Colectivos vulnerables

43.000 familias en pobreza energética reciben la carta que confirma que su deuda está saldada

  • "Esto es como ganar la lotería, me siento como una ciudadana, una persona normal...", cuenta Patricia García, tras recibir la comunicación que le informa de que ya no debe nada a Endesa

Patricia García celebra la llegada de la carta que le condona su deuda con Endesa.

Patricia García celebra la llegada de la carta que le condona su deuda con Endesa. / Anna Mas

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Elisenda Colell
Elisenda Colell

Redactora

Especialista en pobreza, migraciones, dependencia, infancia vulnerable, feminismos y LGTBI

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El martes por la tarde un cartero se pasó por su casa, sin saber que estaba llevando un auténtico regalo de Navidad. Traía una carta que, para Patricia García, ha sido como ganar la lotería. "Me vuelvo a sentir ciudadana, a ser una persona normal. Llevo años sintiéndome de segunda, de vivir con los hombros encogidos", dice entre sollozos. Por fin, ha saldado los 2.500 euros que debe a Endesa por usar la electricidad, después de cortes de luz, pinchazos fraudulentos e inviernos llenos de mantas para evitar más gastos que no podían pagar. Como ella, 43.000 clientes vulnerables están recibiendo estos días la confirmación oficial de la condonación de sus deudas, tras un acuerdo con la Generalitat que costó lágrimas, sangre y sudor. "Después de cinco años de lucha, lo vemos como una victoria", reconoce María Campuzano, portavoz de la Alianza contra la Pobreza Energética (APE). Es una victoria, pero esperan muchas más. Endesa es la única compañía en Catalunya que ha aceptado condonar la deuda y no cobrar la factura a sus clientes vulnerables.

Todo empezó con la crisis inmobiliaria. "Antes... bueno, ganábamos lo que queríamos", cuenta García. Su marido tenía una agencia de viajes y ella un restaurante. Vivían en una casa de Tordera (Maresme) que decidieron ampliar a través de una hipoteca. Y a partir de entonces, la vida maravillosa y de ensueño se truncó. Como a tantos otros. La agencia y el restaurante entraron en quiebra. Con el agravante de que ella, tras intentar vender su negocio, fue víctima de una estafa en 2012. En conclusión, desde entonces Patricia tiene una mochila de más de 100.000 euros en deudas, que logra pagar con un sueldo de 600 euros mensuales con un contrato a tiempo parcial como camarera.

De ahí que Patricia no se sienta ciudadana. No se sienta "persona normal". "No teníamos para pagar la hipoteca, ni para pagar la luz, para nada. Todo eran deudas", cuenta. "Cuando tenía una buena época de suficiente trabajo pagaba alguna factura atrasada, pero pocas veces lo pude hacer", explica. "Hasta que me cortaron el suministro", recuerda. Aquellas épocas en que a los pobres se les cortaba la luz. Su hijo tenía que hacer los deberes con linterna, y se abrigaban con mantas en casa para no gastar. Se quiso separar de su marido pero tampoco pudo. "No tenemos dinero para divorcio", cuenta. De allí que decidiera 'pinchar' la corriente eléctrica. "Claro que me daba miedo, pero no tenía otra. Imagínate lo que es una semana sin luz. Yéndote a casa de tus padres para cocinar, no tener nevera... Fue horroroso", recuerda.

Facturas que seguían llegando

Pero lo de delinquir acabó mal. "Nos pillaron, nos volvieron a cortar la luz y además tuvimos que pagar una multa: más deudas", recuerda. Durante todo este tiempo, García fue usuaria de los Servicios Sociales, pero sus derechos al corriente eléctrico no estaban reconocidos. Su primera alegría llegó en 2015, con la ley de la pobreza energética. "A partir de entonces supe que tendría luz, pero seguía sin poderla pagar", explica. Volvió a las mantas, a la cocina de los padres. A no gastar. Su hijo no pudo terminar los estudios superiores porque no había dinero para pagar el material. Porque, aun tener derecho al corriente, las facturas impagadas venían igual.

No fue hasta este 2021, cuando la empresa y la Generalitat llegaron a un pacto histórico, que Patricia descansó tranquila. Endesa le ha condonado los 2.500 euros de electricidad que debía desde el 2015 hasta el 2020, y a partir de ahora la empresa y las administraciones públicas deben pagar sus facturas al 50%, siempre que siga viviendo bajo el umbral de la pobreza. "Cuando los ves en la tele que lo dicen, en los diarios no te lo acabas de creer del todo. Pero ahora tengo la carta, mi deuda ya no existe", exclama contenta. "Se ha cancelado totalmente la deuda que tenía, ya no tiene esa deuda", dice la carta. Una carta que Patricia ya ha llevado a los servicios sociales de Tordera para celebrar la noticia.

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Parte de esta victoria se consiguió con las recogida de firmas, las manifestaciones y protestas de la Alianza contra la Pobreza Energética, que desde 2014 asesora familias que no pueden pagar los suministros básicos. Pero su lucha, dicen, no ha terminado. "Pensábamos que en cuanto Endesa firmara el convenio, lo harían también el resto de eléctricas. Y no está ocurriendo", se queja María Campuzano, portavoz. Tampoco se está garantizando la instalación de contadores sociales con familias vulnerables que viven en pisos o espacios ocupados, ya que muchas familias no pueden costear la revisión de un electricista para garantizar que la red está en perfecto estado. "Celebramos esta victoria, porque nos ha costado mucho. Pero aún nos queda mucho camino por hacer", admite Campuzano.

También a Patricia le queda por hacer. Cada mes su sueldo se reduce a poco más de 500 euros, tras pagar las deudas acumuladas. Y sabe que, la empresa que se ha hecho cargo de su vivienda y su hipoteca quiere desahuciarla. "Celebramos esto.... pero no se ha acabado. Mi hijo me dice que no me preocupe tanto, que si nos tenemos que ir nos iremos a otro lado... pero a mí me gustaría que toda esta pesadilla acabara". De momento, han acabado las pesadillas de las cartas de Endesa. "Antes, cuando las veía en el buzón, temblaba".