21 oct 2020

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CRISIS SANITARIA INTERNACIONAL

El coronavirus duplica la media de mortalidad en los geriátricos catalanes

El covid-19 agrava las carencias en los centros, que antes de la pandemia ya acusaban los efectos de los recortes

Los expertos piden más gasto sanitario en estos centros para alargar la esperanza de vida de los más mayores

Elisenda Colell

Personal sanitario realiza test a residentes de un geriátrico de El Prat. 

Personal sanitario realiza test a residentes de un geriátrico de El Prat.  / FERRAN NADEU

La pandemia del coronavirus ha entrado en los geriátricos y ha arrasado cientos de vidas. En Catalunya, la mortalidad de los ancianos que viven en centros para la tercera edad se ha duplicado desde el inicio de la pandemia, si se tiene en cuenta la media anual del año pasado. Un hecho que ha obligado a reforzar la presencia de equipos sanitarios. Sin embargo, el sector ya llevaba años reivindicando más médicos y enfermeras en estas residencias, consideradas, por muchos, el último eslabón del sistema social y sanitario.

EL PERIÓDICO ha tenido acceso al estudio, titulado 'Lo que yace debajo: características clínicas y de uso de recursos de personas mayores institucionalizadas', encargado por la Conselleria de Salut, que avala estas demandas. Si en el 2011, morían el 11% de ancianos residentes en geriátricos, en el 2017 la tasa de mortalidad superó el 20%. "Debemos plantearnos muy seriamente qué atención médica se merecen estas personas, cuyo perfil y vulnerabilidad se han ido agravando a lo largo de estos años", sostiene el autor del estudio, el doctor Jordi Amblàs.

Durante el primer mes del estado de alarma, en Catalunya el coronavirus sesgó 1.810 vidas en los geriátricos catalanes, con una media de casi 65 muertes diarias. Sin embargo, según datos de la Conselleria d'Afers Socials, el año pasado murieron 10.979 ancianos en los geriátricos, una media de 915 mensuales y 30 diarios. Teniendo en cuenta estos datos, se registraron el doble de fallecimientos que de mediana. Unos datos que hicieron estallar al sector, pidiendo la intervención de Salut, que redobló la presencia de médicos y enfermeros y facilitó equipos de protección y tests.

Demanda recurrente

Una demanda, la de tener más personal médico, que no era nueva. Porque precisamente los geriátricos llevan más de una década viendo cómo la mortalidad no hace más que incrementarse, mientras aguantan las políticas de recortes traducidas en una congelación de recursos públicos, plazas y ratios de profesionales, y una presencia cada vez mayor de fondos de inversión y empresas de la construcción en la gestión de los cuidados

Esta realidad la pone de relieve el primer estudio en Catalunya y uno de los pocos a nivel europeo de estas características que próximamente se publicará en la revista científica 'BMC Geriatrics', que a petición de la Conselleria de Salut ha estudiado cómo ha evolucionado la salud de los ancianos en las residencias durante seis años, en comparación con los que no viven allí. Mientras que la tasa de mortalidad de la población de más de 65 años que no está en residencias se ha mantenido en el 3% del total, en los geriátricos la mortalidad ha pasado de situarse en el 11,7% del 2011, hasta el 20,5% en el 2017.

"Las personas que viven en las residencias son cada vez más vulnerables, pero el gasto sanitario es el mismo, es la prueba del algodón de que el Estado del bienestar les ha fallado, de que funcionaba a medias", valora el doctor Amblàs, vicepresidente de la Sociedad Catalana de Geriatría y Gerontología y miembro del programa de prevención y atención a la cronicidad del Departamento de Salut de la Generalitat.

Congelación

El informe revela que la población de los geriátricos registra hoy más muertes, pero también más enfermedades. Prácticamente la mitad de los internos tiene depresión, demencias, enfermedades musculares y óseas, y uno de cada tres sufre enfermedades crónicas o problemas cardíacos. Unas tasas, las de las enfermedades en las residencias, que han ido creciendo a lo largo de los últimos siete años, mientras que entre los abuelos que vivían en sus hogares los porcentajes eran menores. "Desde la crisis, las familias han ido sacando a los familiares de las residencias si estaban bien. Ahora llegan ya muy enfermos, la mitad de ellos está en su último o penúltimo año de vida", cuenta Amblàs. 

Sabiendo esta realidad, ¿qué respuesta dio la Generalitat, por entonces presidida por Artur Mas y, después, por Carles Puigdemont? Congelaron las ratios de profesionales y los pagos a los geriátricos públicos, las plazas de residencias públicas aumentaron tan solo un 8% y Catalunya se situó entre la comunidad con más listas de espera de toda España. Mientras, el Gobierno de Mariano Rajoy reducía y recortaba su inversión correspondiente a la dependencia, que no llegaba al 20% del gasto, mientras que la ley dicta que debía de asumir un gasto el 50%. A falta de médicos en los centros --las ratios marcan 14 minutos al día de enfermero y medico por anciano--, según este informe, en el 2017 casi la mitad de los ancianos de geriátricos fueron al hospital de urgencias, donde permanecieron tres días de media.

No más fallos

"Iban tanto al ambulatario como el resto de la población, cuando empeoraban se les trasladaba al hospital, y muchos acababan muriendo allí", cuenta el doctor. ¿La mortalidad ha aumentado debido a la falta de profesionales y de recursos? "Es una hipótesis, lo que sí sabemos es que hay que evitar todas las muertes posibles, y que estas sean dignas, no en una cama de urgencias a las tres de la mañana", añade Amblàs. 

"Hemos consierado las residencias como centros sociales, sin presencia de enfermería las 24 horas del día, pero quien vive ahí tiene una enorme carga de enfermedades y hay que reforzar la atención médica", coincide Jose Augusto García, presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología.  Inevitablemente, una mejora de la atención médica en los geriátricos tiene unos costes millonarios para la Generalitat. "Habrá que afrontarlo, y más si en otoño puede haber rebrotes. El sistema ya les ha fallado una vez, no nos podemos permitir que vuelva a ocurrir", añade. "Como sociedad, debemos preguntarnos si estamos dispuestos a pagar más para mejorar la vida de estas personas tan vulnerables, depende de las prioridades presupuestarias", sentencia el doctor Amblàs. "