TÚ Y YO SOMOS TRES

Cuando Tita dormía con el abrigo puesto

La baronesa Thyssen, en ’Lazos de sangre’.

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En una lejana entrevista que le hizo Julia Otero en La luna (TVE, 1989), Tita Cervera, baronesa Carmen Thyssen, declaró que siempre la había subyugado aquella frase de Scarlett O’Hara en Lo que el viento se llevó, cuando arañando la tierra con las manos en busca de alguna raíz comestible, exclamó: «¡A Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre!». Hombre, hambre, lo que se dice hambre, Tita Cervera no ha pasado nunca; pero frío y pobreza, parece ser que sí. Lo contó en este especial Lazos de sangreLazos de sangre, que le acaba de dedicar TVE-1. Decía, recordando aquella época en que fue esposa de Espartaco Santoni, un venezolano seductor, especialista en cautivar señoras y dejarlas tiesas: «Me embargaron los muebles. Me cortaron la luz. Me tenía que duchar con agua fría cada día. Y dormía con el abrigo puesto porque ni mantas tenía».

¡Ah! Este programa que le ha dedicado TVE, tan glamuroso –Boris Izaguirre se desvivía lanzando expresiones del tipo «Cautivadora, sincera, rotunda, ¡nos ha desnudado su alma!–, este ejercicio, tan de papel couché,  les decía, creo que le ha venido a la baronesa de maravilla. Se ha emitido justo cuando está inmersa de lleno en discrepancias con el Ministerio de Hacienda. En vista de que ha trasladado su residencia fiscal a Andorra, los inspectores parece que le exigen que tribute aquí, y no en aquel paraíso. El programa entrevistó entonces a una gran amiga suya, la diseñadora Agatha Ruíz de la Prada, que muy indignada exclamó: «Es una mujer maravillosa. No debería pagar ni un euro de impuestos. ¡Exenta de impuestos de por vida!», y recordó a toda la audiencia de TVE, con gran apasionamiento, que Tita ha conseguido para España la pinacoteca privada más importante del mundo. En lo de los impuestos, TVE debería ir con más cuidado impulsando evasiones. En lo de la pinacoteca, Agatha tiene razón. El museo es colosal. Y le costó muchísimo conseguirlo.

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Esa parte nunca ha sido bien  contada. Siete años duró su litigio con la poderosísima familia Thyssen, hoy imperio Thyssen-Krupp. Fue una heroicidad por parte de Tita. Querían dejarla como la dejó Espartaco: como el hueso del jamón. Pero consiguió los cuadros. ¡Ahh! Con gran habilidad y sabiduría pudo al menos llevarse la decoración de las paredes de tan fabuloso trust multinacional del acero y la metalurgia.