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LA REVOLUCIÓN DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

Periscope, el nuevo 'pirata'

Las aplicaciones de 'live-streaming' abren otro frente en la guerra por los derechos de retransmisión

El combate entre Mayweather y Pacquiao confirma su imparable auge

IDOYA NOAIN / NUEVA YORK

Un usuario de Periscope retransmite la presentación de los Billboard Music Awards.

Un usuario de Periscope retransmite la presentación de los Billboard Music Awards. / AFP / JONATHAN ALCORN

Gracias a aplicaciones como Periscope o Meerkat, que permiten hacer 'live-streaming' (emisión en directo) con el teléfono móvil, la revolución será retransmitida en vivo, y los discursos políticos y conferencias académicas, y lo que sucede en la cocina, el coche o cualquier lugar donde haya un ciudadano dispuesto -y son cientos de miles- a volver la cámara hacia sí mismo.

En realidad, no debe hablarse en futuro. Es presente: además de para crear contenidos, esas aplicaciones se están usando para la retransmisión y consumo de material protegido por derechos de autor, como series o acontecimientos deportivos. Y la rápida expansión e implantación de esta tecnología ha abierto el último frente de batalla en la guerra de la industria televisiva tradicional por mantener su feudo. Y sus ingresos.

Ascenso y tensiones

El auge de Periscope y Meerkat es imparable desde que Twitter compró la primera, en febrero, y semanas después la segunda se convirtió en el fenómeno del festival South by Southwest en Tejas. Igual de meteóricamente se dispararon las tensiones y los interrogantes legales. Cuando en abril se estrenó la última temporada de 'Juego de tronos', usuarios de las aplicaciones empezaron a reemitir la serie ilegalmente, provocando una protesta formal de HBO a Twitter.

El problema eclosionó el pasado fin de semana, cuando Periscope se usó para transmitir también ilegalmente el combate de boxeo entre Floyd Mayweather Manny Pacquiao -el más caro de la historia de  la tele de pago en EEUU-. HBO y Showtime, que compartían los derechos, instaron a la compañía a detener las emisiones ilegales del combate. Se habían identificado al menos 66 y Periscope detuvo 30. Las otras acabaron antes de poder actuar.

Ese domingo, lo ocurrido con las aplicaciones de live-streaming daba más que hablar que el decepcionante combate. Twitter tuvo que precisar un mensaje que colgó su consejero delegado (declaró a Periscope «vencedor») y matizó que se refería, por ejemplo, al acuerdo que Periscope alcanzó con la propia HBO para hacer emisiones desde el vestuario de Pacman. Y la red social de los 140 caracteres hizo un comunicado asegurando: «Respetamos los derechos de propiedad intelectual». El martes le tocó al cofundador de Periscope, Kayvon Beykpour, tratar de calmar las aguas. «La piratería no es un tema de Periscope, es un tema de internet y estamos genuinamente interesados en trabajar con socios para abordarlo», dijo en una conferencia en Nueva York.Beykpour se esforzó por minimizar los peligros y afirmó, por ejemplo, que «nadie quiere ver Juego de tronos en Periscope», donde la calidad depende de la conexión, de la habilidad de quien pone el teléfono frente a la pantalla y de que mantenga la transmisión. Dijo también que, «por lo general, hay más atención mediática que problema», y explicó que lo ocurrido con el boxeo era «la excepción».

Tuvo que admitir, eso sí, que el problema puede crecer: «La proliferación de aparatos móviles y que yo pueda ahora mismo sacar mi teléfono y retransmitir cambia el proceso». Es algo de lo que son conscientes muchos, incluyendo distribuidores y productores de entretenimiento audiovisual, y también varias ligas de deportes y otros afectados potenciales, como organizadores de conciertos o teatro.

El peso legal no cae en el consumidor, sino en quien retransmite y, sobre todo, en quien da las herramientas para hacerlo. Expertos como Jesse Redniss, cofundador de una empresa de asesoría mediática, han explicado que «Periscope camina en la cuerda floja, porque tiene la capacidad de monitorizar lo que se retransmite».

Leyes obsoletas

Parte del amparo de las aplicaciones, no obstante, llega de leyes incapaces de adaptarse a la velocidad de los avances. Así, la Digital Millennium Copyright Act da 24 horas para responder a contenidos que violen leyes de propiedad intelectual, una eternidad en la era de lo instantáneo.

La de los derechos es, además, la última batalla abierta, pero, como pasó con la que en su día planteó YouTube, quizá no la que más deba preocupar a la industria televisiva. Lo decía en 'Los Angeles Times' John Healey: «La mayor amenaza que presentan aplicaciones de live-streaming es que ofrecerán a los espectadores algo más atractivo que la última secuela de 'CSI'». 

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