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España, un país innovador

El pasado 7 de octubre del 2021 arrancó la ronda con la que Futuribles ha recorrido diez comunidades autónomas para llevar a todos los rincones de España el debate sobre el estado de la innovación en nuestro país

España, un país innovador

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Francisco Marín | Director del proyecto Futuribles

en esos días hemos tenido la oportunidad de contar y escuchar a miles de ciudadanos, a través de los medios escritos y audiovisuales, lo más importante para cada territorio del relevante papel que juega la innovación en la creación de riqueza y sostenibilidad de un estado de bienestar para nuestros ciudadanos.

Esta iniciativa, propulsada por Prensa Ibérica, ha reunido a presidentes autonómicos, ministras del Gobierno de España, alcaldes de las ciudades innovadoras, consejeros, secretarios generales, empresarios, rectores y un gran número de expertos en los distintos campos en los que la innovación tiene algo que contar: el automóvil, el turismo, el agro, las energías renovables, la generación del talento, las telecomunicaciones y un largo etcétera.

Y ahora toca cerrar en Madrid y cubrir once comunidades autónomas de nuestro país. Y, con la perspectiva de estos nueve meses de recorrido, me atrevo a decir que muchas cosas están cambiando desde que arrancamos. Hemos nacido como proyecto bajo el impulso del programa ‘España puede’ que en esas fechas acababa de ser aprobado por la Comisión Europea. Ese programa - la respuesta de nuestro país a los fondos europeos Next Generation EU- tiene, como era exigido por sus patrocinadores, dos vertientes principales: las reformas estructurales para convertir Europa en una sociedad altamente competitiva y las inversiones que deben llevar a nuestras sociedades a ser agentes innovadores en el marco de los grandes centros del planeta, EEUU y China.

Pues bien, en estos nueve meses hemos podido contar, y es necesario reconocerlo, los importantes pasos que se han dado con la formulación de un amplio conjunto de reformas legislativas, todas ellas pendientes de su conclusión parlamentaria. Las leyes que afectan a los ámbitos de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación, al Fomento del ecosistema de las empresas emergentes, a la Formación Profesional o a la reforma Universitaria son algunas de las buenas muestras de este importante esfuerzo reformador. Ellas, acompañadas del muy acertado diagnóstico sobre la Reforma Fiscal para la I+D, constituyen un entramado de cambios que, de culminarse con acierto, asegurarán la transformación que estábamos demandando desde hace mucho tiempo.

En el ámbito de los proyectos de Inversión, la formulación, por parte del Gobierno, de trece PERTES, propuestas que cubren desde el vehículo conectado hasta los microchips, pasando por el espacio, el agro o la lengua, con un esfuerzo inversor por encima de los 70.000 millones de euros, constituye el mejor programa de cambio que ha vivido España en las últimas décadas. Ahora estamos, como en el caso de las leyes, en el momento crítico en que hay que pasar del texto a la acción, es decir, de terminar su definición y arrancar su explotación para el buen fin al que han sido concebidos.

Y este es el verdadero nudo gordiano que hay que desatar en los próximos meses. Las leyes tienen pendientes, a pesar de su indudable buena voluntad inicial, unas mayores cuotas de ambición reformista. Es obvio que con su aprobación no se dará por terminada ninguna tarea y que será necesario, sin darse un solo día de descanso, ponerse a elaborar el siguiente paso de cambio que nos lleve, como sociedad avanzada, a disponer de la regulación que acelere y no impida el progreso.

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En el ámbito de los proyectos de inversión, su gestación tímida en los terrenos de gobernanza y, sobre todo, la permanencia de restricciones en los formatos de sus convocatorias, sometidas a las limitaciones de las Ayudas de Estado de la Comisión Europea, están haciendo que las enormes esperanzas depositadas en ellos se estén enfriando, a pasos agigantados entre las empresas. Estamos a tiempo de corregir estos aspectos, no olvidemos que el programa termina el año 2027, y si no lo hacemos caerá sobre nosotros la terrible responsabilidad de no haber aprovechado el mejor momento transformador que Europa nos ha puesto como reto a esta generación.

De verdad, de eso se trata, de salir de la pandemia, la indeseable guerra de Ucrania, de la batalla contra una inflación traicionera, con un país distinto, un país innovador, como nos merecemos sus ciudadanos.