ENTREVISTA

Mercè Pérez Salanova: "No debemos tratar a las personas mayores como si fueran niños"

"En una sociedad como la nuestra, donde prima la productividad, la vejez no tiene valor", afirma la doctora en Psicología especializada en envejecimiento

Mercè Pérez Salanova es doctora en psicología, especialista en envejecimiento.

Mercè Pérez Salanova es doctora en psicología, especialista en envejecimiento. / Fundación La Caixa

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Montserrat Baldomà

Doctora en Psicología por la UAB especializada en el envejecimiento e investigadora del Instituto de Gobierno y Políticas Públicas de la misma universidad, Mercè Pérez Salanova ha participado en el webinar “Vivir la vejez en tiempos de covid: una mirada desde las mujeres mayores”, impulsado por Fundación ‘la Caixa’. 

-¿Qué nos ha enseñado la pandemia de la vejez? 

-Ha hecho visible aquello que no veíamos o que no queríamos ver. Nos ha acercado a las residencias de personas mayores, espacios desconocidos para la mayoría en los que vive una parte importante de la población muy mayor que necesita atención y cuidados continuados. Vimos el impacto de la pandemia y las grandes dificultades para afrontar esa situación de excepcionalidad, agravada por la carencia o la escasez de los medios de protección adecuados. Pero, también se han hecho visibles interrogantes respecto a la organización de los servicios y de los cuidados y las posibilidades que ofrecen de vivir con dignidad, y también sobre la vigencia de los derechos cuando las personas necesitan cuidados. Y ahí muchos se han preguntado si de mayores querrían vivir de esa manera.

-¿A qué conclusión llegamos?

 -Esta es la primera observación que podríamos aprender, que tiene dos vertientes: la primera, nos hacemos mayores y, digamos que con suerte, llegaremos a muy mayores y con probabilidad necesitaremos atención y cuidados de forma continuada en algún momento o durante un tiempo. Y la segunda, individual y colectivamente, tenemos la responsabilidad de plantearnos cómo aspiramos a vivir esa etapa de nuestra vida. Aquí hay un obstáculo, previo a la pandemia, que es la dificultad de reconocernos en el viejo o en la vieja que seremos. Pero además las imágenes de la vejez que se nos ofrecieron eran de máxima vulnerabilidad y reiteradamente se presentó a la población mayor como un grupo vulnerable.

-Y no es un grupo homogéneo.

-Esta forma homogénea, uniforme y rígida de mirar y tratar a las personas mayores provoca un efecto negativo muy indeseable. Por una parte, nos impide acercarnos a la singularidad. Pero, además, con esta mirada se va construyendo y perpetúa una discriminación sistémica de las personas mayores. Durante la primera parte de la pandemia, se los estigmatizó pensando que podían ser los portadores del contagio. Y además, en algunos momentos, fueron presentados como personas que no tenían el mismo valor que las personas más jóvenes.

-Pero al mismo tiempo, con la idea de protegerlos ¿fuimos demasiado paternalistas? 

-Esto no ha nacido con la pandemia. La condescendencia y el no reconocimiento de sus competencias y sus capacidades es un trato discriminatorio frecuente. Ese trato provoca muchas veces una reacción de retirada de las personas mayores, de renunciar a su capacidad de decisión y de gobernarse a sí mismas. Ocurre a menudo entre hijos y padres muy mayores produciendo una situación de sobredependencia que los hace sentir menos capaces; lo que resulta todavía más grave cuando sabemos que durante la pandemia cuánta mayor fortaleza subjetiva mejor podían afrontar la situación. Una de las cosas que podemos aprender de la pandemia es comprender los efectos negativos de tratar a las personas mayores como si fueran niños.

-¿Debemos redefinir el concepto de vejez?

-Hay que tener en cuenta tres aspectos. Primero, que el envejecimiento es un proceso largo y con etapas diferentes. Si lo situamos después de la jubilación, que es como todavía solemos entenderlo, uno puede estar más de 30 años con el estatus de persona mayor. Después, entender cómo está concebida socialmente la vejez. En sociedades como la nuestra, donde prima la productividad, la vejez es improductiva, y en consecuencia no tiene valor. Y, en tercer lugar, escuchar qué dicen las propias personas mayores, reconocer sus voces.  

-¿La discriminación de la mujer se agrava en la vejez?

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-Sí, está estudiado. Porque a la discriminación que podemos sufrir las mujeres a lo largo de la vida se añade la de la edad. Hay espacios, conductas, decisiones donde las mujeres lo tienen más complicado. Otra cosa es que lo queramos reconocer. Un ejemplo claro es la invisibilidad de la capacidad de deseo y la erótica femenina durante el envejecimiento. Y, además, la invisibilidad de la mujer como cuidadora principal en muchos hogares se ha agravado durante la pandemia.

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