Fin de las barreras

El tráfico en los accesos a Barcelona supera por primera vez los valores previos a la pandemia

Colas en la AP-7, este miércoles, a consecuencia del incendio de un camión en la autopista

Colas en la AP-7, este miércoles, a consecuencia del incendio de un camión en la autopista / Ferran Nadeu

  • La cifra de accidentes se ha reducido y Trànsit recuerda que las autopistas son "infinitamente más seguras" que las carreteras

  • "Como cuando se inaugura una rotonda, el fin de los peajes obligará a reconciliarse con la nueva red viaria", comenta

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

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Las autopistas catalanas se han colado en la cada vez más extensa paleta de asuntos sobre los que hay que tener una opinión propia. Sin tiempo para disfrutar de la gratuidad, la sociedad se afana en discutir la manera de sufragar unas carreteras que, como todas las infraestructuras públicas vinculadas al transporte, no se pagan solas. Más allá del debate sobre lo que debe suceder antes de 2024, subyacen todo tipo de hipótesis y lecturas sobre lo que está sucediendo estos días. Como el colapso en la AP-7 de este miércoles, con casi 20 kilómetros de retención cuyo origen se explica, en buena medida, por el accidente y posterior incendio de un camión a la altura de Sant Cugat. ¿Pero cuánto de lo que suceda a partir de ahora es achacable a la eliminación de las barreras? ¿Se está produciendo un trasvase significativo desde la carretera convencional hacia la autopista ahora libre de pago? Es pronto para alcanzar conclusiones robustas, pero hay un dato revelador: el pasado domingo se superaron por primera vez los registros de tráfico previos al covid.

Los datos y las reflexiones técnicas las aporta Òscar Llatje, coordinador de seguridad viaria y movilidad del Servei Català de Trànsit. Confirma que harán falta más días, incluso semanas, para determinar si se produce ese flujo de una vía a otra. Porque hay muchas variables, dice, que hay que tener en cuenta antes de dar las cosas por seguras. Llama la atención, y eso sí es una cifra objetiva, que el tráfico de acceso al área de Barcelona creciera un 7% el 5 de septiembre entre las 12 horas y la medianoche. La comparativa se hace respecto al domingo homólogo del año 2019, puesto que el 2020, con el coronavirus, no da ni para pipas en materia de analogías viales.

Nunca antes, desde que arrancó la pandemia, un fin de semana había cerrado con números por encima de lo que era habitual antes del coronavirus. Llatje, sin embargo, se muestra cauteloso, insistiendo en que hay "muchos factores que pudieron influir en ese registro". En cuanto a los días laborables, por ahora no se ha identificado un incremento representativo respecto a la época de los peajes, aunque son muchos los usuarios que no opinan igual, sobre todo en las vías que entran o escapan de la capital catalana. Muchos, además, se quejan de que en algunas barreras les sigue sonando el teletac.

Coches pasando por las escasas bocas abiertas del peaje de la C-32 a la altura de Vilassar, este miércoles

/ Jordi Otix

La operación retorno del domingo fue de las de toda la vida. Y un poco más. Pero choca porque la salida de automóviles del viernes 3 de septiembre estuvo en la línea habitual de la pandemia, concretamente un 5% por debajo de 2019. El sábado también dejó valores inferiores a la era precovid. Normalmente, señala el responsable de Trànsit, estamos entre un 8% y un 10% por debajo de los datos de dos años atrás, así que viernes y sábado concuerdan con la tónica, pero el domingo, de ninguna manera. "Es posible -prosigue Llatje- que muchas personas alargaran sus vacaciones hasta ese fin de semana". Otra hipótesis es que mucha gente aprovechara las barreras subidas para un día de ida y vuelta a la playa. Soportaría esta teoría el hecho de que la N-2, según datos de Tránsit, también dobló su volumen de retenciones, o que la C-14, que une la Seu d'Urgell y Salou (Port Aventura...), también sufriera de lo lindo, muy por encima de 2019. En la N-340, en cambio, bajaron a la mitad. Una de cal y otra de arena. Mucha pana por cortar.

Peaje a la ligera

Sobre el grueso de retenciones de las últimas jornadas, Llatje lo compara con el estreno de una rotonda en la entrada de una ciudad cualquiera. "Los primeros días hay pequeños accidentes, aquí pasa lo mismo, la gente tiene que reconciliarse con la nueva red viaria". Basta con pasar por algún peaje con barreras abiertas para darse cuenta de que los usuarios no respetan la velocidad de 30 kilómetros por hora y de que se producen situaciones de cierto riesgo, tanto por parte de coches que van demasiado deprisa como por parte de camiones que quizás se han olvidado de lo justito que pasa su hercúleo vehículo por la zona de control. Sobre las estructuras metálicas, Trànsit admite que se están produciendo embudos y que se está hablando con los propietarios de las vías (Estado y Generalitat) para tratar de solventarlo. "Lo que tampoco se puede hacer es abrir las 18 bocas, ya que entonces el tapón se produce después del peaje".

Barreras recogidas, en el peaje de la C-33 de Mollet del Vallès

/ Ferran Nadeu

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Precisamente los accidentes son otra de las áreas de estudio por parte de Trànsit. El fin de semana anterior se pasó de tres muertos (2019) a uno, un motorista que perdió la vida en la AP-7 a la altura de El Papiol. En cuanto a los heridos graves, los valores se mueven a la baja de cinco a dos. Y los siniestros con víctimas de distinta consideración han decrecido, de 63 a 23. Son cifras que invitan al optimismo, siempre dentro del drama que supone una sola pérdida en la carretera, y que dejan claro que el trasvase de vehículos de la carretera a la autopista es una buena noticia desde el punto de vista de la seguridad vial. "La vía rápida es infinitamente más segura", recalca Llatje, que advierte de "un leve incremento de accidentes en la autopista que compensa la gravedad de los que normalmente se producen en arterias como la N-340".

En resumidas cuentas, aunque no aún hay conclusiones que permitan teorizar, sí parece confirmarse que el fin de los peajes está alterando el metabolismo de las autopistas y de las carreteras. Puede suceder, y sería una ironía sideral, que muchos empiecen a echar de menos pagar por circular por vías rápidas y seguras. Precisamente porque habrán dejado ser rápidas y seguras.

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