Debate ecológico

Bitcóin y las criptomonedas consumen más energía que países enteros

  • El creciente uso de criptomonedas y la tecnología Blockchain que las sostiene dispara la preocupación por su impacto climático

  • Los críticos hablan de malgaste energético para fines especulativos y sus defensores aseguran que es más limpio que el actual sistema financiero

El bitcoin se ha revalorizado más del 800% en menos de un año.

El bitcoin se ha revalorizado más del 800% en menos de un año. / Unsplash

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Las criptomonedas están en auge pero también su perjudicial impacto sobre el planeta. Bitcóin, la divisa digital de referencia, consume anualmente tanta energía eléctrica como Argentina o Ucrania (129,93 TWh) y vierte a la atmósfera tanto dióxido de carbono (CO2) como Nueva Zelanda (36,95 Mt). Todo ello para sustentar una incipiente economía virtual que para algunos es un cambio revolucionario y para otros una gran burbuja especulativa. ¿Cuál es ese impacto?

El mundo digital también contamina. Aunque lo que se esconde detrás de nuestras pantallas parece un ente abstracto y lejano, la realidad es que internet se sustenta en gigantescas infraestructuras físicas, cientos de miles de ordenadores trabajando sin descanso. Desde hace años, científicos e investigadores advierten de que ese uso perjudica la salud de la Tierra. Y es que, aunque cada vez más empresas mudan sus servidores hacia energías renovables, el 64% de la electricidad mundial proviene de combustibles fósiles altamente contaminantes como el carbón (38%) y el petróleo y el gas (26%).

Este problema estructural también se reproduce en el mundo de las criptomonedas. En los últimos meses el valor de Bitcóin y Ethereum, las dos principales divisas, se ha disparado en el mercado, generando una mayor atracción que a su vez impulsa esa huella climática. Actualmente Bitcóin acumula un 0,5% del consumo mundial de electricidad, poco más de la mitad que todos los centros de datos mundiales, según un estudio del Centro para la Alternativa Financiera de la Universidad de Cambridge. “Más que cualquier otro método de transacción conocido por la humanidad”, ha señalado Bill Gates como motivo para no invertir en ella. Ese estudio también señala que el 39% de la energía consumida por las criptomonedas proviene de fuentes limpias.

Una tecnología muy pesada

Bitcóin y las otras criptomonedas funcionan gracias a Blockchain, una tecnología que garantiza la privacidad de las transacciones a través de un sistema de encriptación. En lugar de tener un intermediario —como un banco central— que de luz verde a ese movimiento, su modelo alternativo se basa en almacenar datos de la transacción en una red de distintos ordenadores voluntarios, que actúan como verificadores independientes de que cada transacción que se realiza sigue las normas. Eso garantiza una mayor privacidad y evita fraudes pero también requiere de un importante consumo eléctrico.

’Blockchain’: No es fácil de explicar, pero lo hemos conseguido. / Miriam Lázaro / Quality Media

Como el oro, Bitcóin tiene un límite: 21 millones de unidades. Desde 2009, cuando se realizó la primera transacción, cada diez minutos se produce un bloque cifrado con monedas dentro. Los ordenadores deben resolver complejas fórmulas matemáticas para poder extraerlas. Por eso se conoce a los propietarios de esos ordenadores como ‘mineros’. A cambio de ofrecer su infraestructura se les recompensa con esas criptomonedas. Cada bloque contiene 6,25 Bitcóins, que actualmente equivalen a unos 283.522 euros.

Círculo vicioso

El sistema está diseñado para crecer. Cuanto más aumenta el precio de Bitcóin en el mercado más gente se interesa en ‘minar’. Sin embargo, el número de Bitcóins es limitado y cada vez es la dificultad para 'minar' uno es mayor. Hasta 18,5 de los 21 millones de monedas ya han sido extraídas. El aumento de ‘mineros’ hace que el sistema sea más seguro, pero la creciente dificultad por sacar beneficios de la 'minería' los lleva a emplear máquinas con un mayor gasto eléctrico.

“Minar un bloque de Bitcóin es casi como ganar una rifa”, señala Leonardo Bautista, investigador senior del Centro de Supercomputación de Barcelona, que estudia el uso de protocolos alternativos para ese sistema que sigan siendo igual de seguros y más eficientes energéticamente. “La infraestructura que hay detrás del enorme sistema financiero actual consume mucho más, pero es muy difícil de calcular. El consumo de Bitcóin es más directo y, por lo tanto, más fácil de criticar”, remarca.

Mina de criptomonedas de la empresa BitRiver en Bratsk, Rusia

/ Maxim Shemetov (Reuters)

La inmensa mayoría de ‘mineros’ se ubican en China, un 65,08%. Eso, según el citado estudio de Cambridge, se debe a que el gigante asiático ha creado centros de energía hidroeléctrica y de carbón que generan mucho más de lo que necesitan. “Muchos mineros aprovechan y se instalan ahí porque la energía es muy barata y porque utilizan energía que sobra y que sino se desaprovecharía”, explica Bautista. “Eso puede permitir reducir el riesgo de inversión en energía renovable”. La hidroeléctrica es la fuente más utilizada por los mineros (62%), seguida del carbón (38%) y el gas natural (36%). Por detrás están Estados Unidos (7,24%), Rusia (6,9%) y Kazajistán (6,17%).

'Boom' en el arte

En los últimos meses el uso de criptomonedas y Blockchain se ha popularizado en el mundo del arte digital a través de los Tokens No Fungibles (NFT en inglés), una tecnología que permite certificar que una obra es única y, por lo tanto, escasa, lo que dispara su valor de mercado. Su irrupción ha dividido al mundo del arte entre los que lo ven como el motor futuro de su negocio y quienes apuntan a una burbuja de especulación. En ese debate también se ha colado la creciente preocupación por el coste medioambiental de los NFT.

El artista francés Joanie Lemercier vio como todo el gasto energético que había logrado reducir en los últimos años se iba al traste por vender seis obras en Internet. El proceso supuso una emisión de 5.669kg de CO2, una cifra que crecerá cada vez que algún comprador de esas obras decida revenderlas como mecanismo especulativo. Un árbol solo puede ‘reciclar’ 60kg de CO2 durante sus primeros diez años de vida. En diez segundos de venta se consumió más electricidad que todo su estudio en dos años o que un portátil en 80. Otros procesos han sido mucho más costosos, como la venta de dos obras que gastó la misma electricidad que una persona tarda 49 años en consumir.

Lemercier critica que ninguna de las plataformas que agilizan la compraventa de criptoarte ofrecen información transparente a sus usuarios sobre la huella climática que tienen esas transacciones. Una de las plataformas más conocidas, Nifty Gateway, aseguró que trabaja para lanzar en abril un sistema que reduzca un 99% ese impacto medioambiental.

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El artista español Arturo Castro cree que las criptomonedas son un “timo en pirámide” y que su entrada en el mundo del arte es un “caballo de Troya” para darle una “cara amable” al negocio. “La gente que compra obras tan caras lo hace porque tiene mucho dinero invertido en criptomonedas y cuánto más se compra más se revaloriza”, critica. “Los que hacen dinero son las plataformas y los inversores”.

Aún así, ese problema de base seguirá creciendo en los próximos años. El aumento de negocios digitales demandará cada vez más energía. Y, de momento, únicamente un 20% de la que utilizan los centros de datos de todo el mundo proviene de fuentes renovables.