REIVINDICACIÓN HISTÓRICA

Los vecinos de Montcada celebran el paso adelante para cerrar la cementera

El TSJC ordena a la Generalitat preparar el cierre de la fábrica por la nula autorización ambiental concedida por parte de la antigua Conselleria de Territori i Sostenibilitat

"El debate no es si la chimenea cumple con los estándares; es chimenea, sí o chimenea, no, y lo tenemos claro: chimenea, no", señala un padre del colegio a 150 metros de la mastodóntica instalación

Fábrica de cemento de Asland en Montcada

Fábrica de cemento de Asland en Montcada / FERRAN NADEU

Helena López

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La petición del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) a la Generalitat para que vaya "adoptando medidas de clausura y precinto de la actividad" de la cementera Lafarge en Montcada i Reixac a la espera de que la justicia confirme su cierre definitivo ha desatado la alegría en esta históricamente maltratada localidad del área metropolitana de Barcelona. Especialmente en el barrio de Can Sant Joan, uno de los que registra los peores índices de vulnerabilidad de la franja del Besòs y desde donde llevan décadas luchando contra la mastodóntica fábrica y sus humos, bajo cuya sombra han crecido varias generaciones de chavales. Un nuevo paso adelante en la (larga) lucha de David contra Goliat.

El Institut Escola Viver es un centro de máxima complejidad que se levanta a 150 metros de la gigantesca chimenea. Una escuela de la que forman parte más de 450 familias, que ven, según explica Antonio Alcántara, padre de dos alumnos del centro, "como un barrio pobre se tiene que comer toda la contaminación que genera una multinacional cuyos beneficios se van muy lejos de aquí". "Vemos cómo el Estado del bienestar no es garante de los derechos más básicos de muchos niños y niñas, que en cambio se ven obligados a respiran cada día en el patio del colegio los residuos de una gran multinacional a la que nadie para los pies", prosigue el padre y activista vecinal del barrio, contento del importante paso adelante dado, fruto de la tenaz lucha vecinal del enclave. "No se trata de debatir si la chimenea cumple o no con los estándares. El debate es chimenea, sí; o chimenea, no, y nosotros decimos chimenea, no", resume sin medias tintas el también miembro de la peleona asociación de vecinos de Can Sant Joan.

Obligada prudencia

El veterano activista vecinal del barrio y gran luchador contra la cementera, José Luis Conejero, responde al teléfono "contentísimo". "Contento y liado", bromea acto seguido el portavoz de la Plataforma Anti Incineración, quien deja claro desde el inicio de la conversación que "aún falta para cerrarla". "Hay una sentencia a nuestro favor, pero hasta que se resuelva el recurso de casación que han interpuesto no se podrá cerrar. Yo hasta que no la vea cerrada, no me lo creeré", continúa en un tono, eso sí, exultante. Pese a la obligada prudencia tras tantos años de lucha, confiesa feliz que cada vez lo ve más cerca.

"Hemos picado mucha piedra. Mucha. Este mismo lunes empapelamos toda Montcada con un comunicado. Llevamos 15 años sin parar", señala. De hecho, más de 15. La semilla del movimiento se sembró en 1978, con una primera manifestación en la que cortaron la C-52, cuando aún no estaba la autopista. "Con ella lograron que se pusieran los primeros filtros", prosigue.

Anécdotas sobre estos lustros de lucha tiene las que uno este dispuesto a escuchar. "En la carretera de La Roca pusieron un sitio para lavar coches y tenían una oferta especial para quitar el cemento", apunta el vecino, quien también recuerda cómo muchas veces tenían que lavar la ropa dos veces porque al estar tendida se llenaba de cemento y "quedaba hecha una porquería".

De cementera a incineradora

"En 2006 nos enteramos de que la Agència Catalana de l'Aigua y la cementera habían firmado un acuerdo para que esta hiciera de incineradora. Aquí empezamos otra lucha. A hacer alegaciones, manifestaciones de más de mil personas, escritos, charlas, recogimos miles de firmas, nos reunimos con la Generalitat, con el Ayuntamiento de Montcada... y el movimiento se hizo más fuerte", relata Conejero, a quienes todos en el barrio conocen como 'el Maño'. "Ni queríamos la fábrica, ni queríamos la incineradora", concluye insistiendo en que numerosos estudios universitarios defienden que en un radio de entre cuatro y cinco kilómetros alrededor de una cementera su contaminación provoca un riesgo más elevado de cáncer.

El citado auto del TSJC que ha desatado el optimismo en Can Sant Joan llega después de que el Tribunal Supremo (TS) declarara firme la sentencia por la que el TSJC declaró nula la autorización ambiental concedida a la fábrica por parte de la antigua Conselleria de Territori y Sostenibilitat. Pero, como no se cansa de repetir Conejero, los magistrados aplazan la orden del cierre definitivo a la espera de que el TS resuelva el recurso de casación presentado contra una segunda sentencia del TSJC, dictada en octubre de 2021, que también declaró la nulidad de esa misma autorización.