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TÚ Y YO SOMOS TRES

Croacia

Ferran Monegal

Luka Modric, en Croacia, en 1990 (TV-3).

Hermoso homenaje a Croacia el que le han dedicado en el TN vespre (TV-3) del domingo. Corto –un minidocumental de apenas tres minutos–, pero muy entrañable y sentido. Lo debían tener preparado por si ganaba el Mundial de fútbol. Pero estoy de acuerdo: que un país tan pequeñito haya llegado a la final es una gesta indiscutible. En TV-3 nos decían, exaltando con gran admiración y ternura la independencia que consiguió este país: «El patriotismo le ha servido a Croacia para superar cualquier contingencia». Y rescataron unas imágenes, de 1990, en las que se veía a un humilde niño con un rebaño de cabras, y el narrador de TV-3 decía: «Este niño, de 5 años, pastoreaba cabras poco antes de que un proyectil destruyera su casa. ¡Este niño es Luka Modric (..), ejemplo de una generación de jugadores forjados en la adversidad!». ¡Ah! Qué pincelada televisiva más bonita. Y además tuvieron el detalle de buen gusto de añadir compases de la canción Mi tierra (Moja Domovina), melodía croata que se instituyó en el himno de la independencia, «un mensaje de reafirmación que ha perdurado a lo largo de los años». Excelente vibración la de TV-3 con Croacia, sí. Se olvidaron no obstante –seguramente sin querer, por puro despiste, por la premura del tiempo sin duda– del dato más importante de la historia de ese pequeño país. El referéndum de Croacia (mayo de 1991) tuvo un 83,56% de participación y consiguió un 93,24% de votos a favor de la independencia, y un 5,38% a favor de permanecer en la Yugoslavia Federal. ¡Ah! Ese, en efecto, fue un porcentaje concluyente. Inapelable. Sin fractura.

HASTA QUE EL INFIERNO SE CONGELE .–  El reloj de la pantalla de Al rojo vivo (La Sexta) marcaba las 12:36:35 de este lunes. Las cámaras estaban en Bilbao. Nos ofrecian un paisaje de miles de pensionistas manifestándose. Pancartas. La ancianidad movilizada. Un reportero de la cadena, micrófono en mano, se detuvo ante un pensionista. «¿Cómo se llama usted?», le preguntó.  «Me llamo Marcial Santos», contestó el pensionista. «Pues dígame Marcial, ¿hasta cuándo seguirán ustedes en la calle, los lunes?». Y Marcial contestó: «¡Hasta que el infierno se congele! ¡O hasta que se seque la ría!».  ¡Ahh! En los ojos de Marcial había un brillo. Un fulgor especial. Los teóricos lo llaman: la indignación pacífica.

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