Informe sobre prostitución

Uno de cada cuatro españoles admite haber sido putero

Es la estadística oficial que recogen varios estudios con los que trabajan las asociaciones que luchan contra la trata y la explotación sexual

Uno de cada cuatro españoles admite haber sido putero
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Rocío Sánchez Rodríguez

Según la definición de la Real Academia Española (RAE), un putero es un hombre que mantiene relaciones sexuales con prostitutas, esto es, que paga por tener sexo con una mujer. La palabra entra en la categoría de adjetivo malsonante. A nivel nacional, es uno de cada cuatro españoles admite haber sido putero alguna vez en la vida. Esa es la estadística oficial que recogen varios estudios con los que trabajan las asociaciones que luchan contra la trata y la explotación sexual. El último informe publicado al respecto es un trabajo conjunto de la Universidad de Valencia y la Miguel Hernández de Elche, el cual avala las mismas cifras. «Podrían ser incluso más porque no todos lo reconocen cuando se les pregunta», sostiene la presidenta de la Asociación de Derechos Humanos de Extremadura (Adhex), Flor Fondón, una de las entidades que trabaja sobre el terreno en la comunidad. 

Y detrás de esa estadística oficial, la realidad. El Periódico de Extremadura ha hablado con dos hombres de distinta edad y generación que han pagado por tener sexo con una mujer. Ninguno de ellos quiere salir del anonimato.

«No me lo planteo» 

«No he contado las veces que lo he hecho. Muchas. 20, 30, quizás más. Nunca voy solo. ¿Que por qué lo hago? Suele ir acompañado de drogas o alcohol. Surge un apetito sexual y no quieres o no puedes ligar; y no tienes pareja. No iría nunca a las seis de la tarde sobrio». El testimonio pertenece a un extremeño de unos 40 años, de clase media y trabajador por cuenta ajena. «Yo no me planteo mucho la situación en la que está la mujer --prosigue--. E incluso a veces pienso que le estoy haciendo un favor porque con los 50 euros que le doy van a comer mañana ella y su hijo. Yo no pienso que le estoy haciendo un mal porque creo que ella lo ha elegido. Yo no me meto en si lo está haciendo obligada o no. Sí creo que si lo hace libremente, aunque por necesidad, le estoy haciendo un bien».

Cuando se le plantea que por qué el anonimato, que por qué cree que la sociedad ve esta situación con malos ojos, responde: «Estamos pasando ciertos límites con el tema del feminismo. Yo insisto en que la prostitución no tiene nada de malo si se ejerce de forma voluntaria. Es como quien quiere vender su móvil por 100 euros porque necesita dinero. El que se aprovecha es el que lo compra pero también el que lo vende porque saca un beneficio que está buscando. Y yo creo que la prostitución es un bien social para la gente que no tiene pareja porque puede evitar violaciones».

El otro testimonio ronda los 70 años: «Para mí era algo práctico, sin prolegómenos. Vas a lo que vas. La sexualidad femenina es distinta a la masculina, y allí era algo fácil», expresa. Y añade: «No piensas mucho en qué situación está la mujer, no te lo planteas, allí no vas a pensar. Y nunca he sentido un ápice de culpabilidad en ningún momento». 

En su caso, ha acudido en varias ocasiones a un club. Iba acompañado de otro hombre que falleció hace un tiempo, desde entonces no ha vuelto. «Yo no he notado nunca que ninguna estuviera sufriendo, si no, no habría podido. Con alguna he hablado de algunas cosas, no es que fuera una amistad, pero sí hemos hablado. Además, para ellas es dinero rápido y fácil».

El análisis 

«Entonces, ¿si no puedo comprar a una mujer la violo por la calle? No solo se justifica la prostitución, sino también la violación. ¿Hay hombres que violan porque no pueden pagarse una prostituta? Lo que nos urge es una educación afectivo-sexual: no podemos ejercer violencia sobre otros. Y debemos dejar claro que tener sexo no es un derecho. Sí tenemos derecho todos a que nuestra sexualidad sea sana», argumenta la socióloga y profesora de la Universidad de Extremadura (Uex) Beatriz Muñoz.

En cuanto a lo que ella define como «el mito de la libre elección», subraya: «Para que una mujer pueda elegir tiene que tener distintas opciones y un conocimiento real de lo que implican cada una de esas opciones». «Porque -continúa- si es un trabajo como otro cualquiera, no tendríamos ningún problema en que nuestras madres o hermanas se dedicaran a ello. La prostitución es una esclavitud condicionada por la miseria».

Muñoz asegura que cuando se dice que detrás de esta realidad lo que hay es machismo y una sociedad patriarcal, «hay que especificarlo bien para que no parezca un lugar común al que recurrir siempre». «El trasfondo es que se confiere a los hombres una mayor libertad en el ámbito sexual mientras que se ha penalizado y constreñido la sexualidad de las mujeres». Además, «el cuerpo de las mujeres se ha conceptualizado para el otro, existe para el otro». La mujer como objeto de deseo, la que da placer; el hombre como sujeto, el que lo recibe. «Esta ha sido una idea que se ha extendido y que se traduce en esa doble moral de santas y putas. Hay mujeres con las que yo voy y pago para hacer con ellas lo que quiera, pero desde luego no con mi mujer ni quiero que mis hijas lo hagan».

Habla igualmente del negocio real detrás de la prostitución: la trata de mujeres. «Hay una investigación muy reconocida de dos economistas radicales noruegos (Niklas Jakobsson y Andreas Kotsadam) que hacen un análisis de cómo está regulada la prostitución en distintos países: la conclusión es que en aquellos más laxos hay un incremento de la trata, del tráfico de mujeres y niñas».

Abolicionismo y feminismo

Esta socióloga, que se define como abolicionista y feminista, pone dos ejemplos para evidenciar el trasfondo que, insiste, hay detrás. El primero es el Mundial de Brasil. Desde la ONU y Unicef lanzaron grandes campañas para pedir a quienes se desplazaran para ver las competiciones deportivas que no participaran del tráfico de mujeres y niñas. «El mismo taxista que te recogía en el aeropuerto te ofrecía el paquete completo».

El otro ejemplo: cuando en Alemania se empezó a regular la prostitución (en 2002, algo más de una década después de la caída del muro de Berlín) se crearon macroburdeles que se llenaron, en su mayoría, de mujeres de países del Este que salían de la Unión Soviética en condiciones de necesidad. «Hay testimonios terribles de una médica alemana de las cosas que vio en los reconocimientos médicos a esas mujeres».

El 'consumo'

El reciente estudio de la Universidad de Valencia y la Miguel Hernández de Elche viene a confirmar de nuevo los datos de consumo que se manejan desde 2003 basados en informes de varias universidades e instituciones (véase gráfico adjunto). El Instituto de la Mujer de Extremadura (Imex) no tiene trabajos propios al respecto.


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En Adhex llevan 23 años poniendo el foco en la situación de las mujeres prostituidas: «No podemos hablar de algo voluntario en ningún caso. Aún no siendo víctimas de la trata (del tráfico, de las mafias, que ya supone el 90% de los casos), sí lo son de la explotación sexual por pobreza extrema, por necesidad, por huida de conflictos... Siempre se encuentran en un contexto de vulnerabilidad que las lleva hasta ahí; no han elegido porque no había otra salida», explica Flor Fondón.

Apunta que la trata ha ido en aumento: «El cambio radical se produjo a finales de los años 90. El perfil de mujer en los años 80 era toxicómana, excluida y española. La globalización trajo los grandes clubs de alterne. España prosperó, hubo grandes eventos como las Olimpiadas de Barcelona, la Expo del 92 de Sevilla y aumentó la demanda. Entonces empezaron a traer mujeres extranjeras. Al principio eran exóticas, pero ahora no están tan cotizadas las nigerianas, por ejemplo; ahora son mujeres jovencitas de Europa del Este o de China».

En cuanto al perfil de putero, Fondón dice que también ha cambiado y ha bajado la edad. Y además hay mucha relación con el consumo de pornografía, muy accesible a través de Internet, donde lo que se exhibe son chicas cada más vez aniñadas y prácticas cada vez más agresivas. «Se ha comprobado en algunas violaciones que salen del piso o del club de alterne y van a la caza de una chica en la calle», asegura la presidenta de Adhex.

¿El perfil económico? 

«Hay de todo: quien puede permitirse pagar 300 euros por un servicio de lujo de hora y media, y a quien por 15 euros le hacen una felación en el parque. Es la ventaja que tiene», ironiza Fondón. ¿Profesiones? «Estaban muy estigmatizados algunos sectores, como los camioneros, pero hay abogados, jueces, médicos, obreros de la construcción...».

El negocio está cambiando en los últimos años porque algunos clubs están cerrando mientras que cada vez hay más pisos donde se ejerce la misma explotación sexual. El modelo de ese club manejado por la trata consiste en que las mujeres adquieren una deuda desde su país de origen que nunca terminan de liquidar porque siempre está creciendo, de manera que viven atrapadas en esa mafia. Hay noches de hasta 15 ‘pases’, como los llaman. El miedo a las palizas y, sobre todo, la amenaza de esa deuda, las mantiene encerradas.

Y ese modus operandi se está trasladando ahora a los pisos, donde las mujeres también van rotando porque los clientes se cansan de ver siempre a las mismas. En esas viviendas de alquiler es más complejo el control policial porque se trata de propiedades privadas donde para llevar a cabo un registro es necesaria una orden judicial previa que lo justifique. «Para nosotras también es más difícil ayudar así a las mujeres». 

La pandemia y el confinamiento 

El covid ha sido un factor más en la vulnerabilidad de estas mujeres. El ejemplo: en septiembre de 2020 la Junta de Extremadura decretó el cierre de los clubs. Se anunció justo el mismo día que se conoció que había un brote de covid en un local de Cáceres, el Pasarón, en la entrada a la ciudad. Pero esta medida dejó a las mujeres en un complejo laberinto. Sin cotización a la Seguridad Social, sin papeles y sin ayudas. Y con la deuda pendiente con sus chulos.

Esta misma semana la consejera de Igualdad y Cooperación para el Desarrollo, Isabel Gil Rosiña, ha recordado el compromiso de la Junta para abolir la prostitución y la trata de seres humanos, por lo que desde Extremadura se tiende la mano al Ministerio de Igualdad para desarrollar una ley que vaya en esa línea. 

Rosiña hizo estas manifestaciones después de reunirse con integrantes de la ONGD Mujeres en Zona de Conflicto (MZC). Esta entidad atendió a lo largo del pasado 2021 a 204 mujeres en contextos de prostitución en Extremadura, de las que 15 eran víctimas o presuntas víctimas de trata con fines de explotación sexual.

Un negocio millonario 

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Lo cierto es que la prostitución es un turbio negocio que mueve mucho dinero: unos 18.000 millones anuales en España. Cuando las mujeres dejan de ser útiles (porque su cuerpo se ha agotado o se han hecho mayores), se cambian por otras. La organización que las ha captado se desprende de ellas. Las abandonan porque ya no interesan. 

La presidenta de Adhex insiste en volver al origen y lo resume así: «El objetivo es que el estigma recaiga en el putero. Que entre hombres no se rían las gracias. Que se señale públicamente. Que se evidencia que es una forma de violencia más. Sin puteros no existiría la prostitución».