Crisis climática

Trabajar en la calle bajo un sol de justicia en plena ola de calor: "Estamos hirviendo"

Segunda ola de calor en España: atención a lo que se espera para el martes

Catalunya alcanza el pico de calor con temperaturas de más de 40ºC en Lleida

BARCELONA 11/07/2023 Barcelona Sociedad Ola de calor MUSTAFA Y MOHAMED    Foto ELISENDA PONS

BARCELONA 11/07/2023 Barcelona Sociedad Ola de calor MUSTAFA Y MOHAMED Foto ELISENDA PONS / ELISENDA PONS

Elisenda Colell

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Son las doce y media del mediodía. El sol pica en la piel y el asfalto desprende un calor constante. Los ventiladores portátiles, abanicos y gorros improvisados parecen imprescindibles para transitar por la Via Laietana de Barcelona. Pero no todos cuentan con ello. Mohamed y Mustafá permanecen de cara al suelo, picando en los adoquines y utilizando un taladro en lo que será una nueva acera. Llevan pantalón largo, botas y manga larga. Al llamarles se levantan. Su rostro está empapado. Están chorreando, el sudor se les mete hasta en los ojos y les impide ver con claridad. "Claro que es duro trabajar así, pero no tenemos otra opción: yo vine aquí a trabajar y para mí es un honor", explica Mohamed. Les quedan por delante seis horas de arduo trabajo, en plena ola de calor. Catalunya ha vivido este martes el día más caluroso del año.

Entre quienes trabajan en la calle, abrasados por el sol, hay distintos niveles. Por ejemplo, está Salek. Un joven crecido en los campamentos saharauis de Tindouf (Algeria), que cada verano era acogido por una familia catalana. Ahora ya lleva más de 10 años viviendo y trabajando en Barcelona. Él espera dentro de una furgoneta a su compañero. "No ha podido aguantar más y ha ido a por un helado", explica, con media sonrisa. "Es que yo soy del Sáhara y estoy acostumbrado a estos calores", se reivindica.

Salek trabaja en las obras de via Laietana y sufre los efectos del calor su empresa le ha dado un pulsómetro que pita si le sube el ritmo cardiaco

Salek trabaja en las obras de via Laietana y sufre los efectos del calor. / ELISENDA PONS

Pulsera con pulsómetro

Salek trabaja en la empresa del alumbrado público de Barcelona. "Nos han dado unas pulseras que nos miden las pulsaciones: de momento no le ha pitado a nadie, vamos aguantando", explica. Si algún empleado empieza a sentirse mal, se activa una alarma y deben dejar de trabajar. También explica que les han cambiado la jornada: de dos a cinco de la tarde descansan. Y les han colocado neveras con agua en todas las furgonetas. "Estamos bien, hay gente que está peor", sigue.

Efectivamente. Mohamed y Mustafá no tienen la misma suerte. Ni pulseras, ni jornadas reducidas. El agua la tienen en la otra punta de la calle. Le sucede lo mismo a Nordil, un marroquí que maneja una retroexcavadora a escasos metros de la sede de la jefatura de la Policía. Lleva un sombrero bajo el casco. Y sobre la máquina que conduce se improvisado un techo con un trozo de cartón. "El agua la tenemos lejos, prefiero comprármela en las tiendas que hay por aquí", explica.

Nordil trabaja en las obras de via layetana y sufre los efectos del calor

Nordil trabaja en las obras de Via Laietana y sufre los efectos del calor. / ELISENDA PONS

"Te cansas el triple"

Justo en ese momento aparece Walter, un argentino que cada mañana se levanta a las cinco en Figueres para trabajar en las obras de Barcelona. "¡Nordil, que te has dejado la garrafa de agua al sol!", le advierte. Dicen que beben más de seis litros de agua al día. "Es muy duro trabajar con tanto calor, te cansas el triple", explica el argentino, acostumbrado a trabajar con frío, viento y lluvia. De repente, el cielo se nubla y pasa una brisa de aire. "Esto es gloria, qué maravilla", celebra Walter.

Walter trabaja en las obras de via layetana y sufre los efectos del calor y para paliarlos se refresca con agua de las tuberias del subsuelo

Walter trabaja en las obras de via layetana y sufre los efectos del calor y para paliarlos se refresca con agua de las tuberias del subsuelo / ELISENDA PONS

El argentino, oficial de primera, explica que los jefes les han dicho que no duden en ponerse a la sombra y refrescarse como puedan. Los empleados usan el agua freática, abren una especie de cañería y les sale un chorro de agua. Meten la cabeza y se sumergen. "Es horroroso porque te mojas un poco y a los pocos minutos ya estas hirviendo otra vez", lamenta el hombre. Manuel, empleado del servicio de limpieza, admite que tiene un poco más de suerte. "Nosotros almenos nos podemos ir mojando", dice, mientras un compañero, subido en una grúa, limpia con agua a presión una escultura de la plaza de Catalunya.

Sombreros para turistas

Arsalan Ali y Racheed son dos paquistanís que se dedican a la venta ambulante de sombreros. Se postran frente a la parada del bus turístico y empiezan su negocio. Los dos llevan camisetas de manga larga. "Es que, si no, nos quemamos con el sol", cuenta Arsalan, empapado en sudor por todos lados. Racheed vive en una habitación compartida con dos personas más. Y al calor de día se le suma el de la noche. "No hay ventilador ni aire acondicionado ni nada", sigue el chico. Frente a ellos, los empleados del bus turístico tampoco parecen muy frescos. Uno de ellos, empapado de sudor, se protege con un parasol. Otra chica se tapa el rostro al completo, para evitar quemadas.

Racheed vende sombreros contra el calor a los turistas

Racheed vende sombreros a los turistas. / ELISENDA PONS

Desde un banco, Kosmi y Octavio se los miran. Los dos viven en la calle. El primero, hace año y medio. El segundo, un poco menos. Kosmi, de 35 años, se gana la vida pidiendo limosna: le falta un brazo y está tratando de regularizar su situación para poder percibir alguna ayuda debido a su discapacidad. Acaba de salir del Hospital del Mar, ha estado tres días ingresado por cirrosis. Octavio, de 58, se saca cuatro duros haciendo pompas de jabón en la plaza de la Catedral cada tarde. "Con este calor no puedo respirar, si no pasa el aire... moriré", explica Kosmi.

Octavio vive en la calle y sufre los efectos del calor

Octavio vive en la calle y sufre los efectos del calor. / ELISENDA PONS

Quemaduras de los sinhogar

La fundación Arrels ya ha alertado de que varias personas que viven en la calle han sufrido quemaduras por el sol. La semana pasada atendieron a dos personas. Kosmi y Octavio combaten el calor gracias a la solidaridad vecinal. Kosmi explica que un restaurante del barrio le abre las puertas cada día durante cinco minutos. "Los trabajadores me dejan entrar y me quedo allí con el aire acondicionado: hago pipí y a los cinco minutos me tengo que ir", cuenta. Octavio, manga larga y empapado en sudor, explica que se ducha tres días a la semana en la iglesia de Santa Ana. "Es muy difícil dormir con este calor; me paso el día en el banco rezando para que pase un poco de aire -lamenta-. Este sol me matará, te lo juro".