Barcelona registra 34,4 grados

Catalunya bate su récord de calor en un mes de mayo

Los 'refugios climáticos' no han abierto porque el protocolo de la Generalitat no contempla activarlos hasta el 15 de junio

Zowy Voeten

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Alba Casanovas Torre
Alba Casanovas Torre

Periodista

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En tiempos excepcionales, el mes de mayo no ha querido pasar inadvertido y se ha disfrazado de agosto. La normalidad ha vuelto a saltar por los aires este fin de semana: Catalunya ha vivido la ola de calor más prematura de los últimos 10 años y ha batido el récord de temperatura máxima para esta época del año desde 2012, cuando en Vinebre se registraron 38,2 grados centígrados. La localidad de la Ribera d'Ebre cede el testigo a Siurana, donde la estación del pantano del Priorat ha alcanzado este domingo a las 15.30 horas los 38,4 grados.

Barcelona también ha tocado techo. Es más, ha pulverizado una serie de 109 años de historia. El termómetro del Observatori Fabra, en el Tibidabo, ha marcado 34,4 grados, un valor que supera en un grado exacto al que registró el 31 de mayo de 2001 (33,4ºC). Además, el bochorno ha elevado la sensación térmica en la ciudad hasta unos tórridos 38º. Este insólito episodio de canícula ha conseguido algo que pocas veces sucede: ha intimidado a los barceloneses y a los turistas, que han optado por una jornada sosegada y tranquila de recreo en lugar de llenar las playas de la ciudad

Alivio en el centro de la ciudad

Con sus pompas de jabón, Michael ha convertido el paseo Lluís Companys en un oasis. El hombre indicaba a los allí congregados dónde ponerse y cómo capturar un momento idílico para ganarse una buena propina. Sin embargo, lo que más deseaban ellos era que las decenas de burbujas que flotaban en el caluroso ambiente tocará cualquier parte de su sudada piel. Ni que fuera solamente una, se daban por consolados.

Las fuentes y las sombras, como agua de mayo

Qué alivio, como el que sentían los perros, metidos hasta la cabeza en las fontanas del Parc de la Ciutadella. De agua seguía yendo la jornada porque las fuentes eran, junto con las sombras de los árboles, lo más buscado en el parque público.

Se daban dos situaciones: los barceloneses acudían a ellas para remojarse la nuca y las manos. Como mucho hacían unas gárgaras, pero la devolvían al suelo. En cambio, los visitantes se amorraban a ellos sedientos y, al cabo de unos segundos, arrugaban el ceño tras descubrir su peculiar gusto. Además, el calor extremo había anulado su frescura y de poco servía tragarla.

Mucho recreo, pero sin 'refugios climáticos'

Acudir a un 'refugio climático' podría haber sido otras de las alternativas para resguardarse de las intensas temperaturas en Barcelona. El proyecto de red metropolitana de recursos climáticos de Catalunya nació a raíz de otra ola de calor y se estrenó en julio de 2021.

Pese a que hace más de una semana que las previsiones meteorológicas anunciaban el fuerte pico de calor que ha achicharrado a todo el territorio, estas instalaciones y equipamientos finalmente no han podido abrir este fin de semana porque el protocolo, establecido por la Generalitat, dice que solo pueden funcionar entre el 15 de junio y el 15 de septiembre.

Por contra, el protagonismo lo ha cogido el concepto 'slow life', que imperaba en el centro de la ciudad. Dónde es habitual ver gente haciendo deporte de alta intensidad, este domingo predominaban las sesiones de yoga y de meditación, así como los paseos calmados y los picnics con los pies descalzos.

Lleno en los chiringuitos

Los termómetros instalados en playas no funcionaban. Quizás para no asustar a la gente que, cuando entraban en ellas, corría como posesa para no quemarse los pies. Sorprendentemente, los arenales no estaban abarrotados. Es más, ni de lejos han hecho el lleno que consiguieron durante el fin de semana del primero de mayo, cuando Barcelona dio la bienvenida a la temporada estival. Los que funcionan ya a pleno rendimiento son los chiringuitos: no había ninguna mesa vacía, ni sin una cerveza, una clara o un mojito bien helados.

Turistas contentos (y con quemadas)

La Semana Santa ya corroboró que el turismo ha vuelto Barcelona tras dos años de pandemia. Ahora ha reaparecido una tendencia que el covid arrinconó: la de los turistas caminando por Barcelona con bañador y sin camiseta, una conducta que la Guàrdia Urbana multa. Sin embargo, se puede mirar hacia otro lado cuando el calor hace estragos.

Entre todos los turistas de la Barceloneta, Lydia Adams sobresale más que el resto. Mueve de manera estridente un llamativo abanico de color bermellón y topos blancos y suspira con el mismo brío. "Hemos venido por el buen clima, pero nos esperábamos unas temperaturas tan altas. No estamos acostumbrados a sudar tanto", confiesa, a la vez que explica que ha venido a pasar cuatro días a Barcelona con la familia desde Bélgica.

Su afirmación coincide con la de muchos otros turistas. "Estamos de vacaciones, así que tampoco lo estamos pasando mal", explica Thomas Dotter, un sueco al que, como a sus amigos, el sol le ha causado una mala jugada y regresará a Estocolmo con la espalda y los hombros bien quedamos.

Badalona propone avanzar la temporada de verano

Las playas de Barcelona no se han llenado, pero las de Badalona han tenido una alta afluencia con más de 10.000 personas durante todo el fin de semana. En este sentido, el alcalde de la ciudad, Rubén Guijarro, propone avanzar la temporada de verano a partir del próximo año.

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"En la mayoría de ciudades de la costa del Maresme comienza el cinco de junio, pero está bien claro que las altas temperaturas hacen que la afluencia sea grande. De cara a próximos años, se tendría que avanzar a la tercera semana de mayo", ha sugerido este domingo.

Las temperaturas se desploman este lunes

Este fin de semana de mayo de 2022 pasará a la historia de la meteorología y el debate del cambio climático volverá a la palestra, de donde no debería salir. Las temperaturas bajarán tal y como subieron el jueves: se desplomarán entre 10 y 15 grados a partir de este lunes. El martes, además, los cielos se teñirán de nubes y lloverá en gran parte de Catalunya.