ENTREVISTA

Charo Sádaba: «Quitemos glamur a la tecnología»

"Los padres deben preguntarse si de verdad sus hijos necesitan un móvil", afirma la investigadora de la Universidad de Navarra

Charo Sábada, investigadora del Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra.

Charo Sábada, investigadora del Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra. / Manuel Castells

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Montserrat Baldomà

Para los jóvenes, el móvil es un accesorio permanente, su pantalla estrella y por donde canalizan muchas de sus necesidades. Charo Sádada y Javier García-Manglano, del Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra, han liderado el estudio del Observatorio Social de la Fundación ´la Caixa’ 'De moderados a hiperconectados: seis perfiles de uso del móvil y su impacto en el bienestar personal'.

-Un 35% de los jóvenes, según el estudio, manifiesta signos de falta de control en el uso del móvil.

-Es un dato que llama la atención, algo para fijar la mirada. Quizá no es un dato tan sorprendente si tenemos en cuenta cómo usan el móvil y para qué lo usan, y más en esa franja de edad, de los 18 a los 22 años, que aunque son mayores de edad, aún están asentando sus habilidades de autocontrol. Pero sí es un dato relevante. 

-¿Y preocupante? 

-Una de las novedades del estudio es que lo haremos durante cuatro años seguidos. Esa mirada longitudinal nos dirá si es una actitud que se mantiene. Si dentro de tres años ese dato es igual o crece, entonces sí estaremos ante algo preocupante.

-¿Sospecha que puede ir a más teniendo en cuenta, además, que cada vez tienen móvil a edades más tempranas?

-Sí. Es cierto que la integración del móvil en la vida de los niños es cada vez más temprana, y además se asocia a un uso distinto incluso al de los jóvenes que hoy estamos estudiando. Sin duda el móvil seguirá formando parte de su vida de una manera clave. Pero me temo que en la medida en que este uso se va a hacer más atractivo y más completo quizás nos podamos encontrar con algunos problemas que hoy todavía no detectamos.

-Por ahora ya han visto que tiene efectos sobre su salud mental.

-Sin duda. Aquellos perfiles que hacen un uso más intenso del móvil también declaran mayores niveles de malestar mental, que puede llevar consigo ansiedad, estrés y depresión. El estudio nos dice que hay una relación entre estos dos elementos, lo que no nos dice es cuál es el sentido de la relación. Es una pregunta a la que esperamos dar respuesta al final del estudio. No sabemos si son los que tienen una mayor tendencia a la ansiedad, el estrés o la depresión los que por ese motivo hacen un mayor uso de la tecnología o al revés.

-El móvil no es per se un artefacto perverso, sino que depende del uso que hagamos. ¿Cómo enseñamos a los jóvenes?

-El móvil no es neutro, cada vez se adapta mejor a nuestras rutinas y el diseño facilita su uso. Tiene que ser un esfuerzo de todos y, sin duda, tiene que empezar en la familia. Los padres y madres deben preguntarse si de verdad sus hijos necesitan un móvil a esta edad temprana o lo necesitan ellos para estar tranquilos. Muchas veces ahí cometemos el primer error de juicio. Tienen que hacer el ejercicio de conocer bien a sus hijos y saber si un móvil les va a ayudar o les va a condenar a una determinada pauta de comportamiento.

-¿Y después de los padres?

-Otras esferas educativas. Soy muy fan de que se enseñe que la tecnología tiene otros usos quizá menos atractivos para ellos. Eliminar la tecnología del entorno educativo no es bueno, porque entonces la llevamos a ese reducto que para ellos es más aspiracional y de diversión. Si también sirve para las matemáticas o la historia le puede quitar ese punto de glamur. Y luego la industria tiene también su responsabilidad. Se han hecho movimientos en los últimos años, aplicaciones para controlar tiempos de uso, poner límites. Se trata de que seamos buenos usuarios de la tecnología; no que la tecnología nos use a nosotros.

-¿No será que a veces los adultos tenemos una relación muy similar con el móvil? 

-Sin duda. La tecnología llegó como un tsunami a nuestras vidas y nos vamos adaptando como podemos. Hay una primera tarea que es la reflexión de los adultos sobre el uso que hacemos. Sin ella, no podemos ser buenos ejemplos.

-¿Estamos a tiempo de evitar males mayores? 

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-Tiendo a ser optimista. Estamos a tiempo si nos ponemos ya manos a la obra. Lo que necesitamos es una reflexión que trascienda las aplicaciones concretas, entender qué buscan nuestros hijos en el uso de la tecnología y ver si nosotros podemos ampliar o enriquecer esa solución. Por ejemplo, generando entornos de socialización alternativos a la pantalla. Eso requiere que estemos dispuestos a pagar el coste que tiene disfrutar de las bondades de la tecnología. Hay que invertir tiempo, hacerse las preguntas adecuadas e intentar entender a los hijos.  

Un futuro de oportunidades

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