OFRECÍA CITAS SEXUALES A HOMBRES PARA ATACARLOS

El fiscal pide 58 años de cárcel para la asesina de Badoo

Hedangelin Candy Arrieta, con ayuda de su novio, sedujo a tres hombres a través de la red social para secuestrarlos y robarles

Ambos enterraron vivo a su tercera víctima, José Antonio Delgado, un empresario vasco al que habían atado y golpeado hasta dejarlo inconsciente

Candy Arrieta, que en las redes sociales se daba a conocer como ’Dulce Ángel’.

Candy Arrieta, que en las redes sociales se daba a conocer como ’Dulce Ángel’.

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Vanesa Lozano
Vanesa Lozano

Redactora

Especialista en Sucesos

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Luis Rendueles
Luis Rendueles

Redactor

Especialista en sucesos, investigación

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Con fotos y mensajes sugerentes, sedujo a través de la red social Badoo a tres hombres para que tuvieran una cita sexual con ella en Pedrola (Zaragoza). Luego, Hendangelin Candy Arrieta, conocida como 'Dulce Ángel', una mujer venezolana de 34 años, los secuestraba y golpeaba para robarles con ayuda de su novio, Mohamed Achraf. A su tercera víctima, la asesinaron brutalmente. La fiscalía provincial de Zaragoza pide 58 años y nueve meses de prisión para la mujer y su pareja por los delitos de asesinato, detención ilegal, robo con violencia y lesiones, tenencia ilícita de armas, pertenencia a grupo criminal y extorsión en grado de tentativa, según el escrito presentado en la Audiencia de Zaragoza, al que ha accedido EL PERIÓDICO.

El hallazgo del cadáver del informático vasco José Antonio Delgado en un paraje a las afueras de Pedrola el 27 de septiembre de 2019, destapó la actividad delictiva de la trama que estafó y atacó al menos a tres hombres aquel verano. El primero en caer en la trampa de la banda había sido un camionero rumano a quien Candy, su novio y un amigo de la pareja, José Antonio Meléndez, para quien la fiscalía solicita 16 años de cárcel, "propinaron golpes y descargas eléctricas, lo amordazaron e inmovilizaron atándolo con bridas de manos y pies" el 26 de julio de 2019. Después, le robaron su coche, un Renault Clío, su teléfono móvil y 55 euros. La mujer lo había atraído hasta su pueblo diciendo ser "Daniela Mendoza" y prometiéndole sexo.

"Me gustan los maduritos"

Al día siguiente, Dulce Ángel echó el anzuelo para su siguiente víctima, un empresario de 58 años de Tudela (Navarra), divorciado, al que la mujer, que se hizo llamar "Bella" en la red de contactos, atrajo enviándole mensajes como "me gustan los maduritos" y fotografías suyas con poca ropa.

El hombre, representado por el abogado Jose Cabrejas, que también lleva la acusación de la primera víctima, viajó en tren hasta Pedrola para tener sexo con ella, pero además de Candy, en la estación le esperaba el novio de la chica. Ambos le golpearon en la cabeza con una llave inglesa, le fracturaron el peroné, lo ataron, lo metieron en el maletero de un coche y le quitaron su tarjeta de crédito apuntándole con una pistola, según el relato del fiscal. Tras este ataque, Candy y su pareja se hicieron con un botín de 650 euros en efectivo, un reloj, un teléfono móvil y unas gafas graduadas.

Un asesinato

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Su tercera víctima no sobrevivió. El empresario José Antonio Delgado, de 50 años y también separado, se desplazó desde Getxo (Vizcaya) tras contactar con Candy a través de Badoo. En su caso, cuando llegó a la cita, la mujer y su pareja lo "agredieron salvajemente" con "evidente ánimo de matarlo, hasta que lo tuvieron por muerto, habiendo sido atado con bridas para eliminar su posible defensa, llegando a enterrarlo, aun estando vivo, pero en un más que probable estado de agonía". Todo ello para robarle 1.500 euros y un Mercedes de alta gama que vendieron luego por internet por 10.000 euros.

La Guardia Civil encontró, meses más tarde, durante los registros en la nave donde vivían Candy y su novio, un palo de golf, unas gafas graduadas y una bolsa de viaje de la marca Emporio Armani, que el empresario llevaba en su coche cuando la pareja lo asaltó. Los agentes recuperaron del váter de la casa varias joyas del fallecido: "una cadena dorada y una alianza" de las que la venezolana había intentado deshacerse mientras inspeccionaban la vivienda.