Violencia sexual

"Todos los alumnos vimos el vídeo de la agresión": los días más difíciles en el instituto de Badalona

El centro al que asisten el hermano de la víctima y uno de los acusados de la agresión aborda la violencia sexual con los adolescentes, muy tensionados por los acontecimientos

Educació se reúne con las escuelas de los implicados y la víctima, tres meses después de que se presentara la denuncia

Concentración en Badalona

Concentración en Badalona / ACN

Elisenda Colell

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"Sí, claro, todos vimos el vídeo", responden sin tapujos y al unísono una decena de alumnos de segundo de la ESO del instituto de Badalona al que asiste el hermano de la niña de 11 años que sufrió una agresión grupal en el centro comercial Magic, y en el que también estudia uno de los presuntos autores. El colegio está vigilado por una patrulla de los Mossos d'Esquadra desde primera hora de la mañana para proteger al hermano de la víctima, quien hizo saltar las alarmas y ha acabado recibiendo amenazas de muerte. El presunto autor de las coacciones acaba de entrar en un centro de Justicia Juvenil. Mientras todo esto ocurre, decenas de alumnos acuden a clase en un instituto que hoy parece una olla a presión y en el que se han empezado a tomar medidas tres meses después de que se presentara la denuncia. El mismo tiempo que ha tardado el Departament d'Educació en reunirse con los diferentes centros a los que acuden los presuntos agresores y la víctima, que va a primaria. Es evidente que todo se ha hecho mal y tarde.

Son las ocho de la mañana y este centro de máxima complejidad empieza a recibir sus primeros alumnos. Un grupo de adolescentes se sientan en un escalón. Se saludan chocándose las manos. Van a segundo de la ESO, a juzgar por los libros que llevan bajo el brazo. Entre evasivas y recelos, terminan por explicar que ellos también han visto, y compartido, el vídeo de la agresión sexual a la niña de 11 años en el centro comercial Magic de Badalona el pasado noviembre. Son chicos y chicas de 13 años. "Lo pasaron por un grupo de Telegram, estaba todo el mundo. Lo vimos y algunos se lo descargaron", explican.

El vídeo, que pasó inadvertido entre el personal docente, corrió sin embargo como la pólvora entre el alumnado durante los meses de noviembre y diciembre sin que por ello se activara ninguna alerta. El contenido, finalmente, llegó a oídos del hermano de la víctima, también alumno del centro, a mediados de diciembre. Fue entonces cuando el chaval expuso en casa lo que le habían explicado, y la menor -que había explicado los hechos a un agente de seguridad del centro comercial sin que le hiciera caso- compartió lo que le había sucedido. En diciembre, la familia denunció los hechos ante los Mossos d'Esquadra, que terminó de identificar a todos los agresores a mediados de febrero. Ahora, en marzo, tres meses más tarde, la escuela se ha reunido con la familia afectada, aborda el tema y Educació se reúne con las escuelas implicadas.

Afloran más casos

"No nos han quitado los móviles para revisar quién había compartido las imágenes, pero nos han insistido en que hacerlo está mal", explican los adolescentes, que aseguran que esta misma semana los profesores del centro han decidido hablar sobre violencia sexual y ciberviolencia a los alumnos. No ha sido una charla fácil. "Una niña de la clase levantó la mano y dijo que a ella también le habían hecho algo parecido", cuenta un alumno. La clase enmudeció. La chica explicó que había sufrido la agresión en enero y que los acosadores la habían seguido hasta la entrada del instituto. A los Mossos no les consta ninguna denuncia por este hecho. Sea como sea, no estaría relacionada con los implicados en la agresión del centro comercial.

Lo que es evidente es que, en cuanto se trabaja y se tratan las violencias machistas y sexuales, los casos afloran. Es por ello que los expertos insisten en la necesidad de tratar la educación afectivo-sexual en las aulas de forma inmediata, urgente y transversal. El consenso general es que, en esta cuestión, en Badalona y en todas partes, vamos muy tarde.

"No digas nada, a ver si te van a hacer daño a ti", advierte un alumno a otro, a las puertas del centro. Entre los chicos hay mucho miedo a hablar de este caso y de lo que ocurre en la escuela. La tensión puede mascarse. "Si, uno de los niños acusados va a nuestra clase, pero ahora lo han aislado en un despacho", explican. El chico es menor de 14 años, y por lo tanto, inimputable judicialmente.

El Departament d'Educació, que este viernes se ha reunido con los centros escolares a los que asisten los implicados y la víctima, ha recordado que no se pueden aplicar medidas de exclusión de las aulas a menores inimputables, ya que se vulneraría el ordenamiento jurídico. No han explicado como resolverán la situación en la que, de momento, el menor implicado permanece aislado en un despacho, a la espera de que la familia dé luz verde a un cambio de instituto. La 'conselleria' se ha limitado a informar de que, a través de Inspección, se han dado instrucciones a los centros para seguir el protocolo de actuación con menores de 14 años en situaciones de conflicto o comisión de una infracción penal.

Referentes y detección temprana

En Badalona estos días no se habla de otra cosa. Una pregunta retumba entre las entidades de atención a la infancia en la ciudad. "¿Qué hemos hecho como sociedad para que unos niños de 13 y 14 años no tengan nada mejor que hacer una mañana de sábado que ir a un centro comercial y agredir a una niña? Es un problema muy complejo y no hay respuestas simples. Pero lo que es evidente es que no es un caso aislado, sino que nos pone ante el espejo de qué estamos haciendo mal los adultos, ellos son niños y al final absorben el mundo que les mostramos", afirma una educadora de la zona, bastante preocupada.

"La falta de extraescolares y actividades de ocio, el déficit de referentes educativos, la pobreza infantil y la falta de políticas reales para la crianza tiene consecuencias", apunta. La realidad es que, en los barrios más deprimidos de Badalona, las plazas en los servicios educativos gratuitos para las familias son limitados y la falta de recursos en los servicios sociales dificulta que las familias y los menores que lo necesitan puedan participar en estos espacios educativos, muy útiles en el acompañamiento, prevención y detección temprana.

"Hay que pensar que las conductas sexuales violentas no aparecen de la nada. Hay una fase previa de contactos, conductas y comentarios inadecuados que pasan inadvertidos... y luego ya llegamos tarde", resume una experta en atención a la violencia sexual, que pide huir de la lógica punitiva y apostar por la reeducación de los adolescentes.