Informe ministerial

La brecha salarial en la universidad pública española se dispara al 12%

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Un profesor imparte una clase de inglés en la UPF, en una imagen de archivo

Un profesor imparte una clase de inglés en la UPF, en una imagen de archivo / Ricard Cugat

Olga Pereda

Olga Pereda

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En las universidades públicas españolas existe una clara diferencia entre las retribuciones brutas anuales que reciben los hombres y las que reciben las mujeres. Así lo confirma un estudio oficial, que cifra en un 12,7% la brecha salarial entre profesores e investigadores y profesoras e investigadoras. El porcentaje es más elevado que el detectado en un estudio piloto realizado en 2021. En aquella ocasión, se reveló una discriminación del 10,9% en las 20 universidades que participaron.

El grueso de la diferencia no está tanto en el salario base de los profesores y las profesoras (1,8%) sino en los complementos salariales, donde casi alcanza el 20%

Casi tres de cada cuatro puestos de cátedra están ocupados por hombres. También hay más profesores titulares que profesoras titulares

El informe, que el ministro Joan Subirats ha presentado esta martes, contiene datos de todas las universidades públicas y ha sido elaboradora por investigadoras de la Universidad de País Vasco (UPV) bajo la supervisión de Pilar Carrasquer, de la Autònoma de Barcelona (UAB). El objetivo del ministerio y las universidades (la conferencia de rectores, Crue, está también detrás del estudio) es realizarlo cada tres años y ampliarlo al personal de gestión, administración y servicios. La intención es “tomar medidas” para que en los próximos años queden eliminadas las diferencias salariales.

A pesar de que la brecha salarial global del sistema universitario público español es del 12,7%, el grueso de la diferencia no está tanto en el salario base de los profesores y las profesoras (1,8%) sino en los complementos salariales, donde la fisura casi alcanza el 20% (concretamente el 19,1%).

Los complementos no son algo menor. El informe destaca que constituyen la forma a través de la cual se retribuyen los méritos investigadores y de participación en proyectos y actividades de investigación, formación y gestión. “Estos complementos suponen el mecanismo a través del cual se configura la discriminación salarial”, reza el informe. En todo caso, la diferencia del 1,8% en el salario base es una media. Hay siete universidades donde las investigadoras han constatado una diferencia de hasta el 10% en el salario base.

El informe subraya que en el inicio de la carrera profesional apenas hay diferencias salariales entre ambos géneros. Sin embargo, a medida que avanza la carrera -en torno a los 30-39 años- la desigualdad salarial tiende a su máximo. Esa es la edad a la que, de media y en todos los ámbitos profesionales, las personas se plantean tener hijos, apuntan las investigadoras. Sin embargo, “son las mujeres las que ven su carrera y su sueldo afectados”. Con el paso del tiempo, la diferencia tiende a relajarse y estabilizarse, manteniéndose en el 5%.

La desigualdad salarial tiene su pico en torno a los 30-39 años, la edad media en que los docentes se plantean tener hijos

La brecha salarial que se constata en los complementos retributivos, sin embargo, es la más significativa en todas las franjas de edades. Más de la mitad de las universidades públicas (52%) presentan una discriminación superior al 20%. Algunos centros, incluso, tienen unos valores superiores al 30%. Solo en el 23% de las facultades, la diferencia de ingresos por estos complementos es inferior al 10%.

Sexenios y proyectos

De todos los pluses salariales, los que más están relacionados con la brecha salarial son los que se reciben por sexenios (28,5%) y, sobre todo, por proyectos (47,3%). Los proyectos y los sexenios son los complementos más ligados a la progresión en la carrera académica. Los sexenios no reconocen exclusivamente la antigüedad, sino la acumulación y el reconocimiento de méritos en investigación y transferencia del conocimiento. Un porcentaje muy elevado del personal docente e investigador no cuenta con ningún sexenio, y esto se acusa más en el caso de las mujeres (65,5% frente al 59,6% de los varones). Las mujeres representan solo el 28% del personal docente e investigador con seis o más sexenios acumulados.

Casi tres de cada cuatro puestos de cátedra están ocupados por hombres

En los campus españoles hay más catedráticos que catedráticas. Casi tres de cada cuatro puestos de cátedra están ocupados por hombres. También hay más profesores titulares que profesoras titulares (estas apenas llegan al 43%). Mientras, las mujeres son mayoría en otras figuras, como las de contratado doctor (50,3%) o ayudante doctor (51%).

La Losu exige la desaparición de la brecha salarial, al igual que toda forma de acoso

Al igual que ocurre en la sociedad en general, las mujeres están más vinculadas a las Humanidades y a los grados que tienen que ver con los cuidados. En Ciencias de la Salud, hay un 53% de mujeres en los puestos de docencia e investigación. En Arte y Humanidades, el porcentaje es del 51%. Sin embargo, en las ramas de Ingeniería y Arquitectura, las mujeres solo suponen el 26% del profesorado.

La ley universitaria

Una vez confirmada la existencia de la brecha salaria entre hombres y mujeres ¿qué pasos deben tomar las administraciones? Subirats ha recordado que la nueva ley universitaria (Losu) asegura en el preámbulo que la brecha salarial se tiene que eliminar, igual que toda forma de acoso.

Los planes de igualdad de género -incluidas las medidas de corrección de la brecha salarial- son imprescindibles para que las facultades así sean reconocidas.

La normativa también insta a los centros de estudios superiores a que las comisiones de evaluación y selección de convocatorias y proyectos sean paritarias así como a promover proyectos científicos con perspectiva de género y la paridad en los equipos de investigación.

El titular de Universidades ha subrayado que el compromiso político de su departamento incluye trabajar para acabar con el acoso sexual en las universidades dado que las diferencias jerárquicas están presentes en la brecha salarial y son un factor fundamental en las situaciones de acoso, además de suponer una ralentización en la carrera docente e investigadora.