Atención a la dependencia
Estos son los horarios de los cuidadores de las residencias: "Falta una persona más por turno"
Los trabajadores de los geriátricos llevan años reclamando más personal para atender el aumento del estado de dependencia de los ancianos
Según cálculos del sector, para las tareas diarias de un centro hace falta al menos un trabajador a media jornada más por cada 12 residentes

BARCELONA 21/10/2022 Sociedad. Residencia de mayores Gure Etxea. Auxiliares cuidado de los internos en las salas comunes. FOTO de ZOWY VOETEN / ZOWY VOETEN

No hay debate. Las ratios de trabajadores de atención directa en los geriátricos están completamente obsoletas. La falta de personal clama al cielo, según vienen denunciando en la última década los sindicatos, pero también las patronales del sector. La Asociación Catalana de Directores de Centros de Atención a la Dependencia Gerontológica (ASCAD) pone por primera vez datos a la falta de personal. Para hacer todas las funciones básicas que necesitan 12 personas dependientes se tardan 16 horas, pero los turnos se estructuran en 11 horas. "Faltan manos", concluye Andrés Rueda, el presidente de esta entidad. "No damos abasto, vamos como pollo sin cabeza", explica una trabajadora de una residencia que prefiere permanecer en el anonimato.
Las ratios mínimas de contratación de personal de la residencias se fijaron en un decreto de la Generalitat del año 2000. En aquel momento la realidad de las personas dependientes era muy distinta a la actual. Muchos de los ancianos eran totalmente autónomos: podían caminar solos y valerse por sí mismos para actividades diarias como ducharse o vestirse.
Hoy, la realidad de los centros es muy distinta. Ello se explica por la crisis económica, la ley de la dependencia de 2010, las listas de espera y el aumento de la esperanza de vida. Las familias deciden ingresar a las personas mayores en las residencias cuando la situación en casa es ya insostenible y no se pueden hacer cargo de ellos: las residencias privadas cuestan cerca de 3.000 euros al mes. Además, las largas listas de espera del sistema público hacen que los ancianos lleguen muy deteriorados y se prioricen los casos de mayor necesidad. Un ejemplo: según un estudio hecho en Catalunya, la mortalidad de las residencias ha pasado de situarse en el 11,7% del 2011, hasta el 20,5% en el 2017.
Un año y medio en la residencia
ASCAD tiene datos del estado actual de dependencia de los ancianos en los centros. El 91% necesitan ayuda o vigilancia en sus desplazamientos. Dos de cada tres solo pueden moverse en silla de ruedas y uno de cada tres usa caminadores, bastones o muletas. El 94% tiene trastornos cognitivos, ya sean demencias, senilidad o trastornos de conducta relacionados con enfermedades como el alzhéimer. El 100% tiene incontinencia, ya sea por que necesitan estrategias para controlar la orina o, en los casos más graves y comunes, tienen incontinencia urinaria y anal. Por ello, el 86% necesitan pañales, que a su vez los cuidadores tienen que ir cambiando a lo largo del día. La mitad de los ancianos precisan ayuda para comer o deben ingerir triturados. En conclusión, el 45% de los residentes mueren después de un año y medio de llegar al geriátrico.
Ante esta situación de gran dependencia, los cuidadores deben estar pendientes en todo momento de ellos. En una unidad de 12 ancianos trabajan 3 profesionales de atención directa, según estipula la ratio actual de la Generalitat, en turnos de 11 horas. Si tenemos en cuenta los cálculos de ASCAD, tardan más de mil minutos, 18 horas, en acompañar las tareas diarias de los residentes. "Deberíamos poder contratar una persona más, los números no salen, hay que actualizar las ratios y mejorar la financiación", explica Rueda. Además, hay que tener en cuenta que muchas de estas tareas no las puede hacer un sólo trabajador, por el peso que implica tener que mover a las personas que deben permanecer en la cama.
La realidad es que las trabajadoras que atienden a los residentes, las gerocultoras, no dan abasto. "No tenemos ni un minuto para respirar, y cuando una falla porque está de baja... eso es el infierno", sigue una trabajadora desde el anonimato. El personal no sólo está exhausto. Es que llevan dos años conviviendo con el coronavirus y el miedo a infectarse, o poner en riesgo a sus familiares. "Este modelo ha quebrado, no se sostiene", resume Jaume Androver, responsable del sindicato UGT.
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