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A Rosa M. Piñol: 'Rosa, rosa, roja flor'

La periodista Rosa M. Piñol (Barcelona, 1950) desarrolló una larga trayectoria profesional, centrada en la literatura catalana contemporánea

La periodista Rosa Maria Piñol.

La periodista Rosa Maria Piñol. / @ESCRIPTORS

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Rafael Jorba
Rafael Jorba

Periodista. Secretario del comité editorial de EL PERIÓDICO

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La noticia me llegó el domingo por la tarde. Acababa de fallecer Rosa M. Piñol i Soler (Barcelona, 1950), periodista cultural de referencia, especialista en literatura catalana contemporánea. Había hablado con ella por teléfono el miércoles para interesarme por su salud. Mantenía intacto su sentido del humor y la sonrisa con la que salpicaba cada una de sus frases. No quise entenderla: “Esto irá rápido”. Pensé que se refería al tratamiento que se disponía a iniciar esta misma semana. Ahora me percato de que era su manera elegante de despedirse.

Sí, la elegancia, el saber hacer y el saber estar, fueron siempre sus señas de identidad. Los obituarios destacarán su larga y fértil labor profesional y los reconocimientos que cosechó: desde el Premi Atlàntida, otorgado en 1992 por el Gremi d’Editors de Catalunya, hasta el Memorial Pere Rodeja y el Premi Trajectòria de la Setmana del Llibre en Català, que recibió en el 2015, coincidiendo con su jubilación. El mejor premio, sin embargo, es la profunda huella que ha dejado en todos aquellos que la trataron: compañeros de oficio, escritores, editores y libreros.

Rosa Piñol aunaba dos cualidades que no siempre coinciden: profesionalidad y “buen rollo”, en una expresión muy suya. Era capaz de recomendarte la última novedad literaria y de explicarte, acto seguido, el último chiste de su amplio repertorio. Coincidí con ella al inicio y al final de mi paso por las redacciones. En 1975, en ‘Mundo Diario’, donde acogió en las páginas de ‘Catalunya endins’ –primera sección diaria en catalán de la prensa barcelonesa– a los jóvenes corresponsales de comarcas. Y a partir del 2011, en ‘La Vanguardia’, donde formábamos parte del equipo que puso en marcha su edición en catalán.

En este paréntesis, Rosa Piñol desarrolló una dilatada labor como periodista cultural, centrada en la literatura catalana, primero en el diario ‘Avui’ y después en ‘La Vanguardia’. Su catalanidad, de piedra picada, se complementaba con su visión poliédrica de las cosas y su compromiso social, firmemente anclado en los llamados ‘valores republicanos’, en el sentido francés del término, que le transmitió su madre, de ascendencia francesa. Cultivaba la amistad, mimaba a su familia y seguía formándose: cursaba ruso en la Escuela Oficial de Idiomas.

En la hora del adiós, con más de cuatro décadas de vida profesional, la figura de Rosa Piñol se inscribe también en la senda de las mujeres periodistas que rompieron el techo de cristal de un oficio que aún hoy acumula demasiadas dosis de testosterona. Basta con sumergiese en las redes sociales para tomar nota de otra de sus cualidades: su talento profesional y su calidad humana son destacados por escritores, editores y políticos de todas las filias y fobias.

Anteanoche, ante al mazazo que me produjo el anuncio de su muerte, me refugié en un ‘lied’ de Schubert, a partir de un poema de Goethe, en versión de la Coral Sant Jordi: ‘Rosa de bardissa’. “Diu la flor: jo et punxaré / perquè te’n recordis bé”. Todos los que la conocimos recibimos el pinchazo de su ternura: “Rosa, rosa, roja flor, / rosa de bardissa”.

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La ceremonia de despedida de la periodista se celebrará el martes 10 de agosto a las 11.00 horas en el tanatorio de Les Corts de Barcelona.

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