J.J Vázquez muestra la denuncia que ha presentado.


Ha entrado Santiago Abascal al trapo contra J.J.Vázquez. O sea que la irrupción de Vox en esta trifulca diluye la discusión original con Belén Esteban en el Deluxe (T-5). Lo televisivo se esfuma y entramos en el rifirrafe político. Bien mirado, que Vox le ataque es un triunfo para J.J. Realza su pretendido progresismo. Si la extrema derecha te embiste, automáticamente pasas a ser reconocido como progre de manera indiscutible. Es un silogismo falso, pero las percepciones públicas de este país se han construido –y retorcido– así. Acaba de salir J.J. en el Sálvame naranja y ha enseñado la denuncia que ha cursado hace poco en una comisaria. Contó que recibió un vídeo, de origen desconocido, un montaje, en el que aparecen unos canallas con pistolas y escopetas y le disparan. Le fusilan. Estoy con J.J.  Eso sí es fascismo. Es un delito. Yo hubiera hecho exactamente lo mismo: ir inmediatamente a una comisaría y denunciarlo.

Me gustaría no obstante regresar a la polémica televisiva que es el origen de todo esto y no obstante parece diluirse. La tesis de J.J. es marcar lineas rojas. Lo dijo así: «En mi programa jamás daré voz a un fascista». Dicho así, lo suscribo. Pero a partir de ahí, la gran polémica surge. Su colaboradora del Sálvame, la periodista Gema López, por ejemplo, le invitaba a reflexionar precisamente sobre esta palabra: el fascismo. La decía: «Con tu prohibición estas actuando como lo mismo que prohibes». Pongamos el caso de los votantes de Vox. En las últimas elecciones este partido consiguió 3,64 millones de votos. ¿Son 3,64 millones de personas fascistas? ¿Hay que prohibirles que aparezcan, que sean entrevistadas, que opinen, en cualquier programa de TV? ¡Ah! La palabra «¡fascismo!» últimamente se utiliza como proyectil en las tertulias con una alegría aterradora. «¡Talibanismo!» también. Y también «¡Estalinismo!». Sigamos pues con los «ismos», pero ahora en positivo: por ejemplo el progresismo.  ¿Uno es progresista porque no se cansa de repetirlo, o por lo que hace en la vida? Por sus obras los conoceréis, decían los evangelistas. Hilemos más fino. Un tipo como Berlusconi, condenado por soborno, abuso de poder, corrupción de menores e incitación a la prostitución infantil ¿puede tener licencia del Estado para poseer canales de TV y emitir? ¡Ah! Este es el debate que no verán jamás en ninguna cadena.