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ENTREVISTA

Ferran Monegal: "El problema del 'reality' es que se tiene que inventar la realidad"

El crítico de televisión de EL PERIODICO considera que las canales de pago recurren a ese género porque "necesitan visibilidad"

JUAN CARLOS ROSADO / MADRID

El periodista Ferran Monegal, crítico de televisión de EL PERIODICO. 

El periodista Ferran Monegal, crítico de televisión de EL PERIODICO.  / CARLOS MONTAÑES

¿Qué le parece que un canal de pago tan serio como #0 haya sucumbido a los ‘encantos’ de los ‘realitys’? Es una cuestión de cuenta de resultados. Parece ser que el ‘reality’, a pesar de que llevamos años diciendo que se está muriendo, goza todavía de buena salud. Y los canales de pago, que tienen una incidencia en los audímetros muy escasa, necesitan visibilidad.

¿Cree que el mejor ‘reality’ es el que no existe o que cabe darles un toque más ‘poético’ para reinventar la fórmula? Los franceses llamaron hace muchos años 'cinema veritè' a lo que ahora se llama ‘reality’. Eso, que tenía un gran prestigio, trasladado al mundo de la tele se ha pervertido de una manera brutal. Al ‘reality’ televisivo se le añade siempre el calificativo de ‘show’. En realidad es un ‘reality’ forzado, un falso ‘reality’, una falsa realidad.

¿Por qué siguen gozando de tan buena salud después de tanto tiempo? Porque trabajan esa cuerda de la que es tan devoto mi admirado Paolo Vasile (consejero delegado de Mediaset) y que es el cotilleo. Ver, comentar y espiar desde la ventana lo que hace el vecino. Lo que pasa es que la televisión, que es una estufa que necesita siempre leña y la realidad no da tanta leña para esa estufa, se tiene que inventar la realidad. Ese es el problema del ‘reality’.

"Lo peor es involucrar a las familias y enseñar a las madres el 'edredoning' de sus hijas"

¿Qué tendría que verse ya en ellos para que el espectador les diese la espalda? Lo peor que le puede pasar a un programa de estos es el aburrimiento. No son las barbaridades, sino todo lo contrario. Un ‘reality’ en el que  suministraran armas a los concursantes tendría una audiencia bárbara. Nos han demostrado este año en ‘La isla de los mosquitos’ de Tele 5, también llamado ‘Supervivientes’, que una de las cosas peores que les ha pasado es que su gran estrella, de a 25.000 euros la semana, Bigote Arrocet, no da juego, no se pelea, no entra en batalla… No le ha dado todavía un puñetazo a nadie, y eso es fatal para el programa.

Como siga así, Tele 5 lo va a acabar expulsando… Sí, sí, lo van a expulsar (ríe).

¿Qué es lo más sonrojante que ha visto usted en un ‘reality’? Cuando convocan a las familias en el plató. Este ejercicio que solía hacer con tanta virtuosidad nuestra querida Merceditas Milá en la ‘ratomaquia’ de 'Gran Hermano': sacar a las madres y enseñarlas cómo hacían ‘edredoning’ sus hijas con los ratoncitos de la jaula. Eso era muy hiriente para la madre, pero tenía unos repuntes de audiencia bárbaros. Lo que me parece peor es involucrar a las familias.

¿Qué le diría a un hijo suyo que quisiera entrar en ‘Gran Hermano’? Lo que le dijo una vez un periodista gran entrevistador a Paolo Vasile: “Usted tiene la ventaja de que vive en Roma cuatro días a la semana y sus hijos no ven la televisión que hace en España”. Este golpe es tremendo.

"Bigote Arrocet no le ha dado aún un puñetazo a nadie, y eso es fatal para el programa"

¿Se imagina cómo hubiera sido el mundo de la tele sin el género del ‘reality’? Podía haber sido un instrumento totalmente distinto. Me cuesta imaginarlo sin la perversión del ‘reality’, sin esa trampa. Es que no es nada más que la consecuencia de la trampa. No es verdad que la gente se comporte así cuando está encerrada con unos amigos. Es la falta de tabaco si eres fumador, la falta de comida si tienes hambre, el someterlos a estrés, taladrarlos con cámaras incluso en la ducha y en los lavabos… Y luego los ganchos que están dentro y les incentivan para la pelea. Hay gente pagada para que monte el pollo. Eso no es el reflejo de un grupo de compañeros o estudiantes que se reúnen unos días de acampada. Eso está alterado y manipulado.

¿Qué han aportado de bueno los ‘realitys’, además de un buen negocio a medios de comunicación y críticos? Efectivamente, ha permitido que la crítica podamos seguir dando de comer a nuestros hijos, porque un porcentaje altísimo de columnas de crítica de televisión inciden en el ‘reality’. Hay un punto de hipocresía también en los que somos analistas. Nos sirven para llenar columnas y horrorizarnos, aunque yo últimamente me horrorizo cada vez menos viendo lo que nos dan en otros programas considerados serios como los informativos.

El ‘reality’ ha vivido de la prensa, pero ahora parece que la sinergia total está con las redes sociales. ¿Está de acuerdo? Las redes sociales han caído en la misma trampa que cayó la prensa hace muchos años: el fenómeno de la agitación y la propaganda. Hoy en día hay grupos organizados que te ‘clickean’ en un momento dado un tuit y te lo hacen viral porque tienen a 3.000 jubilados a sueldo a 20 céntimos el ‘click’. Lo que hace la red en el fondo es hacer de gran tambor de lo que interesa a los grandes poderes televisivos.

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