'Fact-checking' con Verificat

Es falso que la proteína S de las vacunas pueda contagiarte el covid-19

Vacunación el el Hospital Clinic

Vacunación el el Hospital Clinic / ELISENDA PONS (Delegaciones)

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Verificat

Desde antes de que empezara la campaña masiva para inmunizarnos contra el covid-19, los bulos sobre las vacunas empezaron a circular de forma descontrolada. Este mes, Verificat y EL PERIÓDICO hemos desmentido con infografías rigurosas las principales falsedades que se han difundido. Hoy, terminamos con los mitos sobre la proteína S. 

Ya es una de las proteínas más famosas del mundo. La Spike, o espícula en español, se ha ganado la simpatía y el odio de la humanidad. Por un lado, es la ‘llave’ que ‘abre’ las células cuando el SARS-CoV-2 entra en nuestro cuerpo para inyectar el material genético y replicarse sin parar; por otro, es el ingrediente clave de las vacunas contra el covid-19. 

Que haya sido la elegida entre todas las proteínas que contienen el virus como la base de las vacunas se debe a que es la más antigénica, es decir, que es la que más respuesta inmunitaria despierta de todas las presentas en la famosa corona del SARS-CoV-2. Además, se ha observado que su presencia estimula la creación de anticuerpos neutralizantes, que son los que evitan la unión del virus con las células. 

Pero no hay que olvidar que la proteína S hace posible una infección siempre y cuando haya un virus y un material genético que inocular. De nada vale por sí sola, por mucho que ciertos grupos se hayan dedicado en los últimos meses a asegurar que lo que realmente nos inyectan con la presencia de esta proteína en las vacunas es una “toxina”, la cual acaba circulando libremente por el torrente sanguíneo y atravesando la barrera hematoencefálica, causando daños neurológicos. Eso es falso, así como que se puede transmitir por el aire, que es el origen de los excepcionales casos de trombosis, o que se replica descontroladamente en todo nuestro cuerpo: “La proteína Spike que se produce como resultado de la vacunación con inyecciones a base de ARNm o vectores virales no es soluble, sino que se queda pegada en la membrana celular”, asevera Adelaida Sarukhan, inmunóloga y redactora científica del Instituto de Salud Global (ISGlobal) de Barcelona. 

Además, la inmunóloga insiste en que su producción está “muy localizada en el área de inyección (el brazo) y, como la misma EMA explica, experimentos en ratones muestran que prácticamente no se detecta proteína libre circulante”. O sea que no, las vacunas están pensadas para que la proteína S que se genera tras la inyección en las células de nuestro cuerpo se quede adherida a la membrana celular, y que no pueda escapar, y, por ende, no ser un elemento dañino ni considerarse una toxina. 

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Con todo, las vacunas tienen sus limitaciones. Cuando se habla de eficacia de una vacuna, lo que se está midiendo es la capacidad que tiene para evitar cursar la enfermedad con síntomas graves y evitar la hospitalización, pero no la infección con síntomas leves o asintomáticos, ni tampoco el contagio. Es decir, que las vacunas no están pensadas para evitar que nos infectemos, sino para salvar vidas y evitar muertes.