26 nov 2020

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TÚ Y YO SOMOS TRES

Évole ofrece 30 millones por 'Mata Mua'

Ferran Monegal

Tita Thyssen y Évole frente a ’Mata Mua’. 

Parecía despistado Jordi Évole. O quizá jugaba a parecerlo.  Paseaba con la baronesa Thyssen por el museo. Una visita nocturna, a puerta cerrada, exclusiva (Salvados, La Sexta). «¿Cómo quieres que te llame? / Llámame Tita / ¿Es verdad que cuando tenías tu villa en Suiza paseabas por la noche, entre los cuadros, en camisón y con una copa de vino? / En camisón no. En un traje blanco, vaporoso, monísima, sí». ¡Ah! Qué empatía. Qué delicia. A parte de ponerse Jordi como el Quico en la tienda del museo, a oscuras, ensacando en una bolsa toda suerte de objetos y productos, desde mejillones Delicathyssen, hasta pósters, camisetas y variados detalles de buen gusto...; a parte de esta incursión por el shopping, que si no hubiera ido acompañado de la baronesa habría parecido un caco mangando como un descosido, la entrevista fue la vacuidad más absoluta. ¿Aznar? Estupendo. ¿El Rey emérito? Magnífico. ¿Los actuales Felipe y Letizia? Maravillosos, trabajan muchísimo. Y siempre con la coletilla: dejemos el tema que yo no hablo de política. También pinceladas aisladas de Lex Barker, de Sinatra y Marilyn, del barón, de su hijo Borja... Un pourparler que en cualquier revista del corazón lo encuentras todo mucho más ampliado y hasta incisivo. O sea, ¿a qué fue Évole esa noche al Museo Thyssen?

Francamente, no sabría decirles. Quién sí sabía, perfectamente, por qué concedía esta entrevista fue la baronesa. ¡Ah! Es una mujer listísima. Creo que la clave fue cuando se sentaron frente al cuadro de Gauguin, el célebre Mata Mua. Allí ella desplegó todo su poder de persuasión advirtiendo que no tenía liquidez, y que tenía que venderlo. «Tengo ofertas», advirtió. Évole quedó muy impresionado. «Te ofrezco 30 millones de euros», le dijo.  Y la baronesa, sonriendo suavemente, respondió: «Más». O sea, la puja te ha quedado corta, criatura. Y acto seguido la baronesa lanzó la advertencia que le convenía: su fabulosa colección privada –de la que forma parte Mata Mua– que arrienda periodicamente al Estado, tiene otros novios. A saber: Alemania, Inglaterra, Rusia y los Estados Unidos. O sea, un aviso.

¡Ah! Qué lista es la baronesa. Se ha servido de Évole para mandar al Estado un recadito. Me puedo equivocar, pero me juego un carajillo de anís que el contrato de arrendamiento debe estar a punto de expirar.  ¡Qué arte el de la renovación, sí!