La desescalada del 9-M

Barcelona se llena de fiestas callejeras para celebrar el fin del estado de alarma

  • Los botellones inundan plazas, avenidas y playas durante la primera noche sin toque de queda

  • La práctica mayoría de los congregados ni lleva mascarilla ni respeta las distancias de seguridad, y entre los asistentes se contaban turistas europeos venidos para la ocasión

Barcelona se llena de fiestas callejeras para celebrar el fin del estado de alarma. / MANU MITRU / VÍDEO: M. MITRU / E. COLELL / M. TUDELA

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Elisenda Colell
Elisenda Colell

Redactora

Especialista en pobreza, migraciones, dependencia, infancia vulnerable, feminismos y LGTBI

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Jamás unas campanadas fueron tan deseadas, tan esperadas ni tan codeadas. Algunos incluso compraron uvas para celebrar la llegada de las 12 de la noche del 9 de mayo, el fin del toque de queda. Cientos de personas llenaron las calles de Barcelona abrazados a botellas de alcohol y a ritmo de música. "Hoy empieza un año nuevo, una nueva era. Se acabó el covid y la pandemia", explicaban decenas de jóvenes (y no tanto) que se concentraron en plazas y avenidas. La policía trató de dispersarlos. En algunos casos lo lograron. En otros fue "misión imposible", según el diagnóstico de un agente de la Guardia Urbana.

Sonaron las 12 de la noche y Barcelona emitió un estruendo. De las azoteas, ventanas y balcones del barrio de Gràcia se oyeron cánticos, gritos, aplausos y silbidos. "Feliz Año Nuevo" gritaban muchos desde los balcones. A los pocos minutos, las plazas se empezaron a llenar. En la del Sol, por ejemplo, un grupo de mujeres entonaron el estribillo de 'Libre' de Nino Bravo. Otros, cerveza en mano, decidieron dar patadas a un muñeco de alambre que representaba el coronavirus. "Claro que es una noche especial, por fin podemos salir a la calle", contaba Sergi, un joven que hizo una fiesta en casa con amigos, se tragó las uvas con las 12 campanadas y acto seguido no dudó en buscar fiesta por la ciudad.

En menos de media hora la plaza de la Virreina se llenó al completo. Confeti, serpentinas, mucho alcohol y cero mascarillas se adueñaron del lugar. Berta, una veinteañera, no dejaba de bailar y sonreír. "Hoy es un día para celebrar", decía. Roger admitía tener "cierto miedo" a contagiarse a pesar de estar en medio del tumulto. "¿Es egoísta? Quizás. Pero hemos perdido un año de nuestras vidas. Solo nos quieren para trabajar pero necesitamos salir a la calle", criticaba Sofía, una joven 23 años que trabaja en una 'start-up'.

"Hemos perdido un año de nuestras vidas. Solo nos quieren para trabajar pero necesitamos salir a la calle"

"Estoy tan emocionada que creo que voy a llorar", confesaba Montse, con la mascarilla bajo la barbilla. "Esto ha sido durísimo, yo necesito salir, conocer a gente nueva y enrollarme con algún desconocido", añadía Montse, una leridana de 26 años, afincada en Gràcia. "Oye, que esto parecía la posguerra, vamos a empezar un año nuevo", se alegraba Carla, otra veinteñera que junto a su grupo de amigos no escondía que a parte de varios vasos cargados de ginebra también había tomado otras sustancias psicotrópicas. En medio del tumulto, Ali Mozzam volvía a vender cervezas por un euro. "Llevo casi tres años en España sin papeles, pero bueno hoy al menos me ganaré 20 euros", contaba el paquistaní que durante estos meses trabaja en obras sin contrato y vive en un piso abarrotado.

"Yo ya paso del covid, ya está bien, nos estamos perdiendo nuestra juventud"

A la 1.45 horas, cerca de 500 personas llenaban el paseo Lluís Companys frente la estupefacta mirada de la policía. "Hoy nos tocará armarnos de paciencia", confesaba un agente de la Urbana. "La gente se piensa que la pandemia se ha acabado...", lamentaba. Lo cierto era que se veía de todo menos mascarillas y distancias de seguridad. "Esta noche es para desfogarse, para celebrar que ya somos libres, que se ha acabado esta dictadura", describía Luca, un joven italiano vestido con peluca azul y una falda de tutú. "¿Te piensas que voy así cada día? Lo de hoy es para enmarcar", contaba. "Parece que el mundo ha terminado y empieza de nuevo esta noche", decía Eleonora, una joven argentina de 28 años que trabaja de camarera en una pizzería. "Es que hoy es el fin de una era, un nuevo empezar", describía María, una estudiante de Bellas Artes venida de Elche. ¿No te da miedo infectarte? "Yo ya paso del covid, ya está bien, nos estamos perdiendo nuestra juventud", relataba.

"Dispérsense y pónganse la mascarilla"

A las dos de la madrugada, la Brigada Móvil de los Mossos irrumpía en el lugar. "Hagan el favor de dispersarse y ponerse la mascarilla", pedía la policía. A regañadientes, insultos y al clamor de "libertad", los fiesteros fueron abandonando el lugar hasta que los antidisturbios los rodearon. En media hora salieron por patas por las callejuelas del Born y el lugar quedó prácticamente vacío a las dos y media de la madrugada.

Ambiente de madrugada en el Born, tras el final del estado de alarma.

/ Manu Mitru

Sin embargo, la fiesta no terminó. A las tres de la madrugada, cerca de 500 personas seguían de fiesta en la plaza dels Àngels, frente al MACBA. Jordi, un chico de 35 años enfundado en un ajustado vestido de lentejuelas y con un gorro de Papá Noel no dejaba de bailar reguetón al ritmo de unos altavoces ajenos. "Celebramos que hoy empieza un año nuevo, sin toque de queda", contaba cubalibre en mano. Otros, como José Luis, iban un poco más allá. "Celebramos que se ha acabado el covid, y propongo que el 9 de mayo sea festivo nacional".

. "Celebramos que se ha acabado el covid, y propongo que el 9 de mayo sea festivo nacional"

También las playas se volvieron a llenar. A las cuatro de la madrugada, más de 300 personas se juntaban en la playa de Sant Sebastiá, en la Barceloneta. "He venido en coche expresamente para este fin de semana. En Francia hay restricciones pero aquí no, se puede salir a la calle. La verdad es que no me esperaba este nivel de fiesta, estoy gratamente sorprendido", contaba Batiste, un técnico de luces venido desde Aviñón. Sin mascarilla, y claramente ebrio, negaba cualquier temor a ser contagiado. "En mi país solo puedes reunirte con otra persona, lo de aquí es impensable", decía sonriente Henry, un joven alemán que también visitó Barcelona aprovechando el fin de las restricciones. "No llevo mascarilla porque estoy vacunado", se defendía.

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"Esto es patético, indignante y ofensivo. Nadie lleva mascarilla y la policía no hace absolutamente nada", se quejaban dos treintañeros, Fran y Diego, en medio del paseo marítimo. Los chicos habían decido dar un paseo por la ciudad aprovechando el fin de las restricciones, pero el espectáculo que vieron en la arena les abochornó. "Se han burlado de mí por llevar mascarilla. Una chica francesa me decía que por qué la llevaba, que la pandemia ha terminado", alucinaba Diego.

Mientras unos no daban crédito, otros, a las 4.30 horas apenas se podían sostener en pie de camino a casa. Al fin, la noche acabó y solo los que no pueden escapar del asfalto, las personas sin hogar, yacían entre los cientos de latas y botellas de alcohol esparcidas como desechos.