La educación en Catalunya

El nuevo modelo educativo: alumnos preparados para resolver problemas del día a día

  • "¿Podemos considerar aprendizaje lo que se memoriza para un examen y luego se olvida?", cuestionan desde Rosa Sensat

Alumnos del Instituto Jaume Cabré de Terrassa, un centro que ya trabaja con el sistema competencial.

Alumnos del Instituto Jaume Cabré de Terrassa, un centro que ya trabaja con el sistema competencial.

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Montse Baraza
Montse Baraza

Periodista

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Respaldada por la nueva ley educativa, la Lomloe, también conocida como 'ley Celaá', Catalunya pone el turbo en la aplicación del modelo educativo por competencias. Un modelo más o menos asentado en la primaria, poco implantado aún en la ESO y desconocido en el bachillerato. Catalunya ya lleva desde 2015 transitando por esta vía. Pero los nuevos currículums de estas etapas que está diseñando el Departament d'Educació buscan extender y consolidar esta manera de enseñar y de evaluar en función de las competencias que ha adquirido un alumno. Un modelo que huye de los exámenes memorísticos, reproductores y de las notas tradicionales.

"Se trata de capacitar para alcanzar conocimientos, habilidades, actitudes que perduren, transferibles, que el alumno sea capaz de utilizar con éxito en contextos reales. ¿Podemos considerar aprendizaje lo que se memoriza para pasar un examen para olvidarlo en unos días?", resume Marc Beltran, miembro del grupo Avaluar per Aprendre de la Associació de Mestres Rosa Sensat.

Como pasa ante todo cambio importante, y este lo es, la sociedad se pregunta si este modelo tiene menos contenidos, baja el nivel, es menos exigente o no fomenta el esfuerzo. Los pedagogos consultados rechazan de plano estas reticencias. Lo explica Beltran utilizando el símil de una escalera en la que si los escalones son muy altos, no todos podrán subirla, pero si son más accesibles, sí.  "Los contenidos siguen apareciendo aunque actualizados y se han priorizado. Además se requiere que sean aplicados, no únicamente memorizados. Bien entendido, la complejidad y esfuerzo que requiere para el alumno es mayor. No es hacerlo más fácil. El reto en el aula es cómo facilitar que todos los alumnos puedan desarrollar al máximo sus capacidades, no que todos lleguen a un mismo máximo. Porque es en la práctica donde el currículo cobra sentido. Hay que reducir los niveles de abandono escolar y aumentar el interés por seguir estudiando", señala Beltran.

Preparados para el mundo actual

César Coll, catedrático de Psicología Evolutiva de la Educación y uno de los coautores de la Lomloe, sitúa el nuevo modelo en un mundo que ha cambiado y con él, los retos y la formación. "Los retos son globales y con una traducción local. Se ha de formar a las personas para que desarrollen competencias que les permitan hacer frente a esos problemas", argumenta. "El perfil de salida del alumno ha de ser el de una persona preparada para afrontar los retos actuales".

Coll niega rotundamente que el modelo competencial suponga bajar el nivel. "Para afrontar retos se necesita una cantidad importante de conocimiento. Por ejemplo, para solventar el problema de la sostenibilidad, se necesitan muchos conocimientos de historia, de biología, de ciencia, del contexto. No es cierto que se vacíe de contenidos el currículum ni que los conocimientos competenciales signifiquen tener menos conocimientos. Al contrario, los conocimientos competenciales requieren muchos saberes", insiste.

Adiós al "eterno suspendido"

Otra de las claves del modelo es que la escuela sea un lugar donde todos tengan éxito. El modelo convencional, explica Miquel Àngel Alegre, doctor en Sociología por la UAB y jefe de proyectos de la Fundació Bofill, "hace poco para que el alumno sienta suyos los aprendizajes. Es un modelo que expulsa al alumno que no entra en la lógica académica”. En cambio, el modelo competencial "es autorreferencial. No compara entre alumnos, sino que mira la evolución y el potencial de cada uno, dónde está y dónde puede llegar. Es un modelo que se adapta a cada niño y ello se reflejará en la evaluación. Será motivador para todos", subraya Alegre. Un modelo en el que, dice, desaparecerá la figura del "eterno suspendido", con lo que ello implica a nivel de autoestima de los niños. Este experto envía un mensaje de calma a los que no lo ven claro: "Si el método se aplica bien favorecerá a todo el mundo. Evitará la exclusión de cierto alumnado y potenciará las capacidades de cada niño”.

Aprender y transferir

¿Y cómo se enseña y se evalúa el aprendizaje? La idea es aprender a partir de situaciones reales para así asumir esos conocimientos y luego ser capaz de transferirlos a otros contextos. Vuelve Beltran a los ejemplos: "Hay aprendizajes, y los alumnos te lo dicen, que ni entiendes ni sabes para qué sirven. Yo no sé para qué me han servido las integrales que estudié. Pero ahora, si me hubieran dicho 'vamos a diseñar una piscina utilizando integrales', quizás le habría visto el sentido. La clave es aprender para resolver situaciones reales y significativas. Tener la capacidad para aplicar conocimientos, la habilidad para resolver problemas reales".

Pongamos el caso de la lectura de un libro. "Hacer un examen para comprobar si han leído un libro tiene poco sentido. En cambio, tiene más sentido si en clase hablamos sobre ese libro y el alumno elabora una reflexión sobre algún aspecto de ese libro", apunta Betlem Cuesta, coordinadora pedagógica del instituto Les Vinyes de Castellbisbal, uno de los que ya trabajan desde hace años por competencias. Otro caso. En 1º de ESO de Les Vinyes escribieron un atlas de viajes imaginarios. "Se tuvieron que documentar sobre un país y escribir una historia. Eso supone un trabajo de profundizar conocimientos de diferentes ámbitos". Y otra, una obra de teatro sobre el franquismo y la guerra civil. "Para montarla tuvieron que indagar y aprender cosas sobre esta época", explica Cuesta.

El instituto Jaume Cabré de Terrassa ya nació con el sistema competencial. Aquí desde siempre trabajan por grandes proyectos transversales. "En 3º de ESO trabajamos uno de novela negra y ciencia. En 4º, uno de historia y lengua. Y al final cada alumno elabora una creación propia en base a lo aprendido", apunta Maribel Tarrés, directora del centro y una de las impulsoras de la plataforma Canviem el Batxillerat. Las exposiciones orales, donde los alumnos presentan contenidos aprendidos, y las herramientas digitales son otras patas del sistema.

Las notas no importan

¿Y los exámenes? "Son un instrumento más. Los podemos hacer si lo consideramos necesario", apunta Cuesta. Y Beltran abunda en el tema señalando que "hay maneras de demostrar el aprendizaje que no son únicamente los exámenes tradicionales por escrito y, principalmente memorísticos y reproductores. Se trata de generar situaciones o contextos variados para que el alumno demuestre que puede hacer transferencia de lo que ha aprendido". Se puede valorar, por ejemplo, que el alumno con todos los materiales a su alcance, y a partir de lo trabajado en clase, sepa analizar una situación o problema de la vida real, dar su opinión, argumentarla y proponer como resolverla o mejorarla.

¿Dónde quedan las notas aquí? El nuevo modelo contempla las notas a efectos de certificación, pero no de evaluación del aprendizaje del alumno. "Confundimos evaluación con certificación. No se trata de calificar, sino de evaluar. Y se busca personalizar el aprendizaje para cada alumno", apunta Cuesta. En el instituto Les Vinyes lo tienen muy claro: en un proyecto en el que cada alumno presentaba lo que había aprendido al final de curso, "nadie preguntó si eso tenía nota". "Van entendiendo que se trata de aprender y mejorar". Y para calmar ánimos, añade: "No olvidamos las notas. La escuela ha de certificar si un niño ha logrado las competencias".

En la misma línea, Tarrés señala que las notas "no son importantes". "Escribes no para una nota, sino para hacerlo bien. Por eso, en el proceso de aprendizaje, escribes un texto, lo revisas, das pautas, lo vuelves a escribir. Ponemos una nota porque el sistema obliga a acreditarlo, pero nada más. Se trata de poner el foco en el progreso", subraya. Añade que el sistema por competencias posibilita que los niños sean conscientes de dónde han de trabajar más.

Saber imprescindible y saber adquirible

¿Hay menos contenidos? O quizás en los anteriores currículums había demasiados. "Los currículums van muy cargados. Todo el mundo sabe que no se acaban nunca los temarios y que se hace deprisa y corriendo. Hay que dar tiempo a los niños para que aprendan a pensar, a trabajar en equipo", defiende Tarrés. César Coll le da la razón: "Los programas están sobredimensionados y sobrecargados, sobre todo en la ESO. Y en bachillerato ya es la locura". Y plantea una reflexión: "El tema es ¿qué necesitamos que sepan los niños? ¿Todo? No, lo importante. Hay saberes imprescindibles y otros, adquiribles. Hay que darles medios para que sepan dónde tienen que ir a buscar la información. Y los contenidos son importantes y básicos para obtener información".

"¿Menos contenidos de qué? ¿De cosas que puedes buscar por Google? Hay competencias que son muy importantes como las de planificar, analizar, trabajar en equipo, tratar textos, comunicar...", añade Óscar Altide, director del instituto Quatre Cantons de Barcelona.

Cambio difícil

Admiten los consultados que el cambio es grande y no fácil. "Hemos de entender como escuelas y también como sociedad qué significa aprender. Esto implica replantear qué y cómo enseñar. Sabemos que hay prácticas que son más efectivas que otras. El reto será cómo seducir e implicar a los colegios y profesores que aún no han avanzado en esta línea", apunta Beltran. "Costará y será un cambio lento", añade Tarrés.

"Salir de la zona de confort no es fácil. Es una gran responsabilidad y requiere valentía porque es un camino nuevo. Pero nos hemos de situar aquí, la ciencia nos lo confirma", subraya Altide, con años de experiencia ya en la aplicación del modelo competencial.

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Una de las claves de la bondad del sistema la ve Cuesta en sus propios alumnos. "Ahora me preguntan menos para qué sirven lo que estudian. Porque entienden el sentido de lo que están haciendo". Esta profesora defiende la cultura del esfuerzo, pero "un esfuerzo con sentido, no solo para aprobar un examen".

Para que este nuevo modelo funcione, los profesores serán claves. Educació ya está trabajando en formación para que los docentes sepan cómo aplicar los nuevos currículums, aún en fase de borrador. Septiembre está a la vuelta de la esquina. "Vamos un poco justos de tiempo", advierte Alegre.