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ENTREVISTA CON QUIM MASFERRER

"Cuando llevo dos semanas sin rodar 'El foraster', me falta alguna cosa"

El actor, autor teatral y presentador hace balance de su programa en TV-3

Olga Lerín

El Foraster: Quim Masferrer lava su coche / FERRAN SENDRA / GIULIANA IPPOLITI

Tras 50.000 kilómetros de ruta y la visita a una cincuentena de poblaciones de menos de 1.000 habitantes, el 'foraster' Quim Masferrer (Sant Feliu de Buixalleu, 1971) despide la cuarta temporada de su 'show' en el mar, telón de fondo que ya acarició en los inicios del presente curso. Formentera ha sido la parada final del insigne invitado y su inseparable 'pick-up', semanas antes de que la marabunta ponga los pies en la coquetona Pitiusa. Masferrer, cansado –pero inmensamente satisfecho–, ha repasado el periplo que ahora finaliza en TV-3 en una entrevista para 'Teletodo'.

Empezó el pasado enero en Les Cases d’Alcanar, en el delta del Ebro, y ahora se apeará de su automóvil en una isla, también en el Mediterráneo. ¿Coincidencia? No está hecho expresamente. En las cuatro temporadas hemos hecho pocos pueblos de mar, porque encontrar pueblecitos de menos de 1.000 habitantes que tengan costa es muy difícil.

En esta temporada hemos visto a un Masferrer muy receptivo e, incluso, muy maduro… No lo sé. A uno mismo le cuesta mucho verlo. Sí que es cierto que a medida que vas rodando programas te vas sintiendo más cómodo y encuentras más registros. Lo comparo mucho con pisar escenarios: cuando empiezas en el teatro, vas con pies de plomo y, a medida que vas haciendo funciones, adquieres más tablas, vas encontrado maneras, te tranquilizas y te sientes más seguro. Y aquí me ha pasado. Si te notas seguro en el escenario de 'El foraster', eres más receptivo a lo que te explica la gente, no buscas necesariamente la parte de humor para después llevártela al monólogo, sino que dejas la puerta abierta para momentos en los que te puedes emocionar.

Ha habido unos cuantos... Cierto. Los compañeros del equipo y la gente cercana que es espectadora te dicen que eso ocurre porque eres receptivo a que pasen estas cosas. En la primera temporada eso era más difícil. El 'foraster' cada vez tiene más armas y soltura, y está más receptivo. Nos han pasado muchas cosas gracias a que hemos hecho tres temporadas antes.

"Todo empieza y todo acaba, y ese final no sabemos cuándo se producirá"

¿Es como si hubiera seguido un aprendizaje? El 'foraster' está a expensas del azar, de la gente que encuentra y de su generosidad, pero no es solo eso, sino la manera en la que se acerca a ellos. Y, seguramente, a medida que han avanzado las temporadas, mi manera de hacerlo se ha ido modificando con ganas de escuchar mucho. La gente de los pueblos te conoce mucho más y saben cómo es ese tipo que tiene un punto de 'loser'. Al haber visto historias de otros capítulos, su generosidad es más grande. Cada vez que coges la 'pick-up', intentas ir con la máxima predisposición para que te pasen cosas, pero no sabes qué ocurrirá. Y esa predisposición ha de ser máxima por mi parte y sin miedo al rídículo. Eso lo he ido aprendiendo.

También ha sido la temporada de mayor audiencia (656.000 telespectadores y un 22,4% de cuota). ¿No temían al desgaste? Todo es cíclico: todo empieza y todo acaba, y ese final no sabemos cuándo será, por lo que has de buscar una naturalidad y una normalidad a ello. Y 'El foraster' tendrá un final, aunque no sabemos cuándo. Lo que me da más miedo es que comporta mucho desgaste al equipo y a nivel personal, porque no tiene guion, no sabemos qué nos encontraremos y si seremos hábiles para recoger la banda sonora de ese pueblo. No te encierras en un plató durante una hora y media, sino que vas a un lugar, vives con la gente y grabas mucho, has de preparar un monólogo y estudiarlo… El programa nos apasiona a todos, pero después de 50 entregas hay un desgaste de coco y de esa predisposición que le comentaba. El día que perdamos esa predisposición a que nos pasen cosas, no nos ocurrirán. Me preocupa más todo esto que el desgaste lógico que puede tener la emisión.

Veo que ha acabado agotado... Sí. Hemos hecho 12 programas y cuatro especiales. No solo es una cuestión física, sino emocional. Esta montaña rusa que tiene 'El foraster' también la vives tú como persona: son 16 monólogos que se han tenido que levantar de cero. Pero el cansancio forma parte de una cierta lógica. Lo que ocurre es que a mí 'El foraster' me apasiona. Cuando llevo dos semanas sin rodar, pienso: "¡Ostras, me falta alguna cosa...!"

"Intento no seguir demasiado una fórmula, así las cosas fluyen, y actuar como si no estuviera la cámara"


Casi, casi es una adicción... Es que 'El foraster', sí, es mi trabajo... Pero el otro día fui a actuar a Valls y vino una gente de Bràfim, que habían salido en el programa, y me trajeron un regalo para mi hija, de 1 año. Y dices: "De acuerdo, estoy haciendo un programa de tele, pero esto es de verdad. Esta gente ya son amigos, ya forman parte de mi círculo". Estas cosas me hacen sentir muy vivo. Mi equipo y yo tenemos amigos repartidos por toda Catalunya. Sabemos que un día podemos tocar un timbre, preparar una comida, tener una conversación...

Dicen que tiene una habilidad especial para tratar a los abuelos y a los niños. ¿Cuál es el secreto? No lo sé. Intento no seguir demasiado una fórmula, así las cosas fluyen, y actuar como si no estuviera la cámara. Cuando te acercas a los niños, tienes que ser uno más: te arrodillas, te pones a su altura y ya puedes volver a ser también uno de ellos. Y con los abuelos pasa lo mismo: a veces tienen necesidad de que les escuches. Recuerdo al mío, que solo quería atención y que le explicase cosas. Es algo que no forma parte de una teoría, sino que consiste en dejarte ir, que todo fluya, y en aplicar el sentido común. Y eso es lo que yo hago. ¡Cómo no voy a tratar muy bien a los ancianos si nos han dado la vida, nos ganan en experiencia y son un pozo de letras! No se me ocurre otra manera de tratarlos que no sea aprovecharlo para que nos expliquen sus cosas y les hagamos felices.



Esta temporada ha fallecido también algún vecino que salía en el programa... En Les Cases d’Alcanar arrancamos con el señor Gabriel, que nos dejó entre el rodaje del reportaje y el monólogo. Le hacía mucha ilusión poder venir a escucharlo y, por respeto a él, a su familia y al pueblo, lo pospusimos para que se pudiera hacer el duelo que él se merecía. No pasa muy a menudo, pero los familiares te lo hacen saber cuando ocurre. A pesar de ser triste, te demuestra que las cosas que pasan en 'El foraster' son de verdad.

¿Qué encuentro recuerda con más cariño? ¿El que tuvo con Pepe, en Castellfollit de la Roca? Seguramente, porque es como el guion de una 'peli'. Es la historia más sorprendente, con una mezcla de sensaciones, emotividad y heroicidad por su parte. Hicimos después el seguimiento del catamarán. En el programa tenemos pequeñas historias que no hace falta que sean tan grandes como esta. Recuerdo a la señora Manola del valle de Boí. Estaba leyendo en un banco y me hizo una entrevista, porque nunca había tenido un micro entre las manos. Me preguntó si mis padres estaban vivos, si les quería… Puso el dedo en la llaga. En esos momentos, fue la mejor entrevistadora del mundo. Y me emocioné.

Por cierto, durante las Fallas de Sant Joan no había habitaciones libres en el valle de Boí. Sí, sí, me lo hicieron saber… Tengo bastante contacto con los pueblos. Siempre hay alguien que te pasa el teléfono, te envía cosas y te invita a la fiesta mayor. Allí Jordi siempre será el Jordi de les 'crabes'…


¿Es consciente de que usted tiene parte de la culpa de ese éxito de convocatoria? Me gusta saber que hay gente que hace la ruta de 'El foraster'. Cuando vuelve a pasar lo que enseñas en la tele, como por ejemplo las Fallas, y la gente acude y los restaurantes están llenos, tienes la sensación de que la generosidad exquisita de los vecinos que te han permitido hacer el programa se la estás devolviendo, aunque nunca harás las paces, porque te dan mucho...

Hemos visto a un 'foraster' casi jugándose el físico: ha hecho parapente y esquí náutico, se ha bañado a las ocho de la mañana en pleno invierno… Es cuestión de dejarte llevar y disfrutar de los momentos. En el caso de Ventalló, Anna, una chica de 22 años, que está en el momento de explosión de la vida, nos llevó a unas balsas. Y me dijo: "Hagámoslo". "Pues hagámoslo", pensé. Y recordé aquel momento de mi vida... O Ramon, de Castellar de n’Hugh, que me llevó a ver las vacas con su moto. Me transportó a cuando yo tenía 14 años en mi pueblo, que era el niño más feliz del mundo cuando iba a ver a mi padre al huerto con la mía. Es una predisposicón a vivir momentos, aunque estés fuera de la edad. O Maria de Organyà, que nunca había volado en parapente… Es que ya no te lo has ni de preguntar. Lo debes hacer.

Ha mostrado bastante carne. ¿Quiere eso decir que el 'foraster' se ha despojado de prejuicios? Nunca ha tenido muchos [ríe]. Si te encuentras a alguien que hace nudismo en el Montseny porque el azar te lleva a esa situación, pues dices: "Vamos a hacerlo". Y además, estoy totalmente de acuerdo con el discurso de esa persona, Andrés: "A mí lo que me diga la gente de Viladrau me da lo mismo".

"No me desagradaría hacer 'El forastero', pero tengo dudas sobre si soy la persona idónea"


¿Aún encuentra a personas que se resisten a salir en el espacio? Es un número muy pequeño, absolutamente legítimo. Lo que nos sabe más mal es que hablas con mucha gente y no todos acaban saliendo en el programa. Y les avisamos antes del monólogo. Son personas que nos han regalado su tiempo y han sido muy generosas. Pero me consta que lo entienden. Cuando se emite 'El foraster', muchas veces pienso más en los que no han salido que en los que aparecen.

Por cierto, ¿ha vuelto a hablar con Chechu, uno de los madrileños del especial en la capital, al que le tomó especial cariño? Al principio del monólogo le di caña y vi que era receptivo... No hemos vuelto a hablar, pero tenemos pendiente que toda la cuadrilla con la que tuvimos la conversación venga a mi pueblo, les invite a comer y sigamos la charla.

Después de algunos especiales, ¿no se le ha pasado por la cabeza recorrer pueblecitos de España? No, pero se podría hacer 'El forastero'. Personalmente, no me desagradaría: sería fantástico e igual de enriquecedor que el nuestro. Pero tengo dudas sobre si yo soy el 'forastero' idóneo por una cuestión de que aquí conozco muy bien el territorio. Seguro que encontrarían a alguien con perfil de humorista y presentador. A mí me es igual conocer a gente donde sea. Antes de hacer 'El foraster' con cámaras, yo ya había hecho de 'foraster'. He viajado mucho solo y hacía lo mismo: hablar con la gente. Me gusta mucho, porque solo dependes de ti y en cualquier momento puedes dar un giro al viaje. Mi trabajo me ha dado la oportunidad de seguir haciéndolo con una cámara, pero no dista tanto, aunque entonces no era tan intrépido ni hacía monólogos en la plaza del pueblo.



Después de tantos kilómetros, imagino que no le habrá quedado ánimo para irse a la otra punta del mundo de vacaciones... Soy muy casero. Tengo ganas de estar con mi hija, a la que no he visto todo el tiempo que quería. Ahora estoy enganchado a ella. Sigo con la gira de 'Temps', en julio, y en agosto haré un parón de relax y descanso.

¿Hará una quinta temporada? Hemos acabado la cuarta sabiendo que hay la intención por parte de TV-3 de que el 'El foraster' continúe. Yo tengo ganas, pero todavía no se ha puesto sobre la mesa, y me desmarco mucho. Es una cosa de TV-3 y la productora, Brutal Media.

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