Investigación en marcha

Arrestados tres pescadores de Tarragona vinculados a la mafia marroquí del hachís

Los Mossos d'Esquadra advierten del poder de seducción que las organizaciones criminales tienen sobre ciudadanos locales sin antecedentes

Arrestados tres pescadores de Tarragona vinculados a la mafia marroquí del hachís

Guillem Sánchez

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El Delta del Ebro y sus alrededores ofrecen una extensión de muchos kilómetros de playa despoblada ideal para los traficantes de hachís. Como históricamente ha sucedido en el Campo de Gibraltar, al sur de la península, la costa de Tarragona se ha convertido en un punto de entrada de esta droga procedente de Marruecos. Fuentes del Área de Investigación Criminal (AIC) de Terres de l'Ebre de los Mossos d'Esquadra advierten de la amenaza que el fenómeno puede suponer para las poblaciones del lugar.

Las organizaciones criminales de tráfico de hachís, de la misma manera que han hecho otras mafias al calor del 'boom' de la marihuana que sigue expandiéndose por Catalunya, comienzan a activar su fase "parasitaria" sobre la sociedad, advierten. Es decir, constan los primeros casos de traficantes que han seducido a ciudadanos normales y corrientes para que trabajen para ellos. Los Mossos acaban de comprobarlo con un grupo de pescadores del puerto de Cases d'Alcanar (Tarragona), o en el punto opuesto de la costa catalana, en Empuriabrava (Girona), con una red de empresarios náuticos que habían comenzado a trabajar para narcos construyendo las narcolanchas que encargaban.

Un aviso inquietante

Los Mossos arrestaron el pasado 3 de octubre a tres pescadores de Tarragona por traficar con 1.380 kilogramos de hachís. Eran trabajadores adscritos a la cofradía del puerto de Cases d'Alcanar que, hasta la fecha, no tenían vínculos con el narcotráfico. Disponían de una embarcación pesquera, de la que habían desmontado la maquinaria para recoger las redes de pesca, y últimamente regresaban sin pescado al final de la jornada. "La maquinaria para recoger la red de pesca pesa mucho y restaba capacidad de carga para los fardos", detallan fuentes policiales.

En caso de ser consultados acerca de cómo era posible que prescindieran de un instrumento imprescindible para la pesca, respondían que iban a buscar "marisco". Pero lo que hacían en realidad, según sospechan los investigadores, es reunirse en aguas internacionales con narcolanchas que transportan hachís del norte de África. Recogían los fardos, los ocultaban en la bodega y los desembarcaban en el puerto, fingiendo que se trataba de pescado.

Fardos de hachís ocultos dentro de la embarcación

Fardos de hachís ocultos dentro de la embarcación. / MOSSOS D'ESQUADRA

Los Mossos descubrieron cómo actuaban gracias al aviso de un ciudadano y pudieron sorprenderlos cuando descargaban los 1.300 kilogramos de hachís que, en el mercado negro, podrían llegar a tener un valor de casi dos millones de euros.

"El problema", razonan las fuentes de la AIC que instan a actuar antes de que las mafias convenzan a más ciudadanos, "es que hay más gente que se beneficia del proceso". Porque el hachís que desembarcan no se vende enseguida, "se oculta en 'guarderías'", aclaran. Las 'guarderías' son naves industriales o domicilios o lugares en los que la droga puede dejarse "enfriar" para después, poco a poco, ir sacando las cantidades vendidas. Quienes alquilan esas 'guarderías' tienen "cierto conocimiento" de para qué sirven, dejan caer los Mossos.

El ojo sobre los pescadores

Los Mossos temen que existan más pescadores que hayan sucumbido al dinero fácil de las organizaciones criminales, que les ofrecen una "alternativa" en "tiempos de crisis" que les permite obtener "beneficios" a los que no pueden aspirar con su actividad legal. En el registro que se practicó a los domicilios de los tres investigados en esta operación se hallaron 42.000 euros en efectivo.

Las mafias tientan a los pescadores porque son trabajadores que disponen de embarcaciones que permiten entrar en el puerto sin levantar sospechas y porque tienen conocimientos de navegación y conocen la geografía del lugar. "Vemos que las narcolanchas cada vez tienen menos potencia y menos longitud", apunta la policía catalana, un cambio que podría significar, a su juicio, que los traficantes procedentes de Marruecos ya no quieren llegar por su cuenta hasta la costa y buscan intermediarios para entregar la mercancía mar adentro. Como los pescadores.

Las mismas fuentes policiales quieren subrayar que la colaboración del puerto de Cases d'Alcanar en la investigación que ha permitido acreditar cómo actuaban los tres pescadores acusados de narcotráfico ha sido máxima.