Educación y tecnologías

Directos de TikTok, juegos online y YouTube: todo lo que tu hijo hace mientras está en clase

ESPECIAL MULTIMEDIA | TIKTOK

Ahoga a tu colega hasta que se desmaye: los peligrosos retos virales de TikTok alertan a familias e institutos

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Los docentes admiten que más del 30% de los alumnos se distraen en el aula si no se vigila

Adolescentes en las redes sociales mientras están en clase

Adolescentes en las redes sociales mientras están en clase

Olga Pereda

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Mirar el Mundial a escondidas desde el ordenador de clase fue el episodio más mediático -pero apenas uno más- del descontrol digital que se vive en las aulas de secundaria, donde cada alumno suele tener su ordenador. Ahí están, como exponente del escapismo digital, los directos de TikTok que ya bullen en la plataforma y que los alumnos graban de forma clandestina desde la misma clase mientras el docente explica la asignatura que toca en aquel momento. Pero no solo eso.

Entre los 13 y los 18 años, el consumo diario de contenidos digitales alcanza las seis horas y 40 minutos

Más allá del 'género pupitre' que se abre paso en TikTok y de las fotos de Be.Real -en la que los contactos llaman a hacerse una foto en un momento determinado-, Javier Martín, alumno de bachillerato, admite que en las clases de lengua y psicología mira vídeos de YouTube o libra pulsos de juegos online desde su portátil con su compañero de pupitre. "Yo creo que la mitad de la clase están haciendo lo mismo", asegura.

Desde la pizarra, el diagnóstico es bastante parecido. "Por las caras que ponen, notas quién está a otra cosa. Si no me paseara por la clase, vigilando, alrededor del 30% del aula estaría jugando o mirando vídeos. Yo siempre les digo que se comporten, que no soy policía", coincide Montse, profesora de un instituto de Barcelona, quien afirma que los permisos para ir al lavabo cada vez son más largos. "No me extrañaría que hicieran TikToks desde allí", concluye.

“Ellos creen que no lo sabemos, pero las aplicaciones más usadas en los institutos son TikTok y BeReal”

— Oriol Pisos, profesor de ESO de La Salle Sant Celoni

Y luego está la sombra del móvil. “Ellos creen que no lo sabemos, pero las aplicaciones más usadas en los institutos son TikTok y BeReal”, coincide Oriol Pisos, profesor de ESO de La Salle Sant Celoni, centro que tiene una estricta normativa y que prohíbe que los estudiantes lleven móvil (ni siquiera en sus mochilas). “Todos sabemos que sí los llevan”, admite el docente. Este profesor reconoce que, más allá de los portátiles, controlar el 'smartphone' también es “una verdadera batalla” tanto en el patio (donde también está vetado) como en las excursiones. En clase, es habitual confiscar móviles a diario y dejarlos en secretaría hasta el fin de la jornada lectiva. 

Salvo Madrid y Galicia -donde la normativa autonómica prohíbe expresamente el uso del móvil- la regulación de las pantallas en colegios e institutos depende de los centros, que gozan de autonomía. En Catalunya, eso sí, el Departament aplica filtros a la conexión a internet de los centros educativos para impedir el acceso a contenidos inapropiados o inseguros. El filtraje en las redes lo realiza el CTTTI con la supervisión de la Agencia de Ciberseguridad. Más allá de los contenidos inapropiados, hay centros que vetan webs concretas que son una verdadera puerta abierta a la desconexión, como Whatsapp web.

De hecho, el estudio ‘Las TIC y su influencia en la socialización adolescente’, realizado en 2019 por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, confirmó que el 15% del los adolescentes entre 14 y 16 años “están pendientes” del móvil en clase. En centros en los que la conexión a internet no está disponible para los alumnos, el 22% confiesan que piratean la clave para acceder. 

Buen uso de la tecnología

El profesor de La Salle Sant Celoni reivindica “la dedicación y el trabajo” como parte imprescindible de la vida escolar y pone de manifiesto la sensación de que las nuevas generaciones se esfuerzan menos. Sin embargo, deja claro que un buen uso de la tecnología puede ser muy beneficioso y apuesta por un término medio, que no sea ni la permisividad total ni la prohibición total.

Con el objetivo de tener un buen ambiente de clase y ganarse la confianza de sus alumnos adolescentes, Pisos es partidario de conceder, de vez en cuando, manga ancha y “jugar” con los chavales. El año pasado, protagonizó un vídeo de TikTok con sus alumnos que llegó a los dos millones de visitas. “Quizá se me fue de las manos. Qué vértigo, no haré ninguno más”, confiesa entre risas.

Mucho más crítico con el uso de la tecnología en la jornada escolar es el profesor de secundaria Andreu Navarra, divulgador y autor de ‘Devaluación continua’. “Los estudiantes hacen de todo, desde un directo en TikTok hasta grabar a sus profesores y fabricar memes. Hay hasta quien ve películas”, critica.

"Con pantallas no se aprende, pero, claro, los alumnos ahora van a la escuela no a aprender sino a ser felices"

— Andreu Navarra, profesor y divulgador

Navarra considera que estamos delante de "un problema pediátrico de salud pública" y achaca el abuso de pantallas por parte de los alumnos a la digitalización oficial que viven las escuelas. “Con pantallas no se aprende, pero, claro, los niños y las niñas ahora van al colegio no a aprender sino a ser felices. La esencia de la escuela ha sido saqueada. Así tienen la atención como la tienen. No aguantan ni una película entera”, sostiene Navarra, quien critica que las autoridades educativas hayan abierto la puerta de manera “acrítica” a las grandes tecnológicas y que los menores se hayan convertido en “una fábrica de datos, que son el petróleo del siglo XXI”. “Los planes de fomento de la lectura se tiene que hacer con libros, no con pantallas”, concluye.

"No podemos ser tecnobóficos. Los centros educativos no deberían ser burbujas antidigitales"

— Héctor Gardó, doctor en Ciencias de la Educación

No dejar a nadie atrás

Sin embargo, Héctor Gardó, doctor en Ciencias de la Educación y jefe de proyectos de la Fundació Bofill, pide que la comunidad educativa tenga una posición "prudente y curiosa" ante el uso de la tecnología. "No deberíamos ser ni fanáticos de los dispositivos ni prohibitivos. No podemos ser tecnofóbicos", añade tras dejar claro que, efectivamente, es imprescindible conocer los riesgos que conlleva la digitalización: falta de privacidad, falta de atención o concentración y posibles adicciones.

Respecto a las voces que claman por un veto a la tecnología, Gardó advierte de un efecto adverso que tiene que ver con la equidad. "Los hijos de familias de clase media y media-alta tendrán un acompañamiento digital en sus casas, pero los de renta media-baja o baja se quedarán fuera y serán analfabetos digitales. Por eso los centros educativos no pueden ser burbujas digitales", concluye.